Un cajón de sastre al azar

Un cajón de sastre al azar
Imagen de Anita Smith en Pixabay
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martes, diciembre 27, 2011

Mejores y peores libros del año

He visto esto en varios blogs y me dije: ¿Por qué no hacerlo aquí? Es una idea excelente, así que, aquí vamos. Pero antes, una pequeñísima aclaración: "No soy experta en libros y aunque lo fuera, cada persona es diferente y única, por lo que, lo que para mí, es feo, para otro puede ser bonito. Soy el tipo de lectora que lee de todo, con especial afinidad por: el romance, el drama y los clásicos. Así que, las personas que tienen esos gustos en lectura, es posible que coincidan conmigo en la siguiente lista, aún así, lo mejor es probar por uno mismo"

5 Peores del año:

V de venganza (Novela Gráfica)



Motivo: Esta es una de las excepciones que confirman la regla. La película está mejor que el libro. Y es que, hay una cierta genialidad en la película, en cambio, el cómic deja mucho que desear, lo cual es irónico, considerando cual esta basada en cual.

Pasión (Lauren Kate)



Motivo: El primer libro fue excelente y se convirtió rápido en mi libro favorito, el segundo no estuvo mal, pero tampoco bien y el tercero, bueno... debo decir que se volvió demasiado repetitivo. La autora hace una investigación excelente sobre la historia y todo, pero eso de Luce viaja al pasado, ¡pum! se cambia, ¡pum! encuentra a su antiguo Daniel, ¡pum!... se me hizo cansino después de tantas vidas. Lo dejé aparte y me puse a leer dos libros más, antes de volver con él (para que vean). Sin mencionar que el gran amor de ellos me parece más contacto físico, recuerdos, atracción a primera vista, etc, etc. Esperemos se reinvindique con el cuarto, ya que es el gran final.

Tristán e Isolda (Beroul)



Motivo: Hay dos versiones de esta historia (como pasa en toda leyenda) y creo que el lenguaje altamente anticuado, lo empeoró. Creo que fue culpa del lenguaje o del tono del libro porque la historia es hermosa.

Donde termina el arcoiris (Cecelia Ahern)



Motivo: Esta es la clase de libro donde los protagonistas son unos tontos a los que les das ganas de darles en la cara para que se den cuenta de lo que se pierden. El libro atrapa (sí), me lo leí de un tirón (sí), pero el final lo odié, teniendo en cuenta todo el tiempo desperdiciado y las vidas que echaron a perder por no abrir los ojos.

Caperucita roja, ¿a quién le tienes miedo?



Motivo: Es mejor la película, el libro no está tan mal, pero, creo que es uno de esos libros que solo se leen una vez (no por complejos o complicados o profundos), sino porque, no tengo ganas de volver a leerlo otra vez. Ni siquiera puedo explicar el motivo. Demasiado cliché, quizás. Nada original. Etc.

5 Mejores del año:

El amante maldito (Ronda Thompson)



Motivo: Es gracias a esta saga que me inicié con la lectura de las novelas románticas (digo, eróticas), yo era una inocente que había empezado un libro de amor y de repente, en las primeras 20 páginas me quedé anonadada (es aquí cuando la inocencia se vuelve una maldición) y dije O.o, me devoré la saga en cuestión de una semana. Aún así, para mí, la lectura de este tipo de historias debe ser ocasional, porque mucho dulce empalaga... Los personajes están bien construidos, la acción, las escenas altas (saben de lo que hablo), el final, la traición, etc. Es una novela excelente, nada aburrida y 100% original.

Jane Eyre (Charlotte Bronte)



Motivo: La fuerza interior del personaje, el ambiente curtido de misterio, el amor místico. Este clásico de clásicos es clásico por algo y todo en él, me ha cautivado por completo. Especialmente, mi identificación con el personaje de Jane. Próximo de compra, en cuanto lo encuentre...

Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres (Stiegg Larrson)



Motivo: Personajes muy bien construidos, un misterio clásico con proporciones más grandes, giros sorpresivos, todo esto y más, ofrece la primera parte de Millenium, como siempre, ya había estallado el boom de la obra y yo no sentía esa atracción por ella, hasta que ví el tráiler de la versión americana que harán del primer libro. Lo devoré de un tirón, eso sí, es para mayores de 18+, por alto contenido sexual fuerte (incluso hay BDSM) y tampoco es apto para mentes sensibles a la religión cristiana (no es blasfemo, no crean tampoco...). Aún así, está entre mis mejores lecturas de este año y con mucha razón...

Los juegos del hambre (Suzanne Collins)



Motivo: Otro boom que me atrapó por completo. Para más información, deberían leer mi reseña de la saga, creo que a este le puse 5 estrellas: Universo distópico, miseria humana, gobiernos corruptos, opresión, esperanza, dicotomía de las personas, sospecha, suspense, intriga, amor y ternura. El personaje de Peeta y Katniss son los que más me enamoraron (sobre todo Peeta) y amé cada segundo del libro (unos más que otros), esta muy bien construido y es de no olvidar...

Delirium (Lauren Oliver)



Motivo: Este guarda para mí, un lugar especial. Me enamoró por completo. Cada palabra desde el principio hasta el final. Hay varios clichés, pero son tan naturales que no parecen, el romance va en crescendo y no es amor a primera vista y demencia (por lo menos, así lo leí yo), Alex me encantó por completo y el final me dejó apabullada y al borde de las lágrimas. El crecimiento de la protagonista también me gusta y el hecho de enfrentar y deshacerte del miedo. Número 1, pronto a conseguirlo en mi país (cuando llegue)...

Estos son todos...

¡Un saludo, amigos y amigas! ¡Chao!

viernes, diciembre 23, 2011

Novedad, novedad: Anatomía de la Luna



Intrigas, intrigas, intrigas. Aventurándonos en la oscuridad de algo que no conocemos y lanzando poco a poco las piezas para que nosotros armemos el rompecabezas...

Eso es lo que nos trae el nuevo libro Anatomía de la Luna, ¿se aventuran? Espero que sí, porque yo lo haré.

Anatomía de la Luna




Página en Facebook

Página oficial

Libro completo, próximamente: Descarga en la página a partir del 1 de enero de 2012. El prólogo del libro ya puede hallarse en Facebook (¡aunque me ha dejado más intrigada aún!)

¡Saludos!

jueves, diciembre 22, 2011

Diarios de descarga

Ok, la última vez que hablamos sobre mi buen amigo Frank, era para promocionar su libro final, el conclusivo de la saga Mariposas y Libelúlas. Bueno, después de haber leído toda la saga, el autor ha sacado diarios de los protagonistas de la misma (¡Ay que ver que éxito ha tenido, Ji, ji!). Se los dejo para su disfrute...

El Diario de Otto-Luis F. López Silva



Sinopsis:

Recuerdos. Las vivencias mas importantes no terminan siendo cualquier cosa cuando tu vida es un caos. La historia comenzó con mariposas y libélulas, los secretos, el silencio, la soledad, los sacrificios; todo se juntan en memorias y forman lagunas de recuerdos. Ahora es tiempo de que comparta ciertos segmentos de mi vida…es hora de que parte de mis sentimientos queden al descubierto.

Nota: Para entender El Diario de Otto, te recomendamos leer con anterioridad la Saga Mariposas y Libélulas del autor Luis F. López Silva.

Descarga gratis

El Diario de Frank-Luis F. López Silva



Sinopsis:

¿Existir? ¿Por qué existo? ¿Para que existo? Cuando mi mundo colapsa, es entonces cuando pienso que mi razón de existir es efímera. Ahora se que mi tiempo se detuvo, que fui creado para dejar de existir. Tengo que volver a vivir. Evanna posiblemente tiene sus razones, pero en mi mundo…yo creare las mías. Bienvenido a la ciudad de los secretos.

Nota: Para entender El Diario de Otto, te recomendamos leer con anterioridad la Saga Mariposas y Libélulas del autor Luis F. López Silva.

Descarga gratis

El Diario de Yesenia-Luis F. López Silva



Sinopsis:

Despierto. ¿Dónde me encuentro? Recuerdos inunda mi mente, almas, mariposas, libélulas. Todo mi mundo colapsó en un instante. Mi corazón late por amor, pero a la vez duele de amargura. Vida, muerte, alma, todo se desvanece. Seguramente estoy a punto de desmoronarme. Una imagen cruza fugaz por mi mente; un valle, una pelea, dolor, destrucción… Frank. Recuerdo momentáneamente entonces que todo ha terminado.

Descarga gratis

¡Un saludo!

miércoles, diciembre 21, 2011

Reseña: Los juegos del hambre (La Trilogía).

Estoy muy segura que a estas alturas, casi todos en la blogosfera han leído este libro. Sin embargo, y a pesar de leer buenas críticas de él por toda la Internet, solo lo leí cuando lo sentí (ya saben, esa sensación única, cuando el libro te llama y tú le respondes, casi como si fuera atracción animal, ^_^), ¡cosa increíble!, les dejo mi reseña.



Sinopsis:

Panem está localizado en la antigua América, donde el viejo gobierno diezmó los recursos y a la población con su avaricia (típico y realista), el gobierno actual, El Capitolio, gobierna sobre todo Panem, dividiéndolo en trece distritos, hasta los Días Oscuros, cuando, hartos de la explotación, los distritos se rebelaron. Fue entonces, cuando el Capitolio, destruyó el distrito 13 e instituyó Los Juegos del Hambre. Un evento televisado donde 2 contrincantes de cada distrito (un chico y una chica) de entre 12 y 18 años, deben luchar en un ambiente hóstil, en una masacre, hasta que solo uno sobreviva.

Setenta y cuatro años después del primer Juego, llega el día de la Cosecha (cuando seleccionan a los niños) al Distrito 12, donde sale el nombre de Prim, hermana de la intrépida Katniss, la cual, por sostener a su familia, está dispuesta a todo. Al ver a su hermana de 12 años, dirigirse a la muerte, Katniss toma su lugar y la historia comienza...

Opinión personal:

Primer libro



En primera instancia, no sabría decir porque me atrajo el libro. Quizás sea que casi todo el mundo lo ha leído, que casi todo el mundo ha hablado bien de él y que se aproxima la película, que en cuanto ví el tráiler, la agregue a la lista de películas que veré en 2012 (¡por lo visto, solo en el cine, voy a pasar!).

El inicio es la introducción perfecta a este mundo. No recuerdo muy bien, pero creo que toca tu sensibilidad al hablar de tanta miseria, desgracia e injusticia (sobretodo a aquellos corazones idealistas), nos explica los Días Oscuros, la Cosecha, Los Juegos del Hambre y todas esas cosas.

La narración desde el punto de vista de la protagonista, también es excelente, ya que, deja vacíos que llegan a ser sorpresa y llegas a meterte en la historia, desde su cabeza.

Sobre los personajes debo decir que me identifiqué mucho con Katniss, es fácil de decir, ella se ha puesto capas y capas de escudos para protegerse. Sobretodo de la decepción, del dolor, del miedo. Saca fuerzas de donde ya no tiene, todo por voluntad. Y hace lo que sea que cree que es correcto.

En cuando a Peeta, debo decir que me enamoró, aún ahora estoy sonriendo y es que, me recuerda mucho a una persona muy especial para mí. Peeta es romántico, idealista - realista, amable, compasivo, agradable, protector, decidido. Es todo eso y más. Es uno de los mejores personajes de la saga. Aunque debo decir que casi todos están muy bien perfilados. Él, llega a meterse en tu corazón, para luego, llenarlo y no poder salir. ¡Es increíble! Y hay escenas donde me dió mucha ternura, como la escena donde Katniss lo encuentra, hasta la cueva, en esos momentos me daba entre risa y ternura, incluso, tuve la tentación de meterme en las páginas, solo para cumplir su deseo (Espero sepan de qué hablo).

Gale, no es por nada, pero no me convence. Es decir... no, no me convence, no voy a hacer spoiler.

El primer libro te suele dejar con la boca abierta en varias partes, porque no es un cliché, sino que, relata cosas que tú en verdad, no esperas que sucedan. Hay escenas, tristes, sangrientas, enternecedoras, es como la vida. Pasa de todo y siempre inesperado...

Puntuación:




Segundo libro



La continuación se alarga más en lo referente a Katniss, Petta, Gale, su mundo, etc. Los Juegos del Hambre se vuelven más interesantes, pero transcurren demasiado pronto y me parece que fue demasiado apresurado. Peeta vuelve a enternecernos con su amor incondicional y el libro vuelve a sorprender.

Sin embargo, la trama empieza en crescendo, para después dejarte helado con el final. Ni 5 segundos después de haber terminado el segundo libro, ya estaba leyendo el tercero.

A pesar de ser muy bueno, es menos genial que el segundo y me parece que es más una transición para el gran final.




Tercer libro



Sorpresas y giros inesperados. Por la mitad del libro, pensé que Gale no tenía oportunidad. Traumas, bodas, pero sobre todo. La inestabilidad de la protagonista llegó a ser muy cansado para mí (No me odien). Aún así, estaba demasiado enganchada como para soltarlo.

Debo admitir que es un final excelente, pero en este caso, seguir a Katniss no fue la mejor opción: parecía estar tumbando y chocando contra las paredes, en la mitad de todo. Imagino que así es, cuando quieres recuperarte.




Se despide de ustedes...

martes, diciembre 13, 2011

NOVEDADES

Buenas noches queridos lectores y amigos, hoy vengo con algunas sorpresas para el blog.  Primero les hablare de un libro que empece a leer esta mañana y el cual me tiene atrapado leyéndolo. luego les dejare una canción que en lo personal me encanta y por ultimo les dejare un link donde pueden ver un capitulo de los SIMPSONS.


LIBRO QUE ESTOY LEYENDO:

El libro que me encuentro leyendo se llama Thirteen Reasons Why (por trece razones en español)

LIBRO: POR TRECE RAZONES

AUTOR: JAY ASHER

SINOPSIS:
  
Por trece razones un conmovedor relato sobre la necesidad de la verdadera amistad.

Clay Jensen es un adolescente como cualquier otro que encuentra una misteriosos caja sin remitente dirigida a su nombre. El contenido no es otro que una serie de cintas de grabación que parece haberle enviado Hannah, una compañera de clase que no hace ni dos semanas que se ha suicidado. A pesar del desconcierto que supone volver a oír la voz de Hannah, Clay descubrirá que él es una de las trece personas escogidas para escuchar su historia, en la que se detallan las trece razones por las cuales ha decidido poner fin a su vida.
TOMADO DE  lecturalia

2) Esta canción me encanta y es que habla sobre una importante cosa, si el de celebrar y vivir nuestras vidas razón por la cual me encanta, y espero la disfruten.




y por ultimo el link donde pueden ver un capitulo de los Simpsons y que habla sobre los libros.



LINK AQUI


jueves, diciembre 01, 2011

Cuándo no regalar un libro



Gabriella Campbell el 30 de noviembre de 2011

Ahora que se acercan las Navidades (algo que la televisión, Internet y demás medios llevan asegurándonos desde finales de septiembre), aparece la perentoria necesidad del consumo para los demás. El regalo, ese enemigo atroz, surge de entre la neblina de nuestro reposo para empujarnos hacia terrenos ya conocidos (y temibles) de obligación, correspondencia e incomodidad. Y por supuesto, como somos lectores, y nos gusta leer (o eso doy por sentado, teniendo en cuenta el nombre de esta página web), lo primero que se nos viene a la mente es “voy a regalar un libro”.

Regalar un libro parte de la premisa siempre peligrosa del regalo, esa premisa clásica de “como me gusta a mí, a ti te gustará más”. Una lástima que no siempre sea así, ya que nuestra afición por los libros no tiene por qué imponerse sobre personas que, tal vez, no tengan el mismo interés por la palabra escrita. Y aunque lo tuvieran, ¿qué nos garantiza que nuestros gustos coincidan con los suyos? Además, hoy en día surge una dificultad extra… ¿debo regalar en papel, o en formato electrónico? Regalar un mamotreto de mil páginas a alguien que se duerme con su e-reader en brazos tal vez no sea una elección sensata; del mismo modo que determinados géneros (jardinería, esoterismo, cría de perros) no tienen por qué ser los más adecuados para nuestros amigos, conocidos y familiares, por mucho que a nosotros nos apasionen. Tal vez tendríamos que tener en cuenta algunas reglas básicas.

En primer lugar, huyamos de los libros de autoayuda. Es posible que El secreto haya cambiado tu vida, pero regalarle a una persona enferma una obra que asegura que manifestamos aquello que deseamos (incluidas desgracias personales y enfermedades) probablemente no sea una decisión acertada. El momento personal que atravesamos es único e intransferible, ese libro mágico que ha marcado tu existencia no es, necesariamente, vital para otra persona (y evitemos, como lava ardiendo, cualquier obra con el más mínimo matiz religioso o político). Tampoco es recomendable regalar libros a estudiantes universitarios o de oposiciones, siempre cabe la posibilidad de que tu presente les haga recordar el escaso tiempo del que disponen para leer obras que realmente les apetezcan, más allá de la bibliografía, obligatoria e interminable, de su carrera. El libro puede también causar auténticos desastres en el ámbito de la pareja, aquello que para uno de los dos puede ser romántico, trascendente e inolvidable, para el otro puede ser empalagoso, trivial y aburrido, llevando a desencuentros nada deseables. Por otro lado, en el complicado mundo del libro-regalo existen dos destinatarios de pesadilla: el que lo ha leído todo (y lo tiene en diferentes ediciones, llegando a sentirse insultado porque la tuya es de bolsillo y con una traducción nefasta); y el que no lee nada, nunca. En todos los casos el regalo debe implicar, siempre, que uno ha dedicado un mínimo de tiempo a pensar qué podría interesarle al que recibe, por lo que el libro refleja, casi tanto como otros regalos complejos como la música o el perfume, una decisión elaborada acerca del gusto de la otra persona. En resumen, regalar un libro es regalar cultura, regalar una aventura, regalar un sueño. Pero también es exponerse al desastre, a la ofensa, a la humillación. Regalemos libros por Navidad, sí; pero no cualquier libro: regalemos la obra perfecta para esa persona. Y si no, siempre nos quedarán los bombones.

Fuente: Lecturalia

domingo, noviembre 27, 2011

Premios para el blog...

Este premio es otorgado por Taly del blog Moonlight Vampire, muchas gracias, en nombre del equipo de Biblioteca de Alejandría, por el premio:



Asimismo, nos ha dado permiso de tomar todos los premios que queramos, así que, me tomaré la libertad de hacerlo, en nombre de todo el equipo, ¡será divertido!

Premio Superwoman

Porque en estos tiempos modernos, ser mujer ya no es lo de antes...



Gracias por estos premios, por falta de tiempo (muchas cosas que finalizar), no ponemos los otros... ¡Muchas gracias!

¡Saludos!




P.S. Mis disculpas, que por estos días, no ando en mis cinco sentidos. Nomino a todos los seguidores del blog, que posean un blog propio, para los premios de esta entrada. ¡Felicidades a todos!

¡Un saludo!

miércoles, noviembre 23, 2011

Jane Austen… ¿asesinada?

Gabriella Campbell el 23 de noviembre de 2011



Nota: Esta es una noticia (promoción, sospecha, que sé yo) de lo más impactadísima que me ha dejado, por lo que, ni lo he pensado para postearla, a ver que les parece...

Mucho se ha teorizado sobre la temprana muerte de la escritora inglesa Jane Austen, allá por 1817. Algunos aseguran que se trataba de algún tipo de cáncer, de la enfermedad de Addison o incluso de lupus. Austen murió con 41 años, una edad joven incluso para la época, y mucho se ha escrito sobre las posibles razones de su fallecimiento. Ha sido la autora Lindsay Ashford, conocida por sus novelas de corte policiaco, quien ha ofrecido una muy convincente hipótesis al respecto: el arsénico.

Ashford, que se mudó al pueblo de Austen, Chawton, hace ya tres años, ha estado inspirándose en la casa del hermano de Jane, Edward, para escribir su última novela, una obra de suspense basada en la muerte de la escritora. Leyendo las cartas de Jane, Ashford descubrió un dato interesante. Austen escribe “ I am considerably better now and am recovering my looks a little, which have been bad enough, black and white and every wrong colour” (Ahora me encuentro bastante mejor y empiezo a recuperar mi color, que ha estado muy mal, negro y blanco y todo tipo de tonos erróneos). Esto sugiere que la escritora tenía manchas negras y blancas en la piel, un síntoma del envenenamiento por arsénico. Ashford siguió investigando, y descubrió que una pareja estadounidense que había comprado un mechón de pelo perteneciente a Austen, en una subasta en 1948, lo había llevado a un laboratorio para analizar, y que allí habían encontrado restos de arsénico. El oficio de Asford de novelista de género negro le daba una ventaja que otros autores no tenían: un amplio conocimiento de criminología que le había llevado a descubrir estas pistas hasta ahora ocultas, como ha explicado al periódico inglés The Guardian en una entrevista reciente.

Aunque Ashford sugiere el homicidio por envenenamiento, y esto es precisamente de lo que versa su nueva novela, asegura que no es lo más probable. Caben más posibilidades de que Austen estuviera tomando algún medicamento que contuviera arsénico, como la famosa “Solución Fowler”, que se utilizaba para casi todo, incluido el reumatismo, dolencia de la que Austen sufría. La muerte por arsénico era algo habitual en pacientes que utilizaban este tipo de remedios, en una época en la que dicho elemento no se podía encontrar en un análisis forense. Pero parece ser que el asesinato utilizando este método era también bastante común, debido a la imposibilidad de determinar las causas de la muerte. Ashford asegura que para conocer la verdad sería necesario exhumar y examinar el cadáver, algo que levantaría más que ampollas entre los fans de la escritora decimonónica; por ahora nos encontramos con una hipótesis con cierto fundamento, la de la muerte de la escritora por arsénico; lo que no tenemos manera de saber es cómo le fue administrado. Tal vez no sea mala idea esto de poner a escritores de thrillers policiacos a estudiar extrañas muertes de escritores, quién sabe lo que podrían descubrir, sobre todo teniendo en cuenta las sospechosas circunstancias en las que murieron autores como Edgar Allan Poe o Máximo Gorki.

Fuente: Lecturalia

miércoles, noviembre 16, 2011

Y usted, ¿vive de esto?



Eva Díaz Pérez | Sevilla

Fueron burócratas, carteros, camareros, empleados de banca, contrabandistas de opio, diplomáticos, aviadores, acróbatas e incluso cazadores de ballenas en el Ártico. Y, en sus ratos libres, escribían obras maestras. ¿A qué se dedicaba Apollinaire? ¿Cómo sobrevivía Maximo Gorki? ¿Qué trabajo permitía a Georges Perec dedicarse a la literatura?

La escritora italiana Daria Galateria se dio cuenta un día de que en la biografía de los grandes autores había un lado secreto, desconocido y a veces un punto extravagante: sus trabajos alimenticios. Así que decidió recopilar en un curioso inventario el oficio al que se habían dedicado personajes como Jack London, Bohumil Habral, Bulgakov o Faulkner. El resultado fue 'Trabajos forzados. Los otros oficios de los escritores', un libro muy celebrado en Italia y que ahora publica por primera vez en castellano la editorial Impedimenta con traducción del escritor aragonés Félix Romeo.

En esta perspectiva inédita del mundo literario, la autora indaga en las tareas a las que se dedicaron autores como Maxim Gorki que empezó a trabajar desde niño como descargador en el Volga. Luego fue pinche, fogonero, pescador, panadero. Sin embargo, bastó que uno de sus cuentos tuviera éxito para que comenzara a colaborar en varios periódicos y tuviera que escribir dos artículos al día. Curiosamente, Gorki confesaba que ese "trabajo esclavo" lo agotaba.

Esta naturaleza vampírica de la literatura frente a los oficios puramente alimenticios la 'sufrió' también Jack London, quien, en 1897, durante la fiebre del oro, desembarcó en Klondike, trabajó duramente e incluso vivió en una cabaña abandonada rodeado de lobos. Claro que cuando se dedicaba a la escritura se quejaba de intensos e insoportables dolores de espalda.

Esta consideración de la escritura como la más agotadora de las tareas también nubló a Charles Bukowski que trabajó disciplinadamente durante 14 años como cartero, pero que "cuando le dieron un sueldo por escribir, se quedó paralizado por el terror toda una semana".

Para muchos escritores, trabajar en algo que no tuviera que ver con la literatura les permitía tener libertad, ya que su medio de vida no dependía de lo que escribieran. Es lo que pensaba Voltaire que argumentaba que era imposible ocuparse de la cultura sin una buena base económica. Del mismo parecer era Georges Perec que no abandonó su empleo subalterno de documentalista en un laboratorio médico. "Pensaba que era peor depender de la escritura para vivir -peor para la escritura-. Cuarenta horas a la semana, y después era libre para crear lo que le pareciera", explica Daria Galateria.

Desde los míticos funcionarios, como el burócrata Kafka, a Eliot ejerciendo de empleado de banca que "trabajaba en un sótano, inclinado, como un pájaro negro en un comedero", este inventario de oficios aburridos o extremadamente extravagantes se detiene en la historia del checo Bohumil Habral que cuando llegó el socialismo real a Checoslovaquia tuvo que convertirse en obrero no cualificado porque los profesores y artistas fueron degradados. "Habral trabajó en las acerías y casi perdió la vida en el empeño", apunta Galateria.

Hubo emprendedores como la novelista francesa Colette que en 1932, ya con 60 años, montó un instituto de belleza financiado por la princesa de Polignac y por el bajá Al-Glawi, contando además con el apoyo del ministro Andrés Maginot, el de la línea defensiva de entreguerras. Entre polvos y cremas, la autora de la exitosa serie de novelas de Claudine se movía como pez en el agua incluso aportando detalles de su célebre personaje para diversos perfumes y lociones. Lástima que el negocio fracasara.

También hay una larga lista de médicos como Mijail Bulgakov, que se enganchó a la morfina, o el austriaco Arthur Schnitzler que alternaba su oficio con la escritura y con la vida social, ya que era muy aficionado a los bailes. Ese mundo burgués 'fin de siècle' de la Viena del decadente imperio austrohúngaro aportó no pocos argumentos al autor de 'El teniente Gustl' o 'La señorita Else'. En febrero de 1881 anota en su diario: "Bailo con más pasión que nunca. En casa a las seis. Poco después he ido a la sala anatómica a hacer la autopsia de una joven. Estoy confuso".

Fuente: El Mundo.es

Comentario personal:

Todos sabemos que de la literatura, solo unos pocos viven de ella. El resto de nosotros, debemos escribir en nuestros ratos libres, haciendo sacrificios, y compaginando nuestras actividades, universidad/escuela, trabajo con ella. Creo que infunde ánimo el hecho de que, no somos los primeros al atravesar por esto y tampoco, quizás, seremos los últimos...

Premio Tomatoe



Gracias a Frank López del blog Vida a colores, por el premio.

Para entregarlo debes de contestar la siguiente pregunta:

-Si un tomate te hablara, ¿Que le dirías?

R/ Pues no le diría nada, porque me moriría del susto de verlo hablar.

Blogs ganadores del premio:


Welcome to Pinkiland

La pluma del ángel caído

MoonlightVampire

¡Un saludo!

domingo, octubre 30, 2011

Biblioteca de Alejandría está de luto.



El equipo Biblioteca de Alejandría, desea expresar su más sentido pésame a la familia doliente de Bárbara Jiménez (mejor conocida como Barby), del blog La magia de los libros.

Yo era seguidora de su blog, no sabría decir desde hace cuánto tiempo y a pesar de no haberla conocido en persona, puedo ver que, como muchas de las blogueras en Internet, era una apasionada por los libros, soñadora y me atrevo a decir (por la decoración de su blog) que era romántica como muchas de nosotras lo somos.

Llega a mí la reflexión de que en las últimas semanas he visto a mucha gente irse, personas que no deberían haberse ido. Es entonces, cuando más me convenzo de que la muerte no es natural al ser humano.

Como dice la Biblia, algún día, Jesús nos llamará y todos nos levantaremos, a una vida mejor. Tengo fe en eso.

Por este motivo, Biblioteca de Alejandría cierra sus puertas durante todo un día y se reabrirá hasta mañana a esta misma hora (en los diferentes países serán diferentes horas, por supuesto; se tomará la hora de mi país como referencia, es decir de 5 pm de hoy a 5 pm de mañana - hora de El Salvador en Centroamérica.)




Les enviamos nuestras condolencias...

Firma,




(A nombre de todo el Equipo del blog Biblioteca de Alejandría: Robin Hannigan, Allosaurus y su servidora)

Premio pepinillo para el blog...

Otorgado por Azalea de El baúl de los secretos, ¡Muchas gracias, de parte de todo el equipo!, ¡Gracias!



1- Si pudieras vivir dentro de una película, ¿cuál elegirías?
Creo que sería "Orgullo y Prejuicio", pero la versión del 2005, con Mathew McFayden y me encantaría ser Elizabeth.

2- Sales de la ducha, ¿te entretienes dibujando en el espejo empañado? ¿El qué?
Mi espejo no se empaña cuando me baño, porque está afuera del cuarto de baño.

3- Que hacías la ultima vez cuando tus compañeros te pidieron que abortaras en esa situación?
Es una pregunta extraña.

4- Que cosas aburridas o extravagantes te gusta coleccionar?
Me gusta coleccionar cosas bonitas, cosas que personas me han dado como recuerdo, desde envoltorios de dulce hasta vejigas desinfladas y me gusta coleccionar cosas lindas que sirven para escribir, como lápices, lapiceros, colores, reglas, papeles, libretas, etc.

5- Que tipo de ropa interior usas?
Prefiero elegir no contestar esto...

6- ¿En que momento del sueño te despertaste y te molesto tanto que intentaste volver a dormir para seguir soñando lo mismo?
Sé que me ha pasado, y creo que era cuando yo estaba platicando con Bill Kaulitz, me enfadé tanto por despertar, que me volví a dormir, pero no fue el sueño igual...

- Blogs nominados:

Nadia de Viento solar
Belisama de El gato del baúl
Romina de Libros perdidos
Lady Jane del blog Más allá del amor
Allosaurus de Cosas de la vida

¡Un saludo a todos!

viernes, octubre 28, 2011

Luces antiguas (Algernon Blackwood)

Este cuento es de lo más bizarro, leerlo con cuidado...



Desde Southwater, donde se apeó del tren, el camino iba derecho hacia poniente. Eso lo sabía; por lo demás, confiaba en la suerte, ya que era uno de esos andariegos impenitentes a los que no les gusta preguntar. Tenía ese instinto, y generalmente le funcionaba bastante bien. «Una milla o así en dirección oeste por el camino arenoso, hasta llegar a un paso de cerca a la derecha; desde ahí cruza a campo traviesa. Verá el edificio rojo justo delante de usted.» Echó una mirada, otra vez, a las instrucciones de la postal, y otra vez trató de descifrar la frase borrada..., en vano. Había sido tachada con tanto cuidado que no quedaba una sola palabra legible. Las frases tachadas en una carta son siempre fascinantes. Se preguntó qué sería lo que había tenido que borrar con tanto cuidado.
La tarde era tormentosa, con un ventarrón que venía aullando del mar y barría los bosques de Sussex. Unas nubes pesadas, de bordes redondos y apelmazados, entrechocaban en los espacios abiertos del cielo azul. A lo lejos, la línea de lomas recorría el horizonte como una ola inminente. Chanctonbury Ring parecía surcar su cresta como un barco veloz con el casco inclinado por el viento de popa. Se quitó el sombrero y avivó el paso, aspirando con placer y satisfacción grandes bocanadas de aire. El camino estaba desierto: no se veían bicicletas, automóviles, o caballos; ni siquiera un carro de mercancías o un simple viandante. De todos modos, no habría preguntado el camino. Con la mirada atenta a la aparición del paso de cerca, caminaba pesadamente, mientras el viento le sacudía la capa contra la cara y rizaba los charcos azules del camino amarillento. Los árboles mostraban el blanco envés de sus hojas. Los helechos, la yerba nueva y alta, se inclinaban en una única dirección. El día estaba lleno de vida, y había animación y movimiento en todas partes. Y para un agrimensor de Croydon recién llegado de su oficina, esto era como unas vacaciones en el mar.

Era un día de aventuras, y su corazón se elevaba para unirse al talante de la Naturaleza. Su paraguas con aro de plata debía haber sido una espada; y sus zapatos marrones, botas altas con espuelas en los talones. ¿Dónde se ocultaba el Castillo encantado y la Princesa de cabellos dorados como el sol? Su caballo...

De repente apareció a la vista el paso de cerca, y se frustró la aventura en embrión. Otra vez volvió a aprisionarle su ropa de diario. Era agrimensor, de edad madura, con un sueldo de tres libras a la semana, y venía de Croydon a estudiar los cambios que un cliente pensaba hacer en un bosque..., algo que proporcionase una mejor vista desde la ventana de su comedor. Al otro lado del campo, a una milla de distancia quizá, vio centellear al sol el rojo edificio, y mientras descansaba un instante en el paso de cerca para recobrar aliento, se puso a observar un bosquecillo de robles y abedules que quedaba a su derecha. «¡Ajá! -se dijo-; así que ésta debe de ser la arboleda que quiere talar para mejorar la perspectiva, ¿eh? Vamos a echarle una ojeada.» Había una valla, desde luego; pero tenía también un sendero tentador. «No soy un intruso -se dijo-: esto forma parte de mi trabajo.» Saltó dificultosamente por encima de la portilla y se internó entre los árboles. Una pequeña vuelta le llevaría al campo otra vez.

Pero en el instante en que cruzó los primeros árboles dejó de aullar el viento y una quietud se apoderó del mundo. Tan espesa era la vegetación que el sol penetraba sólo en forma de manchas aisladas. El aire era pesado. Se enjugó la frente y se puso su sombrero de fieltro verde; pero una rama baja se lo volvió a quitar en seguida de un golpe; y al inclinarse, se enderezó una cimbreante ramita que había doblado y le dio en la cara. Había flores a ambos bordes del pequeño sendero; de vez en cuando se abría un claro a uno u otro lado; los helechos se curvaban en los rincones húmedos, y era dulce y rico el olor a tierra y a follaje. Hacía más fresco aquí. «Qué bosquecillo más encantador», pensó, bajando hacia un pequeño calvero donde el sol aleteaba como una multitud de mariposas plateadas. ¡Cómo danzaba y palpitaba y revoloteaba! Se puso una flor azul oscuro en el ojal. Nuevamente, al incorporarse, le quitó el sombrero de un golpe una rama de roble, derribándoselo por delante de los ojos. Esta vez no se lo volvió a poner. Balanceando el paraguas, prosiguió su camino con la cabeza descubierta, silbando sonoramente. Pero el espesor de los árboles animaba poco a silbar; y parecieron enfriarse algo su alegría y su ánimo. De repente, se dio cuenta de que caminaba con cautela. La quietud del bosque era de lo más singular.

Hubo un susurro entre los helechos y las hojas; algo saltó de repente al sendero, a unas diez yardas de él, se detuvo un instante, irguiendo la cabeza ladeada para mirar, y luego se zambulló otra vez en la maleza a la velocidad de una sombra. Se sobresaltó como un niño miedoso, y un segundo después se rió de que un mero faisán lo hubiese asustado. Oyó un traqueteo de ruedas a lo lejos, en el camino; y, sin saber por qué, le resultó grato ese ruido. «El carro del viejo carnicero», se dijo... Entonces se dio cuenta de que iba en dirección equivocada y que, no sabía cómo, había dado media vuelta. Porque el camino debía quedar detrás de él, no delante.

Conque se metió apresuradamente por otro estrecho claro que se perdía en el verdor que tenía a su derecha. «Esta es la dirección, por supuesto -se dijo-; me han debido de despistar los árboles...» y de repente descubrió que estaba junto a la portilla que había saltado para entrar. Había estado andando en círculo. La sorpresa, aquí, se convirtió casi en desconcierto: vio a un hombre vestido de verde pardo como los guardabosques, apoyado en la valla, dándose pequeños azotes en la pierna con una fusta. «Voy a casa del señor Lumley -explicó el caminante-. Este es su bosque, creo...», calló de repente; porque allí no había hombre alguno, sino que era un mero efecto de luz y sombra en el follaje. Retrocedió para reconstruir la singular ilusión, pero el viento agitaba demasiado las ramas aquí, en la linde del bosque, y el follaje se negó a repetir la imagen. Las hojas susurraron de un modo extraño. En ese preciso momento se ocultó el sol tras una nube, haciendo que el bosque adquiriese un aspecto diferente. Y entonces se puso de manifiesto con cuánta facilidad puede sufrir engaño la mente humana; porque casi le pareció que el hombre le contestaba, le hablaba -¿o fue el rumor de las ramas al restregar unas con otras?-; y que señalaba con la fusta un letrero clavado en el árbol más cercano. Aún le sonaban en el cerebro sus palabras; aunque, por supuesto, todo eran figuraciones suyas: «No, este bosque no es suyo. Es nuestro». Y además, algún gracioso del pueblo había cambiado el texto de la deteriorada tabla; porque ahora ponía con toda claridad: «Prohibido el paso».

Y mientras el asombrado agrimensor leía el letrero, y dejaba escapar una risita, se dijo, pensando en la historia que iba a contar más tarde a su mujer y sus hijos: «Este condenado bosquecillo ha intentado echarme. Pero voy a entrar otra vez. En realidad, ocupa un acre como máximo. No tengo más remedio que salir a campo abierto por el lado opuesto si sigo en línea recta». Recordó su posición en la oficina. Tenía cierta dignidad que conservar.

La nube se apartó de delante del sol, y la luz salpicó de repente toda clase de lugares insospechados. Él, entretanto, seguía caminando en línea recta. Sentía una especie de rara turbación: esta forma en que los árboles cambiaban las luces en sombras le confundía evidentemente la vista. Para su alivio, surgió al fin un nuevo claro entre los árboles, revelándole el campo, y divisó el edificio rojo a lo lejos, al otro extremo. Pero tenía que saltar primero una pequeña portilla que había en el camino; y al trepar trabajosamente a ella -dado que no quiso abrirse-, tuvo la asombrosa sensación de que, debido a su peso, se desplazaba lateralmente en dirección al bosque. Al igual que las escaleras mecánicas de Harrod's y Earl's Court, empezó a deslizarse con él. Era horrible. Hizo un esfuerzo ímprobo para saltar, antes de que le internase en los árboles; pero se le enredó el pie entre los barrotes y el paraguas, con tal fortuna que cayó al otro lado con los brazos abiertos, en medio de la maleza y las ortigas, y los zapatos trabados entre los dos primeros palos. Se quedó un momento en la postura de un crucificado boca abajo, y mientras forcejeaba para desembarazarse -los pies, los barrotes y el paraguas formaban una verdadera maraña-, vio pasar por el bosque, a toda prisa, al hombrecillo de verde pardo. Iba riendo. Cruzó el claro, a unas cincuenta yardas de él; esta vez no estaba solo. A su lado iba un compañero igual que él. El agrimensor, nuevamente de pie, los vio desaparecer en la penumbra verdosa. «Son vagabundos, no guardabosques», se dijo, medio mortificado, medio furioso. Pero el corazón le latía terriblemente, y no se atrevió a expresar todo lo que pensaba.

Examinó la portilla, convencido de que tenía algún truco; a continuación volvió a encaramarse a ella a toda prisa, sumamente desasosegado al ver que el claro ya no se abría hacia el campo, sino que torcía a la derecha. ¿Qué demonios le ocurría? No andaba tan mal de la vista. De nuevo asomó el sol de repente con todo su esplendor, y sembró el suelo del bosque de charcos plateados; y en ese mismo instante cruzó aullando una furiosa ráfaga de viento. Empezaron a caer gotas en todas partes, sobre las hojas, produciendo un golpeteo como de multitud de pisadas. El bosquecillo entero se estremeció y comenzó a agitarse.

«¡Válgame Dios, ahora se pone a llover!», pensó el agrimensor; y al ir a echar mano del paraguas, descubrió que lo había perdido. Volvió a la portilla y vio que se le había caído al otro lado. Para su asombro, descubrió el campo al otro extremo del claro, y también la casa roja, iluminada por el sol del atardecer. Se echó a reír, entonces; porque, naturalmente, en su forcejeo con los barrotes se había dado la vuelta, había caído hacia atrás y no hacia adelante. Saltó la portilla, con toda facilidad esta vez, y desanduvo sus pasos. Descubrió que el paraguas había perdido su aro de plata. Seguramente se le había enganchado en un pie, un clavo o lo que fuera, y lo había arrancado. El agrimensor echó a correr: estaba tremendamente nervioso.

Pero mientras corría, el bosque entero corría con él, en torno a él, de un lado para otro, desplazándose los árboles como si fuesen semovientes, plegando y desplegando las hojas, agitando sus troncos adelante y atrás, descubriendo espacios vacíos sus ramas enormes, y volviéndolos a ocultar antes de que él pudiese verlos con claridad. Había ruido de pisadas por todas panes, y risas, y voces que gritaban, y una multitud de figuras congregadas a su espalda, al extremo de que el claro hervía de movimiento y de vida. Naturalmente, era el viento, que producía en sus oídos el efecto de voces y risas, en tanto el sol y las nubes, al sumir el bosque alternativamente en sombras y en cegadora luz, generaban figuras. Pero no le gustaba todo esto, y echó a correr todo lo deprisa que sus vigorosas piernas lo podían llevar. Ahora estaba asustado. Ya no le parecía un percance apropiado para contarlo a su mujer y sus hijos. Corría como el viento. Sin embargo, sus pies no hacían ruido en la yerba blanda y musgosa.

Entonces, para su horror, vio que el claro se iba estrechando, que lo invadían la maleza y las ortigas, reduciéndolo a un sendero minúsculo, y que terminaba unas veinte yardas más allá, y desaparecía entre los árboles. Lo que no había logrado la portilla, lo había conseguido con facilidad este complicado claro: meterlo materialmente en la espesa muchedumbre de árboles.

Sólo cabía hacer una cosa: dar media vuelta y regresar de nuevo, correr con todas sus fuerzas hacia la vida que venía a su espalda, que lo seguía tan de cerca que casi lo tocaba y lo empujaba. Y eso fue lo que hizo con atropellada valentía. Parecía una temeridad. Se volvió con una especie de salto violento, la cabeza baja, los hombros sacados y las manos extendidas delante de la cara. Se lanzó: embistió como un ser acosado en dirección opuesta, por lo que ahora el viento le dio de cara.

¡Dios mío! El claro que había dejado atrás se había cerrado también: no había sendero ninguno. Se dio la vuelta otra vez como un animal acorralado, buscó con los ojos una salida, un modo de escapar; buscó frenético, jadeante, aterrado hasta el tuétano. Pero el follaje lo envolvía, las ramas le obstruían el paso; los árboles estaban ahora inmóviles y juntos: no los agitaba el más leve soplo de aire; y el sol, en ese instante, se ocultó tras una gran nube negra. El bosque entero se volvió oscuro y silencioso. Lo observó.

Quizá fue este efecto final de súbita negrura lo que lo impulsó a actuar de manera insensata, como si hubiese perdido el juicio. El caso es que, sin pararse a pensar, se lanzó otra vez hacia los árboles. Tuvo la impresión de que lo rodeaban y lo sujetaban de manera asfixiante, y pensó que debía escapar a toda costa... escapar, huir a la libertad del campo y el aire libre. Fue una reacción instintiva; y al parecer, embistió contra un roble que se había situado deliberadamente en el centro del sendero para detenerlo. Lo había visto desplazarse lo menos una yarda; siendo como era un profesional de la medición, acostumbrado al uso del teodolito y la cadena, tenía experiencia para saberlo. Cayó, vio las estrellas, y sintió que mil dedos minúsculos tiraban de sus manos y sus tobillos y su cuello. Sin duda se debía al picor de las ortigas. Es lo que pensó más tarde. En ese momento le pareció diabólicamente intencionado.

Pero hubo otra ilusión extraordinaria para la que no encontró tan fácil explicación. Porque un instante después, al parecer, el bosque entero desfilaba ante él con un profundo susurro de hojas y risas, de miles de pies y de pequeñas, inquietas figuras; dos hombres vestidos de verde pardo lo sacudieron enérgicamente..., y abrió los ojos para descubrir que yacía en el prado junto al paso de cerca donde había comenzado su increíble aventura. El bosque estaba en su sitio de siempre, y lo contemplaba al sol. Encima de él sonreía burlón el deteriorado letrero: «Prohibido el paso».

Con la mente y el cuerpo trastornados, y bastante alterada su alma de empleado, el agrimensor echó a andar despacio a campo traviesa. Mientras caminaba, volvió a consultar las instrucciones de la tarjeta postal, y descubrió con estupor que podía leer la frase borrada pese a las tachaduras trazadas sobre ella: «Hay un atajo que cruza el bosquecillo (el que quiero talar), si lo prefiere». Aunque las tachaduras sobre «si lo prefiere» hacían que pareciese otra cosa: parecía decir, extrañamente, «si se atreve».

-Ese es el bosquecillo que impide la vista de las lomas -explicó después su cliente, señalándolo desde el otro extremo del campo, y consultando el plano que tenía junto a él-. Quiero talarlo, y que se haga un camino así y así -indicó la dirección en el plano, con el dedo-. El Bosque Encantado lo llaman aún; es muchísimo más antiguo que esta casa. Vamos, señor Thomas; si está usted dispuesto, podemos ir a echarle una mirada...

FIN

Fuente: Ciudad Seva

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