Un cajón de sastre al azar

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miércoles, enero 02, 2013

Sasha, Diario de un chico adolescente escrito por Frank López - descarga gratuita

A disposición, una novela de un buen amigo mío, espero les guste, tanto como me ha gustado a mí: 


Sasha, Diario de un chico adolescente (Frank López)

Sinopsis

Sasha es un chico de 17 años con una vida adolescente bastante normal, pero la adolescencia no es una etapa común y corriente; está llena de muchas emociones y vivencias que presionan su vida. Las experiencias vividas y las sensaciones a flor de piel son palpadas en cada párrafo de su historia. Esta es la historia de la adolescencia de un chico, contada desde el punto de vista de un chico y vivida como tal. Esta es la historia de Sasha; esta también es tu historia.



sábado, mayo 05, 2012

Cinco redes sociales de libros para convertirte en crítico literario

David González



Las redes sociales de libros en español se convierten en una potente comunidad de lectores que recomiendan, debaten y comparten sus lecturas. 

En un ecosistema social dominado por Facebook, Twitter o Google Plus, cinco redes sociales españolas de libros congregan una amplia comunidad que descubren, comparten y aconsejan lecturas. Son Lecturalia.com, Libros.com, Entrelectores.com, QueLibroLeo.com y Librofilia.com. En ellas, el sistema de recomendación de títulos convierte a cada lector casi en un crítico literario en potencia. 

La reseña de un libro siempre ha tenido como impacto directo un estímulo para el lector. El crítico literario desvela las virtudes de una nueva novela, descubre a un escritor y sugiere su lectura. Si la crítica es favorable, el lector, casi siempre se fía, compra el libro y lo lee. 

Ahora, cuando los medios de comunicación tienen menos espacio para la literatura, emerge la lectura social como fenómeno. Quien recomienda es el propio lector. Nos dice que le gusta y por qué. 

Así, con esta nueva manera de leer y compartir, no es extraño que exista un pequeño boom de redes sociales de libros. En España, en los últimos años, se han consolidado cinco inciativas. 

El quinteto está formado por Lecturalia.com, Libros.com, Entrelectores.com,QueLibroLeo.com y Librofilia.com. Son plataformas sociales que cuentan con grupos de lectores que rondan, según cada caso, entre 12.000 y 60.000 usuarios activos. 

En cada una de ellas, según sus peculiaridades específicas, el lector puede crear desde su perfil, acceder a las fichas de libros, listar su biblioteca de lecturas, crear comunidad en torno a un escritor, participar en clubes de lectura digitales, informarse en un canal de noticias, crear un blog o hasta acceder directamente a la compra en librerías online. 

Tienen en común que son espacios colectivos idóneos para descubrir un nuevo escritor, conversar sobre una novela, un clásico o bien escribir una buena recomendación del último libro que tienen sobre la mesilla de noche. El resto de la comunidad casi acepta el consejo como una reseña de crítico literario o, al menos, se inicia el debate.  

“En nuestra red social, lo más importante es que la recomendación que recibas de un libro la realice alguien de confianza, una persona que tenga tus mismas afinidades y gustos literarios”, explica José Luis Ramírez, socio fundador de QueLibroLeo.com.  

Como ocurre en el mundo físico, los best sellers, los escritores superventas o las novedades literarias acaparan el mayor número recomendaciones. Sin embargo, internet también crea, a menudo, efectos de bola de nieve y no es extraño comprobar que un escritor desconocido tiene más comentarios favorables que un autor de renombre. 

“Es cierto que las novelas superventas crean mayor actividad. Sin embargo, los lectores también buscan libros o autores similares a los que ya han leído. Encuentran así títulos en las sugerencias automáticas de las listas de libros disponibles o bien los descubren en los comentarios y recomendaciones de otros lectores”, añade Pablo Gavilán, fundador de Entrelectores.com 

Pese a lo que podría pensarse, estos portales verticales literarios no compiten con las grandes redes sociales generalistas. Al contrario, también allí crean canales de conversación circunvecinos. No en vano, algunas de estas comunidades online de libros tienen en Facebook y Twitter más seguidores que en sus propias plataformas. 

“No somos competidores de Facebook, sino que interactuamos también allí con los lectores. El que quiera competir con Facebook se equivoca. Ambas redes se retroalimentan. Sí es verdad que, en Facebook, tienes que buscar; y con nosotros encuentras muchos libros cada día”, explica Silvio Dulinski, socio de Libros.com. 

La mayor o menor actividad de estas redes sociales, como en cualquier otro espacio web, también se incrementa por el interés de la noticia literaria. Y son, a menudo, los propios lectores los que lanzan la alerta, antes incluso que el propio periodista especializado o el crítico literario. 

“La publicación de una nueva novela, la concesión de un gran premio literario, como el Nobel, o bien la edición o reedición de un libro de una saga muy esperada activa inmediatamente a la comunidad. Algunos lectores nos avisan de estas noticias en Facebook y Twitter, las replicamos y luego se genera mucha conversación en nuestra propia plataforma”, añade Joan Carballo, responsable Social Media de Lecturalia.com. 

Así, leer, comentar, compartir y recomendar son verbos que se conjugan en estas redes sociales de libros. Estas comunidades de lectores, probablemente, son hoy la cuna de los nuevos críticos literarios. La reseña profesional tiene ya nuevo rival. Y no es una persona, sino muchas. 


Comentario personal: Este artículo me ha parecido de lo más interesante. Las reseñas y las críticas literarias están tomando nuevos giros, enfocándose más en lo que me gusta y porqué, que en lo técnico del libro (ya saben análisis filológico y todo eso, que no digo que este mal, pero por lo menos en mi caso, yo no busco reseñas de un calibre así). Lo más gracioso es que, gracias a la práctica y a la investigación personal, muchos bloggueros hacen reseñas increíbles y de calidad muy alta (cosa que han tenido que reconocer también los expertos, para ver pruebas, clic aquí). La pregunta fundamental aquí es: ¿A quiénes buscamos para que nos recomienden libros que vayan según nuestros gustos?, a personas como nosotros y eso es lo que hace tan valiosa la bloggosfera literaria - y estas redes sociales -, que las personas que escriben son los mismos lectores con perfiles y gustos similares a los nuestros y que los mismos clientes digan lo que quieren y lo que les gusta y porqué. Por lo menos esto es lo que sirve a los que leen por diversión, como su servidora - digo yo-.

Este es el único comentario, ¿qué opinan ustedes?

¡Saludos!



jueves, abril 19, 2012

Meme: Preguntas y respuestas literarias


Bueno, este es un meme directamente desde Perdidas entre paginas, que la autora bella dijo que lo podíamos tomar si queríamos y yo le tomo la palabra... Aquí vamos:

¿ Cuál es tu autor preferido?
¿Pueden ser varios?, espero que sí, porque uno solo no tengo, entre los autores que más me gustan están: Charles Dickens, Jane Austen, Las hermanas Bronte, Suzanne Collins, Lauren Oliver y Esther Sanz.

¿Y tu libro preferido? Solo uno.
Ahí es más fácil. Delirium de Lauren Oliver, es mi favorito (por ahora).

¿Cuál es el peor libro que hayas leído y recuerdes?
Jaraguá de Napoleón Rodríguez Ruíz. ¡Lo odié, lo odié, lo odio! Lo leí de muy niña y se me ha quedado grabado en la mente, como el peor libro que he hallado en mi vida. ¡Qué horror!

¿Un personaje que te guste especialmente?
Bueno, se me vino a la mente, Peeta Mellark de la saga Los juegos del hambre...


¿No es un amor? (¡De verdad, que tengo que hacer un post de porqué me gusta tanto!), pero, fuera de él, también, me gusta Alex de la saga Delirium de Lauren Oliver. ¡Los amo!

Si pudieras vivir la historia de una novela siendo el protagonista, ¿qué novela escogerías?
¡Dios!, me gustaría estar en tantas y de tantos temas diferentes. Bueno, creo que sería Coffee house angel de Suzanne Selfors, es de un solo tomo, la historia es divina y no hay tantas vueltas (como distopías, vampiros o algo asi). Me gustaría ser Katrina. 

El título de una novela que regalarías en cualquier cumpleaños.
Pues, depende de quién, sus gustos y la edad que tenga, habiendo leído de todo un poco, sé que a todo el mundo, no le gustan las mismas cosas. No sabría que decir, pero creo que Los juegos del hambre es para todos (no conozco a nadie, que no crea que es Increíble), así que, creo que la saga. 

Si escribieras una novela, ¿de qué género sería?
Pues, ahorita podría decir que realista, así como para adolescentes (amor de verano o algo así), pero también me decanto por sobrenatural, entre el misterio y la fantasía, tipo mi último proyecto... (Ya veremos).

¿Y dónde tendría lugar?
Creo que sería una ciudad cercana a la costa del tipo sub-urbano de clase media, USA o Inglaterra; y el otro estaría ambientado en varios lugares, desde los infiernos hasta la campiña inglesa.

¿De qué libro te gustaría mucho, mucho, mucho que hicieran una película?
Me gustaría que hicieran una peli de "El bosque de los corazones dormidos" de Esther Sanz, no sé, pero es que, todo el libro me encantó. De verdad que me gustaría ver esa historia en la pantalla (y aún así, la vería muy difícil que lograran hacer una adaptación digna del libro...)

¿Cuántas veces has leído el libro que más has releído?
Creo que el libro que más he releído es Orgullo y Prejuicio (hasta ahorita, me doy cuenta), la habré leído unas 5 veces ya, creo yo.

Ok, este es el meme, quién lo quiera se lo lleva y me deja el link para verlo, ¿sí?

Espero les haya gustado.

¡Saludos amigos y buen día!



Pinterest: ¿una nueva herramienta para lectores y escritores?

Gabriella Campbell



Ya es oficial, Pinterest es la tercera red social más popular de Estados Unidos, después de Facebook y Twitter. Y si algo sabemos es que aquello que se pone de moda en el Norte de América suele acabar arrasando en este lado del charco.
Con todo, es posible que todavía no sepáis qué es Pinterest, máxime cuando para registrarse es necesario contar con una invitación de otro miembro (puedes solicitar una invitación en la propia portada de Pinterest, pero se te añade a una lista de espera y puede pasar cierto tiempo antes de recibirla). Desconozco si esto cambiará, al igual que ocurrió con Google +, que tras una fase de prueba pasó a estar abierta para todos. Existe una variante muy similar a Pinterest, de origen europeo, llamado Pinspire, de registro abierto, que funciona del mismo modo.
Pinterest es un concepto sencillo pero muy eficiente, una especie de Tumblr mejorado, un corcho virtual donde podemos subir todas las imágenes que nos gustan e interesan, y al mismo tiempo ver las imágenes de todas las personas a las que tenemos en nuestra red. Para aquellos que leemos y/o escribimos, algo tan visual no tendría por qué tener un impacto real, pero por supuesto ya hay escritores y lectores que han sabido sacarle partido. Como lectores, hay quien organiza carpetas con portadas de sus libros favoritos, o añade imágenes que le recuerdan a determinadospersonajes o escenas de sus lecturas predilectas. Como escritores, hay maneras de venderse, si bien hay que tener en cuenta que en Pinterest la autopromoción no está nada bien vista, por lo que el autor curtido en las lides de las redes sociales tiende a ofrecer imágenes de interés para lectores potenciales: escenarios que le han inspirado, portadas de libros que han marcado su forma de leer y escribir, fotos que reflejen ideas o conceptos presentes en sus textos. La idea es crear una cuenta tan atractiva que uno enganche al máximo número posible de seguidores, todos ellos potenciales compradores de sus libros. Aunque la red está enfocada sobre todo a la exposición de imágenes, cada vez aparecen más citas y textos cortos, que pueden ser útiles también para los aficionados al mundo literario. Pinterest también ofrece la ventaja, claro, de poder conectar e interactuar con otros escritores, lectores y profesionales (o aficionados) del libro. Y no hablemos ya de su capacidad inspiradora.
Considero que Pinterest es una herramienta maravillosa para lectores, que pueden encontrar todo tipo de recomendaciones de personas con gustos similares a los suyos, información de autores y libros que les apasionan, y miles de imágenes relacionadas con la literatura. Sin embargo, diría que es poco recomendable para aquellos que quieren escribir en serio. Su presentación adictiva de ideas, obras de arte, reportajes infográficos y fotografía espectacular forma una aglomeración de belleza saturadora de la que no querrás salir nunca, y olvídate de esos noventa minutos diarios de rigor que querías dedicar a perfeccionar tu arte: Pinterest se los tragará, los escupirá, y te dejará, muchos minutos más tarde, preguntándote a dónde se fue el tiempo que te habías asignado para escribir esa gran novela, poemario, obra de teatro o lista de la compra. Pinterest, al fin y al cabo, es una red social, y tiene un efecto parecido en las manecillas del reloj que Facebook, Twitter, Tuenti, Tumblr y tantas otras.

Fuente: Lecturalia

Comentario personal: ¿Qué piensan, amigos? En lo personal, no creo que me volviese adicta, porque con FB, nada que ver, lo abro, reviso todo, me quedó un rato viendo las notificaciones y luego, me aburro y me voy. (Más adicta soy al blog). Pero esto, para curiosear, suena interesante...

¿Qué dicen, ustedes?

¡Saludos!

P.D. Pero si de fotos bellas se trata, entonces, es posible que si se me haga adicción.

¡Saludos!



miércoles, noviembre 16, 2011

Y usted, ¿vive de esto?



Eva Díaz Pérez | Sevilla

Fueron burócratas, carteros, camareros, empleados de banca, contrabandistas de opio, diplomáticos, aviadores, acróbatas e incluso cazadores de ballenas en el Ártico. Y, en sus ratos libres, escribían obras maestras. ¿A qué se dedicaba Apollinaire? ¿Cómo sobrevivía Maximo Gorki? ¿Qué trabajo permitía a Georges Perec dedicarse a la literatura?

La escritora italiana Daria Galateria se dio cuenta un día de que en la biografía de los grandes autores había un lado secreto, desconocido y a veces un punto extravagante: sus trabajos alimenticios. Así que decidió recopilar en un curioso inventario el oficio al que se habían dedicado personajes como Jack London, Bohumil Habral, Bulgakov o Faulkner. El resultado fue 'Trabajos forzados. Los otros oficios de los escritores', un libro muy celebrado en Italia y que ahora publica por primera vez en castellano la editorial Impedimenta con traducción del escritor aragonés Félix Romeo.

En esta perspectiva inédita del mundo literario, la autora indaga en las tareas a las que se dedicaron autores como Maxim Gorki que empezó a trabajar desde niño como descargador en el Volga. Luego fue pinche, fogonero, pescador, panadero. Sin embargo, bastó que uno de sus cuentos tuviera éxito para que comenzara a colaborar en varios periódicos y tuviera que escribir dos artículos al día. Curiosamente, Gorki confesaba que ese "trabajo esclavo" lo agotaba.

Esta naturaleza vampírica de la literatura frente a los oficios puramente alimenticios la 'sufrió' también Jack London, quien, en 1897, durante la fiebre del oro, desembarcó en Klondike, trabajó duramente e incluso vivió en una cabaña abandonada rodeado de lobos. Claro que cuando se dedicaba a la escritura se quejaba de intensos e insoportables dolores de espalda.

Esta consideración de la escritura como la más agotadora de las tareas también nubló a Charles Bukowski que trabajó disciplinadamente durante 14 años como cartero, pero que "cuando le dieron un sueldo por escribir, se quedó paralizado por el terror toda una semana".

Para muchos escritores, trabajar en algo que no tuviera que ver con la literatura les permitía tener libertad, ya que su medio de vida no dependía de lo que escribieran. Es lo que pensaba Voltaire que argumentaba que era imposible ocuparse de la cultura sin una buena base económica. Del mismo parecer era Georges Perec que no abandonó su empleo subalterno de documentalista en un laboratorio médico. "Pensaba que era peor depender de la escritura para vivir -peor para la escritura-. Cuarenta horas a la semana, y después era libre para crear lo que le pareciera", explica Daria Galateria.

Desde los míticos funcionarios, como el burócrata Kafka, a Eliot ejerciendo de empleado de banca que "trabajaba en un sótano, inclinado, como un pájaro negro en un comedero", este inventario de oficios aburridos o extremadamente extravagantes se detiene en la historia del checo Bohumil Habral que cuando llegó el socialismo real a Checoslovaquia tuvo que convertirse en obrero no cualificado porque los profesores y artistas fueron degradados. "Habral trabajó en las acerías y casi perdió la vida en el empeño", apunta Galateria.

Hubo emprendedores como la novelista francesa Colette que en 1932, ya con 60 años, montó un instituto de belleza financiado por la princesa de Polignac y por el bajá Al-Glawi, contando además con el apoyo del ministro Andrés Maginot, el de la línea defensiva de entreguerras. Entre polvos y cremas, la autora de la exitosa serie de novelas de Claudine se movía como pez en el agua incluso aportando detalles de su célebre personaje para diversos perfumes y lociones. Lástima que el negocio fracasara.

También hay una larga lista de médicos como Mijail Bulgakov, que se enganchó a la morfina, o el austriaco Arthur Schnitzler que alternaba su oficio con la escritura y con la vida social, ya que era muy aficionado a los bailes. Ese mundo burgués 'fin de siècle' de la Viena del decadente imperio austrohúngaro aportó no pocos argumentos al autor de 'El teniente Gustl' o 'La señorita Else'. En febrero de 1881 anota en su diario: "Bailo con más pasión que nunca. En casa a las seis. Poco después he ido a la sala anatómica a hacer la autopsia de una joven. Estoy confuso".

Fuente: El Mundo.es

Comentario personal:

Todos sabemos que de la literatura, solo unos pocos viven de ella. El resto de nosotros, debemos escribir en nuestros ratos libres, haciendo sacrificios, y compaginando nuestras actividades, universidad/escuela, trabajo con ella. Creo que infunde ánimo el hecho de que, no somos los primeros al atravesar por esto y tampoco, quizás, seremos los últimos...

jueves, agosto 04, 2011

Grandes pseudónimos III

Gabriella Campbell el 4 de agosto de 2011



Como ya comentábamos en el artículo anterior, no han sido los autores extranjeros los únicos en usar un nom de plume o pseudónimo. En España hay una larga tradición de utilizar nombres de guerra para el ejercicio literario, y a veces eran realmente más títulos bélicos que autoriales, debido a su uso como tapadera para todo tipo de peleas, insultos y combates lingüísticos y personales.

El pseudónimo llegó a convertirse en un nombre tapadera, como es el caso del conocido Alfonso Fernández de Avellaneda, que en 1614 hacía circular una versión apócrifa de una obrilla llamada El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, y que incluía en su prólogo toda una colección de palabras de desprecio hacia el autor de dicha obra, Miguel de Cervantes. En cuanto a quién se hallaba detrás del nombre Avellaneda, nadie lo sabe con seguridad, pero se barajan nombres como Jerónimo de Pasamonte, Pedro Liñán de Riaza, Baltasar Elisio de Medinilla o Cristóbal Suárez de Figueroa. En los casos primeros, sobre todo, parece estar involucrada la vengativa mano del dramaturgo Lope de Vega, que pudo haber encargado dicho apócrifo a alguno de estos escritores, amigos suyos, o haberlo realizado, parcialmente, él mismo. Lope no era ajeno a los pseudónimos, se le conocen varios, entre los que destaca, seguramente, el de Gabriel Padecopeo, que utilizó para algunos de sus poemas, probablemente para ocultarse de la furia de maridos, hermanos y padres de las mujeres a las que agasajaba en sus versos.
Otro nombre artístico con el que se han deleitado los lectores españoles ha sido el de Miguel de Musa, con el que un joven Francisco de Quevedo escribió unos versos que parecían parodiar el estilo de un tal Luis de Góngora, una imitación burlesca que el cordobés no perdonó y que inició una de las batallas literarias más conocidas del mundo literario. También tenemos en nuestro país casos de mujeres escritoras que utilizaron nombre masculino para poder hacerse hueco en un mundo de grandes autores y escasas autoras, ya lo hacía en el siglo XIX Cecilia Böhl de Faber al firmar como Fernán Caballero.

La lista de pseudónimos españoles es larga, y de muchos se han destapado los nombres originales (o nunca se ocultaron en gran medida, usándose, como en los ejemplos que vimos en los artículos anteriores, simplemente para distanciarse del nombre utilizado en su actividad profesional). En el caso de Azorín, por ejemplo, la posición política del escritor y su uso ferviente del periodismo como medio de crítica y ensayo lo impulsaron a utilizar varios pseudónimos diferentes, si bien al final de su vida los abandonó para firmar con J. Martínez Ruiz, su nombre real. Cabe mencionar también a Valle Inclán, bautizado Ramón José Simón Valle Peña, que tomó su nombre artístico de su antepasado, Fernando de Valle Inclán; y si hablamos de otros países hispanohablantes no podemos dejar de mencionar a Plácido, el cubano Gabriel de la Concepción Valdés; al chileno Pablo Neruda (Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto), o a la también chilena Gabriela Mistral (Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga).

Fuente: Lecturalia

Un saludo!

domingo, julio 31, 2011

Grandes pseudónimos II

Gabriella Campbell el 31 de julio de 2011



Si bien ya hemos mencionado algunos de los pseudónimos más conocidos de la historia de la literatura, las razones que se escondían tras estos nombres falsos eran sencillas: vergüenza, interés profesional, o la necesidad de cambiarse de sexo. Pero se dan algunos casos donde la propia identidad del escritor se desdobla con el pseudónimo, creando un tira y afloja muy particular entre escritor y alter ego. Esto es lo que ocurrió, por ejemplo, con Stephen King y Richard Bachman.

Cuando King estaba ya en la cúspide del éxito, se preguntaba frecuentemente si éste se debía a una simple cuestión de suerte y excelente márketing, o al talento en sí. Además, le irritaba no poder publicar la cantidad de libros con la frecuencia que querría, ya que sus editores limitaban su producción a un libro por año para no saturar el mercado. Así que se inventó al escritor Richard Bachman (escogió el nombre Richard en honor al pseudónimo del escritor Donald E. Westlake, Richard Stark; y el apellido Bachman por el grupo de rock Bachman-Turner Overdrive), y publicó con éste una serie de libros usando escasos medios publicitarios, para ver cómo funcionaría. Lamentablemente para King, el secreto no duró mucho, ya que los libros estaban llenos de referencias a su obra en general, y el estilo era muy similar al que empleaba con su nombre real, algo que los fans no tardaron en reconocer, a pesar del esfuerzo del escritor por crear una persona ficticia, con foto y dedicatorias falsas en los libros firmados por Bachman. Acabó dándose por vencido, y mató a Bachman, informando de su “fallecimiento por cáncer de pseudónimo” (aunque desde entonces se han “encontrado” varias obras póstumas del autor). King no fue el primer escritor famoso que decidió escribir bajo pseudónimo para probarse, en Francia algo similar fue llevado a cabo por Romain Gary, que publicó varios libros con el nombre de Émile Ajar, en un intento de descubrir si sus libros tendrían la misma aceptación sin la influencia de su propio prestigio. El resultado de su experimento (que a King realmente no le dio tiempo de comprobar, ya que se descubrió antes de tiempo su ardid) fue positivo, obteniendo unas cifras de ventas notables.

Más allá de lo conveniente de hacerse pasar por hombre o por mujer, cada vez es más común que los escritores reduzcan a iniciales su nombre para evadir los prejuicios asociados a cada sexo. En especial, las mujeres procuran esconder su nombre usando esta treta para publicar en géneros todavía asociados a escritores masculinos, como es el caso de la ciencia ficción. Un buen ejemplo sería D. C. Fontana (Dorothy Catherine Fontana), guionista de la serie Star Trek, que también ha utilizado varios pseudónimos masculinos. La propia J. K. Rowling prefirió abreviar su nombre para no condicionar con éste a lectores habituales de fantasía, género donde el sexo femenino puede asociarse a un tipo de literatura más romántica, menos “épica” que la de sus equivalentes masculinos. Otro caso curioso, en lo que se refiere a la literatura fantástica y a la ficción especulativa, es el que lleva años dándose en nuestro país, por el que numerosos escritores españoles utilizan nombres extranjeros para publicar sus obras, debido a la desconfianza que todavía existe hacia la calidad de lo producido en España dentro de dicho género.

Fuente: Lecturalia

Un saludo! Espero disfruten el post...

sábado, julio 23, 2011

Grandes pseudónimos

Un pequeño estudio sobre los pseudonimos (y la literatura):



Gabriella Campbell el 23 de julio de 2011 en Autores, Literatura

Dentro del constante juego autor-lector que encontramos en la literatura en general, no es raro hallar casos de escritores que no son exactamente lo que quieren hacernos creer. Más allá del engaño narrativo, podemos ver autores que se reinventan a sí mismos, como si fueran otro personaje más, de mil maneras distintas, de las cuales una de las más populares, por tantas razones, es cambiarse el nombre. A continuación enumeraremos algunos de los más raros y notables.

En caso de mencionar el nombre Howard Allen O’Brian, es muy probable que a nadie le resulte familiar. Sin embargo, Anne Rice es un nombre muy conocido, y ambos corresponden a la misma persona. Bautizada como Howard Allen en honor a su padre, la escritora no tardó en cambiarse el nombre por algo un tanto más femenino, Anne, y adoptó el apellido al casarse con su marido, el poeta Stan Rice. El caso de Rice es peculiar, además, ya que generalmente son las mujeres las que optan por escoger nombres masculinos en la literatura, como demostraron las hermanas Brontë, que optaron por hacerse llamar Acton Bell (Anne Brontë), Currer Bell (Charlotte Brontë) y Ellis Bell (Emily Brontë) para sus primeras obras, con la esperanza de que se les tomara más en serio en una época en la que las mujeres generalmente se dedicaban a la menospreciada novela romántica. Algo parecido le ocurrió a George Elliot, nacida Mary Ann Evans, que además se escudaba en una falsa identidad para ocultarle al público en general su larga relación de amor y convivencia con un hombre casado.

Hay muchos motivos que empujan a un autor a esconderse detrás de un pseudónimo. En el caso de Eric Arthur Blair, la publicación de su obra Sin blanca en París y Londres, inspirada en sus propias experiencias desempeñando todo tipo de trabajos en las ciudades mencionadas mientras intentaba hacerse un nombre como escritor, lo obligó a utilizar un nombre falso para no incomodar con la obra a sus padres. Aunque hizo uso de varios pseudónimos, será el de George Orwell el que finalmente le traerá el reconocimiento debido, con novelas como 1984 o Rebelión en la granja. También se han utilizado pseudónimos con frecuencia para separar dos tipos de actividad, como le ocurrió al matemático Charles Lutwidge Dodgson, quien adoptó el nombre de Lewis Carroll para separar su prestigio como científico de su éxito como escritor (se trataba de un juego de palabras con su nombre original: Lewis es otra forma adaptada al inglés de Ludovicus, la versión latina de Lutwidge, y Carroll es un apellido irlandés parecido al nombre latino Carolus, de donde proviene Charles).

Algunos pseudónimos son ya casi material de leyenda. No queda nada claro el origen real del nombre Mark Twain, con el que Samuel Clemens comenzó a firmar sus obras en 1863. Aunque el propio Clemens explicó que hacía referencia a una expresión usada para designar el estado de un río (significa dos brazas de profundidad), dicha explicación ha sido frecuentemente puesta en duda, ya que algunos de sus biógrafos aseguran que hace referencia al alcohol que bebía de fiado en la taberna de John Piper en Nevada.

Fuente: Lecturalia

Mas informacion:



Alias: proviene del latín y equivale al término español "otro". Está relacionado con la frase alia nomine cognitu, que significa 'conocido por otro nombre como'.

Otra acepción de la palabra se refiere específicamente a un nombre falso, empleado para encubrir la personalidad de una persona. Un alias por otro lado, puede acompañar o reemplazar el nombre de una persona por fines estéticos, afectivos, o de otro tipo. Puede aplicarse genéricamente a un nombre de pila propio, o ser particular de una persona.

Seudonimos: A lo largo de la historia, tanto escritores como periodistas y otros artistas han usado seudónimos para ocultar su verdadera identidad. Entre los motivos para el uso de un seudónimo están la búsqueda de originalidad, la simplificación de nombres extranjeros o de difícil pronunciación, o el temor al escándalo o la persecución política o religiosa.

Fuente: Wikipedia

Nombre artistico: Es un seudónimo utilizado por artistas y personalidades, en especial por músicos, actores, escritores y celebridades en general, con el fin de proteger la propia identidad, expresar un determinado concepto con el alias o reemplazar un nombre de nacimiento poco llamativo.

Motivacion:

Los artistas intérpretes suelen tener un nombre artístico debido a que su nombre real es considerado poco atractivo, aburrido, poco divertido o difícil de pronunciar y escribir. También porque ha sido utilizado por otra persona. A veces, un artista adopta un nombre artístico que es inusual o descabellado para atraer la atención. Otros artistas, como los actores pornográficos, utilizan un nombre artístico para mantener su anonimato. El concepto equivalente entre los escritores que se denomina un nom de plume o seudónimo.

Fuente: Wikipedia

Un saludo!

miércoles, julio 20, 2011

Consejos y Advertencias para escribir.

Y ahora, directo de mi baul de documentos que subir a la web, les dejo esto, super importante para los escritores...

Un saludo!






CONSEJOS

1. Lee todos los cuentos que puedas. Nada puede enseñar cómo escribir cuentos mejor que leer cuentos. Escoge autores que te agraden. Pon mucha atención en la forma en la que los autores desarrollan sus personajes. Estudia los diálogos y la estructura de los argumentos.
2. Busca y reúne ideas para tu cuento. La inspiración puede llegar en cualquier momento, así que lleva siempre una libreta de notas o algo similar, de modo que puedas escribir tus ideas a medida que aparezcan. La mayor parte del tiempo solamente te surgirán retazos de historias o frases sueltas.
3. Conoce a tus personajes. Para que una historia sea creíble, los personajes tienen que serlo y sus acciones tienen que parecer inevitablemente guiadas por su forma de ser
4. Determina la extensión de tu historia. En una novela pueden transcurrir millones de años, puede incluir una multitud de sub-argumentos, tener variedad de escenarios y una tropa de caracteres secundarios.
5. Escoge quién contará la historia. Existen tres puntos principales de vista desde los que se puede contar una historia: primera persona ("yo"), segunda persona ("tú") y tercera persona ("él" o "ella"). En una historia en primera persona, el personaje principal es quien cuenta la historia; en una historia en segunda persona, el lector es convertido en parte de la historia; y en una historia en tercera persona, es un narrador quien cuenta la historia. La narración en segunda persona es raramente utilizada. Ten en cuenta que un narrador en primera persona solo puede decir lo que sabe. Esto se limita a lo que ha visto en persona o lo que otras personas le han dicho. En cambio, en el narrador de una historia contada en tercera persona puede saberlo todo, explorar los pensamientos de cada personaje o limitarse a lo que puede ser observado.
6. Empieza a escribir. Si has ideado profundamente los detalles de tu argumento y de tus personajes, el proceso de escribir el cuento consistirá simplemente en elegir las palabras adecuadas. Generalmente, escribir es una tarea ardua.
7. Impresiona al público. La primera página —algunos dirían la primera oración— de cualquier obra escrita debe atrapar al lector y dejarle con ganas de más. Un comienzo rápido es especialmente importante, no te entretengas con largas introducciones de tus personajes o descripciones innecesarias del escenario. Ve directo al centro de la historia y muestra detalles acerca de los personajes como si estuvieras mostrando las piezas de un rompecabezas.
8. Deja que el cuento siga su propio curso. A medida que escribes un cuento, es posible que sientas la tentación de cambiar la dirección de tu argumento o tal vez cambiar y hasta eliminar a un personaje. Pon atención a si es que tus personajes te dicen que hagas algo diferente y no te preocupes si tienes que reordenar y cambiar todo, si con este cambio crees que mejorará el cuento.
9. Revisa y corrige. Una vez que hayas terminado tu historia, vuelve a leerla, corrige los errores que encuentres y observa que no haya errores semánticos. Haz una revisión general, asegúrate de que la historia sea fluida, de que los problemas de cada personaje sean resueltos de manera natural y de que cada personaje en sí tenga una introducción apropiada.
10. Incorpora las ediciones, revisiones, sugerencias que pienses que son válidas.Tu cuento será mucho mejor si consideras cuidadosamente las críticas, lo que no significa que tengas que seguir todos los consejos que te den. Algunas de las sugerencias puede que no sean buenas. Al final, es tu historia y eres tú quien hará los retoques finales.

ADVERTENCIAS

• Es posible que no necesites -o no quieras- pasar por el proceso de "tormenta de ideas" y de trabajo previo antes de escribir (tormenta de ideas, perfiles, etc.); muchos escritores simplemente omiten estos pasos y es posible que encuentres este proceso algo superfluo. No obstante, todos deberían intentar hacer el trabajo previo de escritura al menos una vez.
• Desarrolla tu propio estilo. Esta forma particular que cada escritor tiene solo podrás adquirirla con la práctica. Puedes empezar imitando a otros escritores o tratar de sintonizar con la manera de escribir de un determinado género. Después de un tiempo y después de escribir mucho verás cómo tu estilo se va definiendo.
• Asegúrate de no sobrecargar tu mente demasiado por mucho tiempo. Si tienes problemas para generar ideas, simplemente dedícate a hacer otra cosa por un momento. Vuelve a tu historia después de unas horas o de una noche de buen sueño. Después de eso seguramente te sorprenderás de la cantidad de ideas que aparecerán mágicamente.
• Más de una vez querrás descartar una historia. Asegúrate de tener una buena razón para ello, no una excusa. Si simplemente estás atascado, intenta sobreponerte utilizando un poco de imaginación. Es posible que te surja una idea muy buena y luego otra, mejor que la anterior. Si esto te ocurre frecuentemente puede convertirse en un problema. Así, podrías empezar muchas historias y no terminar ningún cuento en sí.
• Piensa que si lees muchos libros, podrás adquirir vocabulario y también aprenderás ortografía y gramática, porque te familiarizarás con las palabras y así serás menos propenso a cometer ciertos errores.

martes, septiembre 14, 2010

Los 10 escritores mejor pagados...

He aquí un articulo que me llegó por correo electronico, muchas gracias y... ¡Disfrútenlo!

Los 10 Escritores Mejor Pagados


Si tuvieras la oportunidad de tener bestseller y ser millonario o ganar un Premio Nobel, convertirte en una figura destacada de la literatura, pero... ser pobre, ¿que escogerías?
Imagen representativa...

James Patterson lidera la lista de los escritores mejor pagados

Los 10 Escritores Mejor Pagados

La industria literaria puede estar experimentando tiempos difíciles y caídas en las ventas, pero un nuevo estudio ha mostrado que muchos de los principales autores registraron elevados ingresos el año pasado. El exitoso autor de ficción y suspense James Patterson lidera la lista de los escritores mejor pagados publicada por Forbes.com, con ingresos de 70 millones de dólares (54,5 millones de euros), informa la agencia Reuters. Esta cantidad incluye un último acuerdo para escribir 17 libros para finales de 2012 por unos 100 millones de dólares. La clasificación de Forbes se basa en las ganancias de libros, derechos de películas, televisión y otros ingresos desde el 1 de junio de 2009 hasta la misma fecha de 2010.
Patterson, de 63 años, ha escrito más de 50 superventas y vendió más de 170 millones de volúmenes a nivel mundial, creando una franquicia que se expande a Hollywood, la televisión, revistas de historietas y juegos.

La autora de novelas de vampiros Stephanie Meyer, cuya serie Crepúsculo ha llegado con mucho éxito al cine, ganó 40 millones de dólares pese a no sacar un nuevo libro en el período de tiempo que abarca el estudio de Forbes.com. Su nueva novela de 192 páginas, el primer libro en dos años, salió a la venta en junio.

Stephen King, eterno éxito con sus libros de suspense, se ubica en tercer lugar con 34 millones de dólares, incluyendo 8 millones de dólares de las ventas de obras disponibles ya publicadas, según el estudio de Forbes. Su última novela, Under the Dome, se lanzó en noviembre y vendió unos 600.000 ejemplares, según Nielsen BookScan.

En cuarto lugar ha quedado la escritora de novela romántica Danielle Steel, que ganó 32 millones de dólares.

Más atrás aparece el escritor británico Ken Follett, cuya aclamada novela de 1989 Los pilares de la Tierra ha sido adaptada a miniseries de televisión en Estados Unidos. Sus ingresos fueron de unos 20 millones de dólares.

El autor estadounidense Dean Koontz es sexto con 18 millones de dólares, mientras que la autora de romance y aventura Janet Evanovich, famosa por la serie Stephanie Plum, tuvo ingresos por 16 millones de dólares.

Los otros autores que aparecen entre los 10 con mayores ingresos fueron el escritor de suspense John Grisham, el novelista Nicholas Sparks y la prolífica autora británica J.K. Rowling. La creadora de Harry Potter ganó 10 millones de dólares, una pequeña suma para la multimillonaria autora, que no lanzó ninguna obra el año pasado.

Fuente: http://www.elconfidencial.com/sociedad/james-patterson-lidera-lista-escritores-mejor-20100822-68787.html

sábado, septiembre 11, 2010

Mis secretos de escritor (Mario Vargas Llosa)



Este es un documento que me envió mi suscripción al grupo Ciudad Seva Cultural, lo he leído y he decidido compartirlo con ustedes...

¡Muchas gracias a la fuente!

Mis secretos de Escritor

Muchas personas me preguntan, y se preguntan ellas mismas, si leer y escribir literatura tiene algún significado en la vida, cuando así, a primera vista, podría parecer un conocimiento teórico, o una simple forma de pasar el tiempo. Pero, en realidad, el ejercicio de la literatura enriquece extraordinariamente la visión del mundo, sobre todo en los lectores de buena literatura, pero también en los escritores. Uno como escritor aprende muchas cosas desarrollando una historia, aprende muchísimo en el campo de la psicología humana.

Ahora, ¿qué pasa cuando uno escribe? Cuando uno escribe, escribe una historia. Y cualquiera que ha escrito una historia sabe que los personajes tienen que actuar de acuerdo con ciertas reglas, que la libertad del escritor para crear esas reglas de conducta es bastante limitada; no puede forzar de una manera arbitraria lo que es la experiencia del lector, porque el lector juzga la literatura en función de su propia experiencia de la vida. Si una historia arrolla arbitrariamente lo que son esos supuestos de la vida –que el lector conoce a través de su propia experiencia –, la reacción es no creer y ese es el gran enemigo de los escritos: la incredulidad de un lector.

Para vencer la incredulidad, para persuadir al lector de que es cierto aquello que se le cuenta, el escritor inventa técnicas literarias, se vale de toda clase de estrategias, de estratagemas, de tretas para ser aceptado, a veces en contra de su experiencia primera de la vida. Ese es un proceso en el que uno va enriqueciendo muchísimo su conocimiento de la psicología humana y la psicología no está disociada, por supuesto, de los otros órdenes de la existencia.

Por otra parte, si hay algunos otros géneros en los cuales la intuición prevalece o puede prevalecer, puede hacerlo de una manera determinante. Hay un género, que es el de la novela, en donde la experiencia y el conocimiento son fundamentales. No hay novelistas precoces, a diferencia de lo que ocurre con la poesía. Hay poetas precoces, es verdad. Rimbaud es un poeta que a los 14 años ya había escrito su obra maestra.

Pero no hay nada comparable en la novela. La novela resulta siempre de una experiencia sedimentada y profunda de la vida, una experiencia que se adquiere viviendo y que se adquiere, sobre todo, leyendo. La mejor manera de adquirir una formación para un escritor es leyendo buena literatura y leyendo inteligentemente, no sólo dejándose hechizar, hipnotizar, subyugar por la magia de un estilo, con la eficacia de una técnica, sino también tratando de averiguar qué hay detrás de esa magia, qué hay detrás de ese hechizo que una buena novela ejerce sobre nosotros.

De allí descubre una complejísima estructura formal, verbal, de orden, de construcción de la historia, y todo eso es un conocimiento que no está disociado de la vida, porque las técnicas, las formas artísticas, resultan siempre de una cierta manera de vivir, de entender el mundo, de tal manera que todo eso es conocimiento. Es un conocimiento que no se puede identificar, necesariamente, con el conocimiento académico, ni siquiera con el conocimiento racional, pero es conocimiento; es por eso que los grandes novelistas y las grandes novelas enriquecen extraordinariamente nuestra comprensión de lo que es el mundo, de lo que es la historia, de lo que es la vida. Yo iría incluso un poquito más lejos: diría que la literatura nos da un conocimiento y una dimensión de la vida que ninguna otra disciplina nos puede dar.

La novela, y la literatura en general, nos dan una descripción de aquello que forma parte también de la vida, sin formar parte de la experiencia objetiva. Nos da una información muy precisa sobre aquello que no existe en realidad, pero que quisiéramos que existiera y que como ésta es una necesidad tan poderosa lo inventamos, lo creamos, convertimos esas ilusiones en ficciones y esas ficciones –que no forman parte de la realidad histórica– sí forman parte de la vida, porque complementan, de alguna manera, nuestra existencia. Esa es una realidad humana que sólo la literatura, a través de esas ficciones que crea, nos revela. Es un tema que, desde luego, habría que desarrollar muy largamente, pero creo que se puede resumir de esta manera: la vida no sólo está hecha de verdades, la vida está hecha también de mentiras y unas mentiras que nos contamos nosotros a nosotros mismos, porque no podemos vivir sólo de verdades. Necesitamos también vivir de ilusiones, de ensoñaciones, de mitos, de unas irrealidades que la literatura vuelve realidad.

Trabajar en varios libros a la vez

Ahora bien, hay veces que a uno le preguntan si es posible que un escritor trabaje en varios libros a la vez.
En mi caso, debo confesar que nunca he podido escribir dos libros a la vez, nunca he podido. Cuando estoy escribiendo una novela estoy escribiendo una novela, cuando estoy escribiendo un ensayo, pues escribo un ensayo. De lunes a sábado trabajo en lo que es el proyecto en el que estoy embarcado, los domingos los dedico al periódico.

Los artículos para el periódico los escribo siempre los días domingo y lo hago porque a mí no me gusta la idea del escritor encerrado en un cuarto de corcho, como Proust. Necesito por lo menos un pie al otro lado del escritorio, en la calle, un pie en la historia haciéndose, la vida viviendo y eso para mí es el periodismo.
Por eso escribo esa columna, es una manera de no despegar de la verdad y estar en un mundo de pura imaginación. Pero la literatura es lo que más me gusta.

La literatura es una pasión para mí fundamental, pero no me gustaría vivir sólo en literatura, como viven algunos escritores y algunos grandes escritores. Yo necesito tener siempre un contacto permanente con esa realidad cambiante, riquísima, terrible, que es la realidad en la que estamos inmersos. Ésa es la realidad que alimenta mi literatura. No es el caso de todos los escritores; hay escritores que viven mucho más en su propia fantasía y llegan incluso a desconectarse de la vida, de su entorno. Para mí, esa es una actitud que no me seduce en absoluto. Puedo perfectamente trabajar en una novela de lunes a sábado y, el domingo, cambiar el registro y escribir sobre un tema de actualidad.

Y aquí llego a un punto crucial para un escritor. ¿Puede la literatura cambiar el mundo? Hago una digresión primero.
Para mí, el periodismo es participar en el debate cívico. Tampoco quiero establecer unas reglas generales, hay extraordinarios escritores que tienen un desprecio infinito por los temas de actualidad, los aburre y los desprecian y eso no les ha impedido escribir obras extraordinariamente importantes. En mi caso, la actualidad es muy importante y necesito constantemente sentirme formando parte de esa actualidad y, sobre todo, sentirme participando en ese debate cívico. Ello tiene que ver con mi formación.

Los poderes de la Literatura

Cuando era estudiante, adolescente, había una idea de la literatura que se había divulgado por el mundo a través de los existencialistas franceses, principalmente Sartre y Camus. Eran intelectuales que nos decían que la literatura no solamente era un arte, sino también un instrumento de acción social, de acción política y que a través de la literatura un escritor podía cambiar la historia. Esta es una frase que nunca he olvidado de Sartre: "Las palabras son actos".

La palabra es acto, y si nosotros queremos ser escritores al mismo tiempo, podemos movilizar el mundo en el que estamos inmersos en determinada dirección, dar determinadas batallas en defensa de determinados principios. Esas son las ideas sobre los poderes de la literatura y las responsabilidades del escritor que ya no están de moda. Hoy día, escritores jóvenes en el mundo miran con mucho escepticismo esa idea, incluso la miran de una manera muy despectiva y muy irónica. Dicen: "Qué vanidosos, creen que con un poema pueden cambiar la historia, ¡qué ilusos!"
Creo que un escritor debe ser menos ambicioso, pero hay que aceptar que la literatura es una forma de entretenimiento, desde luego superior, que puede ser extraordinariamente elaborada, que puede enriquecer extraordinariamente la imaginación y la sensibilidad. Ahora hay un tipo de literatura que es la "literatura light" que está tan de moda, que es una literatura que está hecha sólo para entretener. Para mí, esa es una concepción inaceptable. No fui formado dentro de esa idea. Creo que había una cierta ingenuidad con la idea de que con alguna novela o con algún poema uno podía provocar cambios revolucionarios en la sociedad. Esa idea ya no la creo, pero no creo tampoco que la literatura sea un mero entretenimiento, una mera ilusión que vivimos, y que luego se eclipsa sin dejar ninguna huella. No lo creo, porque mi propia experiencia me dice que no ha sido así, que sin los buenos libros que yo he leído mi vida hubiera sido mucho más pobre, más mediocre, más vulgar de lo que ha sido.

Creo haber comprobado que la literatura sí enriquece extraordinariamente la existencia de las personas, aunque no pueda demostrarse y aunque esa influencia sea escurridiza, invisible, pero deja una huella. Entonces, como creo que la palabra escrita y la literatura sí tienen una influencia –de acuerdo con lo que se llamaba cuando yo era joven el compromiso del escritor–, es que escribo artículos periodísticos.

El futuro de la Literatura

Ahora bien, aquí encajamos con otro debate muy actual y es: cuál va a ser el futuro de la literatura. Es algo sobre lo que existe una cierta incertidumbre, en un mundo de revolución audiovisual. Con la aparición de nuevas tecnologías, ¿qué va a ocurrir con la literatura? ¿La cultura del libro se va a mantener? Hay grandes pensadores, grandes críticos que son muy escépticos sobre el futuro de la literatura, entre ellos George Steiner, quien es uno de los grandes críticos literarios, justamente una de las eminencias que ha producido la cultura del libro. Él cree que la literatura está en un proceso de declinación después de durar poco o mucho, pero que en el futuro el mundo de la literatura va a desaparecer o va a convertirse en un mundo muy minoritario y marginal, porque la cultura va a tener un sesgo fundamentalmente audiovisual.Dice que habrá algo que se llame literatura, la literatura de los ordenadores, de las computadoras, pero que no tendrá esencialmente nada que ver con lo que esencialmente entendemos por literatura.

Bueno, no soy adivino, de tal manera que no sé lo que va a ocurrir,pero creo que esa preocupación está justificada; de hecho, las estadísticas nos dicen que se lee más que antes. Creo que también es cierto que esa estadística es un tanto engañosa, porque quienes leen hoy día dan una cabida mucho más pequeña a la literatura o a los libros en sus vidas, que la que daban los lectores de antaño, aunque esos lectores de antaño fueran minoritarios.

Lo que sí me atrevo a decir es que si la literatura desaparece –o se convierte en una actividad más bien marginal–, en el futuro habrá un gran empobrecimiento de la cultura y de la vida en general, aunque esa vida en sus logros económicos refleje un extraordinario progreso. Creo que la literatura cumple una función que no es reemplazable con los medios audiovisuales, y es el dominio del lenguaje. No hay nada que la reemplace como manera de tomar posesión de una lengua, hablar bien, saber expresarse con coherencia y eficacia. Esto no es sólo dominar una técnica de expresión, significa saber pensar mejor. Quien domina una lengua piensa mejor, es capaz de comunicar con muchos más matices, precisión y exactitud sus experiencias y su conocimiento del mundo.

Por otra parte, la literatura es uno de los pocos denominadores comunes que nos queda en el mundo, donde la especialización avanza de una manera arrolladora. El conocimiento se ha fragmentado, ha ido especializándose y esa es una tendencia que no va a disminuir, sino que va a ampliarse cada vez más, justamente con el enriquecimiento extraordinario de las tecnologías, las ciencias.

Por eso, la literatura es uno de los pocos denominadores comunes que existen. Allí, en la literatura, el ingeniero, el arquitecto, el físico, el químico, el albañil encuentran un terreno común, donde descubren que por debajo de todas esas diferencias hay una unidad profunda, una unidad que tiene que ver con nuestra condición, con nuestros sentimientos, con nuestros sueños, con nuestras pasiones. Nos recuerda que formamos parte de una fraternidad o una comunidad.

Con su desaparición, uno de esos denominadores comunes que mantiene todavía la especie solidaria desaparecería.
Creo que hay muchas otras razones para defender la literatura como algo esencial a la vida humana, pero quiero citar una sola: la literatura es una fuente de rebeldía frente a lo existente, y si desapareciera crearía condiciones para que el mundo fuera infinitamente más conformista, incluso para que la comunidad humana fuera manipulada o esclavizada. Para mí, y en ese sentido, la literatura es uno de los grandes valedores de la libertad humana, porque es una fuente de rebeldía, de actitudes críticas frente a lo existente. La literatura con su sola existencia nos está demostrando que el mundo en el que vivimos no nos basta, que esta realidad tal como es, no es suficiente para colmar nuestras expectativas, nuestros sueños.

Queremos algo más porque como seres humanos estamos hechos de esta curiosa dualidad: una existencia que tiene determinadas posibilidades y una imaginación capaz de ir mucho más allá de esos fines y hacerlos presentir y desear una vida más rica, más profunda, más intensa, más diversa que la que tenemos.

La literatura ha nacido, justamente, de esta dualidad que forma la condición humana: como no podemos tener todas las vidas que quisiéramos tener, porque estamos confinados por la existencia en una sola vida, hemos inventado una manera de tener esas otras vidas que nosotros tenemos y vivirlas de la ilusión. Esa es la literatura. Cuando nosotros regresamos a esa vida pequeña, confinada, limitada que es la vida de la realidad, luego de vivir de esa manera arbitraria que nos hace vivir la literatura, ocurre que miramos nuestro entorno y somos mucho más sensibles y lúcidos respecto a sus imperfecciones, respecto a sus limitaciones para colmarnos.

Comparado con el mundo donde viven El Quijote y Sancho, ¡qué mediocre, qué pobre es este mundo que nos rodea! Bueno, esa comprobación sin necesidad que nos planteemos política o biológicamente nos hace sentir un malestar respecto al mundo en que vivimos. Ese malestar es una rebeldía, es una manera de decir "no", el mundo en el que vivimos es un mundo que está mal hecho, y está mal hecho porque a mí me obliga a ir a buscar en el mundo de la ficción aquello que este mundo no me puede dar.

Creo que si la literatura desaparece o se convierte en una actividad clandestina o de catacumbas esa fuente de desasosiego, de crítica, de rebeldía frente a lo existente quedaría sesgada; y sería mucho más fácil para los poderes esclavizar a los seres humanos, manipularlos, hacerlos actuar y comportarse como si el mundo en el que viven fuera un mundo bien hecho y capaz de satisfacer todos sus anhelos y sueños. Es decir, la libertad quedaría recortada y amenazada. Por eso, hay que defender la literatura y no sólo como esa fuente extraordinaria de placer que es, sino, antes que nada y sobre todo, porque nos da placer, nos hace pasar unos momentos absolutamente maravillosos, compartiendo esas existencias formidables de los personajes de la ficción.

Pero, además, y sobre todo, porque nos enriquece y, de alguna manera, nos hace grandes y nos hace movilizadores del cambio. Para que el mundo cambie tiene que haber un descontento, conciencia clara de que el mundo tal como es no es suficiente, no es bastante para lo que nosotros queremos y aspiramos. De esta actitud nace el progreso, y para que esta actitud se mantenga y sea viva, la literatura es indispensable. Por eso, la literatura de ninguna manera debe ser una especialidad.

La literatura es un denominador común, se hace para todos y si se aparta del común, entonces pierde su razón de ser y se convierte en una caricatura de lo que ha sido siempre.

Los escritores y la Literatura “nacional”

Hay otro punto al que me quiero referir y es al hecho de que en muchos países a veces se debate, en forma que para mí no tiene sentido, sobre si hay que hacer obligatoria la lectura de los autores nacionales. Y voy a decir esto:
Yo siempre he leído por placer. Cuando era estudiante universitario tenía que leer muchas veces por obligación, pero ya no lo hago. Leo exclusivamente por placer y jamás creo haber leído por consideración de tipo nacionalista, por ejemplo. No porque soy peruano tengo que leer a los escritores peruanos. Eso me parece una aberración terrible.

En primer lugar, el nacionalismo me parece ya una aberración, pero el nacionalismo aplicado a la cultura me parece la peor de las aberraciones, lo que más puede distorsionar el criterio de las personas. Leo por placer, leo aquello que me seduce, que me interesa. Cuando sé que hay un libro que es interesante o que, de alguna manera, toca mi interés, procuro leerlo. Me pasa algo y lo digo ahora con mucha nostalgia: he descubierto algo que generalmente los jóvenes no descubren, felizmente para ellos. Y es que no se pueden leer todos los libros.

Cuando yo tenía quince años creía que podía leer todos los libros; maravillosa inocencia. Y después pasan los años y uno descubre que no puede leer todos los libros, y lo descubre cuando los libros van creciendo y uno empieza a seleccionar los indispensables; y luego descubre que los libros indispensables van creciendo y que las horas que uno tiene para leer van disminuyendo; y que entonces debe ser muy estricto y muy riguroso con sus lecturas, si no quiere perder el tiempo.

Dicho esto, puedo decir también que no solo leo literatura, sino que dedico mucho tiempo a leer cosas relacionadas con mi trabajo. Por ejemplo, para escribir el libro sobre Flora Tristán y Paul Gauguin, leí muchísimos libros sobre utopías del siglo XIX, sobre lo que era la vida política, cultural, ideológica, artística en Francia en el siglo XIX. Porque si no, es difícil entender lo que eran Flora Tristán y Paul Gauguin. Son lecturas, además, que me resultan muy apasionantes porque me van dando materiales para mi propio trabajo, pero claro, eso me limita el tiempo. Tengo que leer por el puro placer, como el lector puro.

Y claro que leo a los autores peruanos que son interesantes; a Bryce lo he leído, he leído mucho a Julio Ramón Ribeyro. Julio Ramón Ribeyro era un poquito mayor que yo, pero más o menos se podría decir que formábamos parte de la misma generación y entonces a los de su misma generación uno siempre los lee, los sigue de cerca porque aprende mucho de ellos y es una manera de leerse a sí mismo.

Yo me atrevería a aconsejar a los jóvenes; no se debe dar consejos a los jóvenes,
entre otras cosas porque no hacen caso a los consejos de los viejos y hacen bien, naturalmente hacen bien, pero de todas maneras me atrevería a darles un consejo: no hay que leer literatura poniendo esa perspectiva de por medio, el Perú, lo peruano, lo ecuatoriano y el Ecuador porque ese es un criterio que desnaturaliza profundamente la obra literaria. Hay un crítico muy divertido, desgraciadamente ya no está entre nosotros, José Durán, que tenía una fórmula que era mortal para criticar a los escritores peruanos que no le gustaban. Decía: "Para ser escritor peruano, está bien".

Ningún escritor debe aceptar ese tipo de argumentaciones, no se trata de ser un buen escritor peruano, o colombiano, o mexicano, se trata de ser un buen escritor, un buen poeta, un buen novelista y hay que fijarse los topes más altos a la hora de escribir. Se trata de ser un buen escritor, y a la hora de escribir volcarse entero y fijarse esos topes que nos llevan a una autocrítica tremenda, a una autocrítica feroz. No hacer concesiones, mucho menos en función de nuestro entorno, porque quien escribe haciendo ese tipo de concesiones irremediablemente va a escribir mal; hay que fijarse topes muy altos, volcarse entero en el trabajo como si quien nos fuera a leer, fueran a ser los lectores más cultos, exigentes y rigurosos del mundo.

Yo tuve la fortuna de trabajar cinco años, cuando era estudiante universitario de San Marcos, con Raúl Porras Barrenechea, un historiador al que yo le debo muchísimas cosas. Un hombre realmente extraordinario; y unas de las cosas que le debo a Raúl Porras Barrenechea es esa actitud frente a su propio trabajo. Él preparaba sus clases en San Marcos como si los estudiantes que iban a escucharlas fueran los estudiantes más cultos, más intransigentes en materia de historia del mundo.

Entonces este señor –que llevaba varios años enseñando y sabía tanto de la historia del Perú, sobre todo del Descubrimiento y la Conquista–, seguía en su vejez preparando sus clases como el profesor que va dar su primera clase, lleno de temor; verificaba sus fichas, comprobaba la certeza de sus datos y era porque tenía una altísima visión de lo que era su propio oficio y su propia vocación. Su tope no era ser tan bueno o mejor que Luis Alberto Sánchez, o que Valcárcel, o que Basadre. Su tope era ser un gran historiador.

Esa es la actitud que creo debe tener el joven o la muchacha que escribe, que compone. El joven que descubre la pintura, la música, debe fijarse las metas más amplias y exigirse, y criticarse y autocriticarse y no hacer concesiones consigo mismo. Esa actitud es fundamental para acertar a la hora de escribir.

¿Cuál es el proceso creativo de sus libros?

Veamos ahora cómo es que empiezo y cómo creo mis personajes. Digamos que el proceso que está detrás de cada libro que he escrito –me refiero sobre todo a los libros de creación, no a los ensayos–, siempre ha tenido un punto de partida bastante misterioso, porque nunca ha sido algo deliberado.

Nunca he elegido con toda frialdad, de una manera puramente racional, escribir una novela, una obra de teatro, o un cuento sobre determinado tema. He escrito las historias que he escrito porque algo me ha pasado, algo que, por alguna razón, para mí oscura, ha dejado en mi memoria imágenes que a los pocos días, a las pocas semanas y a veces bastante tiempo después, se convierten en un fermento para la fantasía.

Generalmente cuando digo "bueno, esta es una historia sobre la que yo debería escribir", he estado ya trabajando sin darme cuenta en esa historia, siempre a partir de experiencias vividas, una persona que conocí, algo que oí, a veces algo que leí; algo que deja imágenes que se convierten, poco a poco, en un gran estímulo para fantasear alrededor de ellas, para ir creando alrededor, como el embrión de una historia.

Cuando me decido a tomar notas, empiezo a trabajar haciendo algunas trayectorias anecdóticas, haciendo fichas sobre posibles personajes, y es que en realidad, sin darme cuenta, ya he estado trabajando. Todas las historias que he escrito han tenido es comienzo. No quiero decir con esto que todo lo que he escrito es autobiográfico, no. Ese es siempre el punto de partida y luego, lógicamente, a esas imágenes que sí tienen una raíz autobiográfica, se añaden muchas otras que son obra de la invención.

Una cosa que es fascinante para mí es que esas imágenes que desencadenan ese proceso creativo atraen otras. Me ha pasado, por ejemplo, que hace muchísimos años, viendo un libro de historia del anarquismo español, leí que un grupo anarquista de Barcelona – cuando el anarquismo tuvo mucho auge, en el siglo XIX–, había quedado fascinado con las teorías de Franz Joseph Gall; había inventado la frenología, una seudo ciencia bastante popular en el siglo XIX, según la cual en los huesos de la cabeza estaba representada el alma, la psiquis de la personalidad.

Se concluía que, auscultando los huesos de la cabeza, podían determinar perfectamente la psicología, la personalidad y en cierta forma el destino, la historia de las personas. Este grupo de anarquistas catalanes pensó que la frenología era la fundamentación científica de materialismo. Entonces ellos asumieron la frenología como parte de su ideología y se convirtieron en anarquistas frenólogos.

Esta historia me fascinó e inmediatamente me sugirió la idea de un personaje, un anarquista frenólogo. Ahora, si yo escribía en esa época novelas contemporáneas situadas en el Perú ¿cómo metía en una historia peruana contemporánea a un anarquista frenólogo? Era absolutamente írrito al mundo que era mi mundo literario. Entonces me quedé con la preocupación de que a este personaje yo no tenía, simplemente, dónde ponerlo.

Bastante tiempo después leí un libro maravilloso de un escritor brasileño que trata de explicarse las razones de una guerra civil que causó estragos en el noreste brasileño en el interior de Bahía, a fines del siglo XIX. A mí ese libro me fascinó tanto que me sugirió la idea de una novela de estirpe histórica situada en esa época y cuando empecé a escribirla, de pronto la vieja idea que ya creía enterrada y olvidada del anarquista frenólogo, resucitó.

¿Por qué resucitó? Yo tenía allí, como almacenado en la memoria sin saber dónde meterlo, hasta que empecé a escribir "La guerra del fin del mundo". Esto me pasa constantemente con las novelas que escribo: me embarco en un proyecto a partir de una experiencia que resulta enormemente estimulante para la imaginación y en este proceso de pronto van reapareciendo viejos estímulos, viejos proyectos enterrados en el fondo de la memoria, porque en este proceso –que es muy fascinante y que no es un proceso que yo acabe de entender en términos racionales– tengo la impresión de convertirme en una especie de caníbal, de persona que utiliza todo, se vale de todo lo que tiene allí en su imaginación o a su alrededor para ir amoblando, enriqueciendo esa historia en la que estoy trabajando.

Lo único que tengo más o menos claro es la historia que quiero contar y nada más. Yo sé que una historia no es solamente una historia. Una historia transpira luego todo tipo de ideas, de valores o desvalores. Pienso que si uno quiere transmitir un mensaje cultural, o de tipo ideológico, de tipo político, religioso, lo mejor es que escriba un ensayo y no que se valga de una ficción como vehículo para determinadas convicciones. Generalmente, las obras literarias que pretenden servirse de la ficción como un instrumento para la propagación de determinadas verdades son muy malas obras literarias, porque no hay en ellas esa libertad que un lector exige siempre de los personajes de una historia. Si un personaje no es libre, si un personaje aparece como el muñeco de un titiritero al que el autor va utilizando o manipulando para que predique, para que haga apostolado a favor de determinada causa, pues se siente que ese personaje no es libre, que ese personaje es un mero testaferro; y si ese personaje no es libre, pues no me inspira ninguna credibilidad su manera de actuar.

Es fundamental que los personajes de una historia sean libres o le parezcan libres a un lector. Creo que el autor debe tratar a los personajes con el máximo respeto y luego de crearlos aceptar que esas criaturas son ya soberanas e independientes, que no se puede forzarlas a actuar de una manera írrita a su propia personalidad, a su propia constitución cultural, anímica o biológica. Esa espontaneidad es uno de los ingredientes fundamentales para que una historia y unos personajes tengan poder de persuasión, que es lo que hace que ciertas obras literarias les parezcan la encarnación misma de la vida y otras parezcan, más bien, palabra muerta.

Por Mario Vargas Llosa

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