Un cajón de sastre al azar

Un cajón de sastre al azar
Imagen de Anita Smith en Pixabay
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domingo, septiembre 16, 2012

Capítulo 24: Momentos perdurables.

 
brown tree
Esto de comer donas es realmente adictivo. No sé si debería comer otra más. Creo que si. De todas formas para eso están hechas. Veamos, escogeré… ¡Esta! La que tiene caramelo y relleno de crema pastelera. Muerdo. Está dulce. Me encanta lo dulce. Podría vivir comiendo donas toda mi vida pero moriría seguramente de diabetes…o de obesidad.
Hace una hora vino Karla y trajo consigo una caja con donas de una tienda de repostería llamada Puffle, que curiosamente la misma empresa también tiene una librería llamada de la misma manera. Los pasteles del lugar son deliciosos y las donas ni dudarlo. Karla ha traído también consigo tres porciones de pastel para probarlos. Pronto cumplirá años Cori y queremos celebrarle sus bien merecidos 18 años. Me causa un poco de gracia saber que ya será mayor de edad. ¡Diablos! Pronto yo también lo seré. Me pregunto seriamente cada día si realmente estoy creciendo. Bueno, sé que físicamente lo hago, pero psicológicamente no sé si estoy preparado para el asunto. A mi corta y mísera edad he podido concluir que adulto no es aquel que tiene más años, sino aquel que madura sin necesidad de cumplirlos, y en cuanto a eso último, no estoy seguro si estaré dentro de ese aspecto.
—Bien, supongo que es momento de probar el pastel—me dice Karla, sacando un trozo de la caja.
La primera porción tiene una buena pinta. Es de vainilla, con frutilla en almíbar encima. Es realmente tentador. Karla siempre ha tenido un buen ojo para este tipo de cosas, es por eso que ha sido ella quien se encargue de la compra del pastel. En cuanto a mi, me tocará lo de los invitados y la bebida. André y Kathy se ocuparan de la comida, así que están todas las áreas cubiertas. Tránsito por su parte, le hemos dicho que no es necesario que ayude, la pobre se mata todos los días en casa cocinando y limpiando, así que es mejor que descanse. Lo único que le hemos pedido es que no le mencione nada a Cori. Ambos se han hecho últimamente buenos amigos, siempre hablan de una cosa u otra y pareciera que se conocen desde hace tiempos. En fin, Cori parece un anciano cuando de charlar se trata. Él dice que le encanta escuchar a las personas, porque siempre tienen algo para contar, y que además, cada historia por mas pequeña que sea termina siendo interesante. Por su parte, Tránsito dice que Cori siempre tiene un tema de conversación para ella y que por eso nunca se aburren. Es curioso.
—¿Le dejaremos a André, Kathy y a Tránsito para que lo prueben?
—¡Bah!—le rezongo—. Ellos se han ido a la ciudad a quien sabe qué, así que se lo pierden.
—Entonces a comer se ha dicho—me dice Karla, pasándome un tenedor.
Nos disponemos a comer el pastel, cortando pequeños trozos para saborearlo más lentamente. Está bastante bueno. Es que la verdad, todo pastel me encanta, así que creo que me será difícil escoger entre las otras dos porciones.
Suena mi móvil. Un mensaje de texto. Es Cori. Dice que viene para acá. ¡Esperen! ¡Viene para acá! ¡Dios! Y nosotros con estas cosas probándolas. Se dará cuenta que estamos tramando algo…o posiblemente piense que no le quisimos invitar a comer pastel. Posiblemente se moleste. La última vez que traje crepas de la ciudad y me las comí todas—eran seis por cierto—se molestó conmigo por todo un día y me dijo glotón y bestia por no haberle dicho que tenía crepas. A él le encanta tanto lo dulce como a mi, qué se le puede hacer.
—¿Sucede algo?—inquiere Karla
—Cori dice que viene para acá.
—¡Mierda! ¿Cuánto tiempo?
—No dijo, solo dice que ya…
Escuchamos como la puerta de la entrada se abre y como Cori me llama desde la entrada. ¡Diablos! Nos verá comiendo el tonto pastel. Veamos, piensa rápido Sasha, ¿Dónde esconderlo? ¿La nevera? ¡No! Él siempre va en busca de algo que comer ahí. ¡En el horno! ¡Si, ahí!
Karla en un intento desesperado se zampa el trozo de pastel a la boca llenándose toda la cara de crema batida. No puedo evitar reírme y le ayudo lo más que puedo a limpiarla pero es tanta crema batida que lo primero que se me viene a la mente el lamerle la mejilla y quitarle toda la crema. Ella se ríe cuando lo hago mientras que yo trato afanosamente de limpiarle la cara con la lengua. ¡Que cosas! Me rio mientras lo hago. Volteo la cara de Karla hacia el otro lado y cuando estoy a punto de lamerle la otra mejilla veo a Cori parado en la entrada de la cocina, perplejo y con la boca abierta ante lo que ve.
—¿Qué…se supone que hacen?—pregunta extrañado.
—¿Limpiamos?—le digo intentando excusarnos a Karla y a mi.
—Si, claro—masculla él con sarcasmo—. Estabas a punto de besar a Karla.
—¿Qué?—pregunto algo sorprendido.
—Ibas a hacerlo. ¿A caso crees que soy estúpido?
—Venga, que solo le quitaba la crema batida de la cara—le digo tratando de calmarlo. Si Cori sigue con esta tonta conversación y sus celos, entonces meterá la pata, y lo hará en el peor de los momentos.
—Nadie iba a besarme—advierte Karla terminando de limpiarse el rostro—Además ¿Por qué tanto alboroto porque me bese o no?
Cori simplemente se queda callado y se limita a levantar una ceja. No sé qué demonios cruza en estos momentos por su mente pero espero y no se le ocurra decir absolutamente nada extraño. Karla aun no sabe nada y estoy buscando el momento justo para decirle acerca de lo que sucede con Cori y conmigo. No quiero que vaya a pensar mal al respecto.
—El alboroto no es por eso—musita Cori, desviando su mirada. Puedo notar que realmente se ve molesto—es por el puto pastel que sé que estaban comiendo ¡Y no me han dado!
Respiro. Ok, en serio, respiro de alivio. Por un momento pensé Cori le iba a decir a Karla “Es por Sasha” Eso si hubiese sido un problema. ¡Fiu!
—A veces me preocupas, en serio—le dice Karla—. Creo que tus hormonas se están alborotando demasiado.
—Culpa al calentamiento global—comenta Cori, encogiéndose de hombros.
Karla ríe y deja de lado la actitud de Cori. Supongo que no le tomó mucha importancia, o eso espero. Creo que debo de ir pensando seriamente en decirle a Karla sobre el asunto, o si no, luego puede ser muy tarde. No quiero que llegue a pensar que no se lo he contado desde un principio porque no le tengo confianza. Lo que siento más bien es miedo…y aun no sé a que es que le tengo miedo.
—Voy mejor a lavarme la cara—comenta ella—Si no se me pegaran moscas.
Karla se va al lavabo del baño a lavarse y quedamos Cori y yo solos. Es algo incomodo, pues no sé que cruza exactamente por su mente en estos momentos. Lo único que sé es que lo que dijo hace poco no es la verdad, el alboroto no fue por el pastel, fue por otra cosa, que él y yo sabemos que tienen que ver con nosotros. No entiendo por qué Cori se ha puesto de esta manera. Además, es de Karla de quien hablamos, nuestra mejor amiga. ¡Que carajos le sucede! Comprendo que se pueda poner de esa manera, está bien, al final, celos puede sentir todo el mundo, pero no con Karla, no con ella. Era a esto a lo que no quería llegar algún día.
Cori se acerca y se sienta a la mesa, junto a mí, en silencio. Pasa su dedo índice por la comisura de mi labio y quita de ella un poco de crema batida que no he podido relamer y se la come. Bien, ha logrado incomodarme en el mejor de los sentidos. Siento la cara tibia, creo que ya me sonroje.
Me observa.
Simplemente me observa y sin decir nada siento que me examina ávidamente. ¿Qué es lo que piensa? Necesito saber que ideas son las que rondan en su cabeza. Me es un poco difícil saber que es cada ocurrencia de Cori. Es que simplemente no puedo, cada día me sorprende con algo y es eso lo que lo hace tan jodidamente especial, pero a la vez me molesta, porque él si puede, con bastante sencillez, darse cuenta de la mayoría de cosas que hago y que estoy por hacer. ¡Lo odio! Ok, no, no es cierto. Lo amo.
Estoy pensando demasiada mierda.
—Perdón—musita
Esperen. Se ha disculpado. Bien, eso no era necesario. Mejor dicho, ¿A que vienen esas disculpas?
—¿Por qué?—le pregunto.
—Por lo de hace un rato—me dice con un tono de voz que denota vergüenza—. Dije lo primero que se me vino a la mente, yo no pensé, por eso, perdón.
—Vamos, no es para tanto—le digo, dándole unas palmadas en el hombro—. Supongo que yo hubiese reaccionado de la misma manera si te hubiese visto con alguien más.
—Ese no es el punto—musita—. Es de Karla de quien estamos hablando.
Entonces se ha dado cuenta. Entonces si lo notó. Ven lo que les digo. Es esa habilidad tan nata de Cori de darse cuenta de lo que pienso, de lo que me inquieta, de aquello a lo que le tengo miedo. En ese aspecto me siento inútil, porque aun no tengo esa habilidad con él, y me es algo difícil saber cuando algo puede estar bien o mal en Cori.
—Aun no sabe nada—le digo casi en un susurro—. Pero pienso decírselo.
—No es necesario si no quieres, Sasha.
—Se lo diré.
—En serio, no es necesario—reitera él—.
Ambos nos volvemos a quedar en silencio, con nuestra mirada pegada a la mesa. Así que estaba en lo correcto. Fueron celos. Es un poco incomodo realmente que otro chico sienta celos por mi, pero es Cori, y bueno, considerando la situación y a sus implicados, es, hasta cierto punto, tierno. Ahora que lo pienso detenidamente, Cori no suele tener celos de nadie. Es bastante extraño. La única vez que lo había visto tener celos bastante serios fue hasta hace unos cuantos días que regrese al instituto. Si supiera que Kathy es quien mira mis erecciones mañaneras entonces lo pusiera en que pensar. Una chica, un chico y su erección de la mañana, juntos, no es muy buena idea que se diga, si saben a que me refiero.
Regresando al tema de hace unos días, ¿Les conté que tenemos a dos nuevos compañeros de intercambio? Pues verán, el lunes de hace unas dos semanas que regresé al instituto, me encontré con la sorpresa de dos nuevos estudiantes en nuestro salón, que por un programa de intercambio en el extranjero serían estudiantes de Longmont Sunset. Son de nacionalidad alemana, del estado de Baviera, Múnich para ser más exacto. La chica, llamada Jennel, y el chico, llamado Nixon, terminaron siendo compañeros nuestros por sugerencia del señor Donovan. Karla, al igual que yo, manejamos el alemán bastante bien, al igual que el francés, el italiano y el español, y pues por esa facilidad de los idiomas es que fue sugerente la idea de que tocaran con nosotros. Cori por su parte, a pesar de que maneja el italiano y el español, el alemán no es su fuerte, más sin embargo es el único que puede hablar mandarín. ¡Es un hijo de su madre! ¡A él se le hizo bastante fácil aprenderlo! Que envidia de la buena la que le tengo.
—Bien chicos—nos dijo el señor Donovan—los dejo en sus manos. Muéstrenles el instituto y sus alrededores ¿Confió en ustedes?
—No se preocupe señor Donovan—contesto Karla—haremos todo lo posible por hacerlos sentir a gusto.
Y así fue como terminamos haciéndonos amigos de Jennel y Nixon. Es un poco curiosa su complexión física. Jennel es alta y delgada, rubia, de ojos color miel y de tez blanca. En cuanto a Nixon, su cabello también es rubio, es de mi misma estatura y curiosamente también tiene los ojos azules como los míos pero tiene la misma contextura del cuerpo de Cori. En fin, parecen alemanes, que mas les puedo decir.
—Hallo, jungs—nos saludó Nixon.
Cori hizo una mueca y volvió a mirarnos a Karla y a mí en busca de una traducción.
—¿Nos insultó?—preguntó Cori con bastante curiosidad
Karla rió por el comentario de Cori cosa que también me causo gracia. Jennel y Nixon solo nos miraron extrañados por nuestra reacción a lo cual Karla salió a explicarles del por qué nos reíamos. A ellos también pareció causarles gracia.
—Han dicho “Hola” en alemán—le digo a Cori—. No te preocupes que no es insulto.
—Gracias al cielo. Estaba a punto de pararme y golpearlo.
—Scheiße, eso si es un insulto—comenta Nixon—. No permitas que nadie te diga Stück von scheiße.
—¿A sí?—inquirió Cori—¿Por qué?
—Significa “pedazo de mierda”—traduce Jennel
—¡Já! Que cosas—dice Cori riendo—¡Esperen! ¡Ustedes hablan perfectamente el inglés! ¡Carajo! ¿Por qué no lo mencionaron desde un principio?
—No nos lo preguntaron—advirtió Nixon riendo.
Fue bastante interesante tratar en un principio con los nuevos chicos. Una cultura distinta a la habitual es toda una caja de sorpresas, comenzando por sus costumbres y maneras de expresarse. Aunque debo darles el crédito a Nixon y Jennel de manejar bastante bien el ingles. Me sorprendió realmente el hecho de que lo hablasen tan fluido.
Jennel es bastante animada y su manera de ser y actuar me agrada mucho. Desde que llegó me paso bastante de mi tiempo con ella hablando. Sus historias me parecen muy entretenidas porque siempre me cuenta acerca del lugar en donde estudiaba en Múnich y en donde vivía. También me comentó que ella y Nixon también eran compañeros de salón en Alemania y que han crecido prácticamente juntos. Tal parece que ella y él se llevan bastante bien cosa que se me hace bastante lógica considerando que se conocen desde la infancia, como Karla y yo.
En esta última semana me he tenido que pasar mis tardes y ratos libres con Jennel debido a las clases que debe reponer. Al ser una estudiante de intercambio debe de ponerse al día con nosotros, además de ello tengo que explicarle unas cuantas cosas respecto a historia que no comprende. Karla por su parte es quien se ha encargado de ayudar a Nixon, así que ambos nos hemos visto ocupados estos últimos días.
Cori siempre se molestó porque pasaba demasiado tiempo con Jennel. Él dice que un día de estos la chica le terminará robando lo más preciado que tiene él en el mundo. A veces siento que Cori es demasiado posesivo en cuanto a estas cosas y no sé por qué. Digo, él tiene su club de fanáticas dementes que lo acosan día y noche y yo no rezongo no pío. Bien, si lo hago, pero en mis adentros, y trato de no molestarlo con ello. Me digo a mi mismo que Cori es Cori y que él no cambiará conmigo ni me cambiará por nadie. Lo sé porque lo conozco, lo sé porque el me lo ha dicho miles de veces seguido de las palabras que provoca que me sonroje cuando me las susurra al oído: Te amo. Es ridículamente tierno, y hasta cierto punto me agrada esa parte de él. Ok, esto me esta sabiendo algo gay, pero aclaro que dentro de la ensimismada conciencia de la mayoría de personas que puedan pensar que realmente es algo gay déjenme decirles que no, no lo es. Piénsenlo por un momento y dejen de lado la típica idea de que personas que se quieren siendo de un mismo genero son gay o lesbianas—en el caso de las mujeres—y traten de dejar de lado los prejuicios. Al menos de esa manera lo veo yo, porque amo a Cori no porque sea un chico, no porque me atraiga su físico—y si ustedes lo piensan detenidamente se darán cuenta que él tiene un buen físico y es por eso que es tan popular entre las chicas—y tampoco lo amo porque se me cruce por la cabeza reventarle un día el trasero. Ambos sabemos que eso no pasara…o al menos eso creo. Eso espero. Más bien lo amo por ser como es. Es su forma tan desinhibida de muchos prejuicios y su manera tan amplia de ver las cosas, es la manera en la que me trata, en la que me habla, es la manera en la que me demuestra cuan grande es el amor que él me tiene lo que me impide negarme que lo quiero con todas mis fuerzas y es ahí donde concluyo que Cori no es solo un chico; Cori es un ser humano…Cori es Cori.
—Si esa chica quiere besarte tú dile que tienes el virus del papiloma humano—me dijo él, un día en el que me dirigía a la biblioteca a reunirme con Jennel.
—No voy a decirle eso—le dije riendo.
—¡Ajá!—exclamó—¡Lo sabía! Te gusta Jennel.
—Bueno, es linda. A ti también te gusta.
—¿A qué es linda?—me dijo con una cara de embobado, como quien se imagina algo bastante bueno—¡Oye! No me cambies el tema.
—Bien, bien. No te preocupes, no pasará nada.
—¿Me lo prometes?
—¿Por qué te preocupa tanto?
—La carne es débil—me dijo encogiéndose de hombros—lo digo por experiencia.
—Bien, ahora me da miedo preguntar por qué carajos dices eso.
—Tú solo hazme caso.
—Está bien—le refunfuñe—de todas maneras…ya te tengo a ti.
Fue de esa manera como Cori dio por sentado que le causaba celos que Jennel pasara tanto tiempo conmigo. Esperen, acabo de recordar algo. Nixon vendrá ahora a mi casa. Unos minutos antes de que comenzáramos con la tarea de comernos la repostería, Nixon llamó a Karla diciéndole que llegaría a su casa. Le sugerí a Karla que le dijese a Nixon que viniera hasta aquí, al final también Jennel vendría hoy para que continuara ayudándole, así entre cuatro avanzábamos más rápido. Eso explica la tan repentina aparición de Cori. El muy perverso sabía que Jennel estaría acá y por eso ha venido. Tontos celos…ok, lindos celos, no lo niego. ¡Mierda! Creo que voy a enloquecer.
Karla ha regresado de lavarse la cara y ya no hay más crema batida en su rostro. ¿Saben una cosa? Karla se mira…linda. Es que no sé por qué lo he pensado en estos momentos pero debo decir que se mira linda. Ella no usa maquillaje en exceso, tiende a arreglarse poco el cabello pues es lizo y recogérselo con una coleta hace más que suficiente para que se le vea perfecto, tiene una sonrisa bastante hermosa y una mirada provocadora. Ahora comprendo por qué Nixon se mira bastante interesado en ella.
Hace unos días Nixon me comentaba acerca de Karla y me decía un sinfín de cosas acerca de que tan hermosa era ella. Hablaba de Karla como si la vida se le pudiese ir en ello, exaltando cada detalle y cada cosa que denotaban interés por parte de él hacia ella. Karla aún no lo sabe, y Nixon me ha dicho que no le comente nada al respecto. Él solo se ha limitado a comentarme al respecto, supongo que espera que le ayude con ello. No voy a negarme la verdad, aunque me incomoda un poco hacerlo. Nixon es un buen chico, es bastante inteligente, es atento, amable y de buen parecer, aún así, a mis ojos, nunca habrá nadie lo suficientemente bueno para Karla. A menos que, suplantando a Nixon, estuviese Cori, entonces haría una excepción, pero mientras tanto, no habrá nadie. No lo sé, tal vez sea eso lo que me incomode. ¿Celos? Posiblemente. Karla es una de las cosas más valiosas que tengo en mi vida, es un complemento de mi mundo y una de las columnas que sostiene mi existir, y no pretendo dejar que nadie la dañe. Tal vez sea eso lo que me impide considerar a alguien adecuado para ella. Me preocupa. Es seguramente de esos celos que siente un amigo por su mejor amiga. ¿Les ha sucedido alguna vez? ¿Sentir celos por su mejor amigo o amiga, protegerlos a toda costa de lo que pueda dañarlos y de aquello que pueda alejarlos de ustedes? Supongo que es eso lo que me sucede. Puede sonar egoísta de mi parte, pero me gusta pensar que ese egoísmo es del bueno.
Espero que Nixon y Jennel no se pierdan en el camino. Les he dibujado un mapa y se los envié como fotografía en un mensaje de texto, para que lleguen hasta acá sin dificultades, pero considerando que no conocen mucho el área cabe la posibilidad de que se extravíen.
—Acaba de llamarme Jennel—me comenta Karla sentándose a la mesa con nosotros—Dice que llegaran en un momento.
—¿Han tenido algún inconveniente?—le pregunto un poco preocupado—Ya se han tardado demasiado.
—No, están bien. Dice que ha sido culpa de Nixon que se ha quedado dormido.
—Me recuerda vagamente a alguien—musita Cori, levantándose a coger algo de la nevera. Mas vale que no metí ahí la caja con repostería.
—Si—le rezongo—a ti, pedazo de dormilón.
—Yo simplemente estoy a favor de la conservación de la energía—me dice despreocupadamente.
Ha provocado que nos riamos con esto ultimo. El siempre con sus ocurrencias. Es realmente raro ver dormir a Cori. Despierto es tan animado y activo, pero cuando duerme, es como si viesen a un bebe tomando su siesta. Pero ni yo que puedo dormir como piedra me veo tan apacible.
—Por cierto, Karla—advierte Cori—¿Qué has pensado de lo qué te dije?
—Aun no lo sé. Tengo otras cosas en mente.
—¿Entonces le digo que no?
—Lo haré yo—comenta ella resoplando—Ya sabes que no puedo.
—¿Sería alguien tan amable de decirme de qué diablos hablan?
Cori me mira y me sonríe. Luego mira a Karla y suelta una carcajada. Bien, debo decir que estoy en las nubes.
—El capitán del equipo de Futbol quiere con Karla—me dice Cori volviendo a sentarse a la mesa—Desde hace un mes más o menos viene jodiendome que le diga a Karla que salga con él.
—Será en sus sueños—masculla ella—. Es una bestia, así que ni lo piense. Es demasiado…puto, si, esa es la palabra, demasiado puto para mi gusto.
—Ya veo—le digo un poco sorprendido—. ¿Y por qué dices que no puedes?
—Yo tengo mis gustos—me dice extendiendo su mano. Ha quitado una pestaña de mi mejilla.
—¿A sí?—inquiere Cori.
—Pues si—advierte ella—. No es que sea exigente, es simplemente que no me va a gustar cualquier idiota.
—Nixon parece un buen chico—le comento, tratando de insinuarle al respecto.
Karla me mira y luego voltea a ver a Cori. Él se encoge de hombros y se dispone mejor a comerse una mandarina que ha sacado de la nevera.
—¿Te parece?—me dice ella.
—Eso creo. Venga que además es alemán. Tendrás tus ventajas—le digo riendo.
—¿Y eso que tiene que ver?—me pregunta nuevamente desconcertada.
Cori suelta una carcajada y capta rápidamente a que me refiero. No se si sea conveniente mencionárselo a Karla, pero supongo que se reirá también si se lo digo.
—¿Es que acaso nunca lo has escuchado?—masculla Cori, riendo mientras come la mandarina.
—Yo que demonios voy a saber de qué están hablando.
—Venga, no te hagas la inocente—le reclama él—que de eso no tienes nada.
—Pues realmente no me queda de otra, chicos. No sé de qué están hablando.
Karla voltea, me mira fijamente y frunce el ceño. Creo que ella está diciendo la verdad y no sabe al respecto. Cuando lees te das cuenta de muchas cosas, en especial cuando lees revistas sobre curiosidades variadas. Aunque no lo crean, la historia puede enseñarte bastante…mucho diría yo.
—Si no me lo dices, te agarro de los testículos—masculla ella con bastante determinación.
—¿¡Qué!?—exclamamos Cori y yo al unísono.
—¡Dime!
—No te atreverías—le digo retándola.
¡Igh! ¡Carajo! ¡No debí de haberla subestimado! ¡Lo ha hecho! Es una sensación extraña.
—Suelta, ¡suelta!—le imploro encogiéndome.
—¡Entonces dime!
Cori ríe descontroladamente por ver tal escena. ¡Debería de decirle que me suelte en vez de ponerse a reír! ¡Esto me está incomodando! Si Karla sigue así entonces yo…yo…¡Mierda! ¡Tiene que soltarme antes de que sienta mi erección!
—¡Bien! ¡Pero suéltame!
—Primero dime—refunfuña.
—¡La tienen enorme! ¿Si?—le digo casi gritando—¡Gruesa y enorme! ¡Ahora suéltame!
—Ah, era eso—me dice ella dejando en paz mis bolas—. ¿Cómo es que ustedes saben eso y yo no?
—Cosas de hombres—dice Cori—.
—Si, claro. Y yo nací ayer.
—Lectura—le digo a ella aun encogido, tratando de recuperar el aire que se me escapó por tal hazaña—. Y porno; mira porno mas a menudo y te darás cuenta de muchas cosas.
—Son unos degenerados—nos dice ella riendo.
—Las alemanas tienen lo suyo—le decimos Cori y yo al unísono.
—Tienen unos senos enormes—comenta Cori.
—Y su trasero es espectacular—le agrego.
—No se si llamarlos degenerados o necesitados—nos dice ella con desdén.
—Qué te puedo decir—dice Cori terminando de comer el ultimo gajo de mandarina—la porno alemana es la mejor.
Soltamos una carcajada ante tal aseveración, tanto que Cori escapa a ahogarse. Estas conversaciones así son un poco interesantes. Al final, siempre terminan en risas y alguna que otra estupidez, pero al mismo tiempo, es un poco liberador. No lo sé, no hablas tan abiertamente todo el tiempo con cualquier persona, y es esa confidencialidad, es esa complicidad y esa intimidad tan penetrante la que no cambiaría por nada, esas son una de las tantas razones por las cuales Cori y Karla son tan especiales para mi.
Al menos mi erección ha comenzado a bajar. No lo ha notado nadie. Gracias a Dios.
El timbre de la puerta suena y asomo por la ventana para ver de quien se trata. Nixon y Jennel están acá. Es hora de ponerse a trabajar.
Miércoles 6 de Octubre de 2010
Amigo confidente, hoy recordé una de las tantas razones por las cuales amo a Cori. Es curioso, pero la razón radica en que lo amo porque Cori es Cori. Es una buena manera de describir el asunto, supongo.
Es interesante ver la vida pasar junto a las personas que amas, ver como el tiempo avanza y disfrutar de ello con aquellos seres que son tan importantes para ti. Son esas boberías, esas tonterías y estupideces que hacemos y que nos hacen reír, esas cosas inmaduras, bromas tan absurdas y esas palabras tan graciosas que decimos cuando estamos con esas personas tan especiales para nosotros lo que hacen de un momento neutro una pintura tan colorida de nuestra vida. Disfrutamos esos momentos tan divertidos y sé que deseo, al igual que todos, que ese momento no se repita, si no más bien, que llegue otro aun mejor, con una dosis igual o mas llena de felicidad y risas.
Sasha.
PD: Mis nueces siguen intactas. Creo que Karla me violó.


Ending:









Autor: Luis F. López Silva
Todos los derechos reservados ©

lunes, septiembre 10, 2012

Capítulo 23: Telescopio (Instantánea 2: Meteor Shower)



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Recuerdos. Son posiblemente simples fotografías para muchos, pero para mi, son recuerdos; recuerdos que trato de todas las maneras posibles de no dejar escapar. Me pregunto si André recuerda aun lo que pasó esa noche. Algunas veces creo que la vida nos coloca en los lugares indicados para que podamos escuchar o para que seamos escuchados, en donde, en muchos casos, suelen ser nuestros pensamientos y formas de ver el mundo los que desean ser conocidos.

—Qué linda fotografía—advierte Kathy.

—Lo sé—le digo, ensimismado en mis recuerdos—las estrellas…son hermosas.

—¿Estrellas?—inquiere André, terminando de poner una caja en una repisa y acercándose.

Coge el álbum y mira detenidamente las imágenes. Él sonríe. Seguramente, al igual que yo, ha recordado esa noche de cielo estrellado en la que nos dimos cuenta de una infinidad de cosas acerca de nosotros mismos. Siempre he escuchado que las personas suelen pensar acerca de las cosas mas profundas de su conciencia cuando el momento se torna bastante acogedor, y créanme, es cierto.

—Que recuerdos—advierte él un poco sonrojado—de solo pensar en que tuve miedo ese día me dan ganas de tomar veneno.

—¿Y a qué le tenias miedo?—pregunta Kathy—Supongo que tuvo que ser grave para que quieras morirte drogado.

—Venga, dije que era envenenado, no drogado.

—Es lo mismo—refunfuña ella—La droga solo es veneno con efectos reversibles en bajas dosis que de uso frecuente te termina matando.

André se queda perplejo ante tal aseveración, tanto que no tiene más palabras con qué contradecirle. Como en alguna ocasión dije, Kathy es bastante inteligente, y ha sido gracias a ella que en algunas ocasiones he logrado ordenar ciertos pensamientos. Es curioso.

Hace una semana más o menos, estaba en mi cama mirando por la ventana como siempre suelo hacerlo por las mañanas. La llanura tras mi casa nunca cambia, siempre se mantiene en esa inmensidad tan quieta que el simple hecho de observarla me hace sentir en paz. Algunas veces suelo reflexionar acerca de muchas cosas, pero la mayoría de las ocasiones mis reflexiones me terminan confundiendo más, tanto que me imponen mas preguntas que respuestas acerca de mi mismo. Pensaba ¿Qué carajos voy a hacer con mi vida? Últimamente me he puesto a pensar al respecto y he podido concluir una tan sola cosa “No lo sé” Es que simplemente no sé que voy a hacer luego de que salga de Longmont Sunset, digo, es que últimamente todos andan movilizándose para ver que estudiaran en la universidad. Meten aplicaciones aquí, solicitudes allá y toman cursos de una u otra cosa para engrosar su expediente académico, todo para poder estudiar una carrera universitaria. ¿Y yo qué?

—¿Bajaras a desayunar?—entró esa mañana Kathy a mi habitación.

—Dentro de un rato—le dije—no tengo mucha hambre.

—¿Pasa algo?

—Nada especial.

—Pues no lo parece—me dice sentándose a mi lado, en mi cama—¿Hay algo ahí afuera que te inquieta?

—No, no, al contrario—le dije indicándole para que se acerque a la ventana a observar—Mira detenidamente, y dime, ¿Qué ves?

—Veo a André sacando la basura.

Me eché a reír por su observación. Debo aceptar que esa vez no había notado que André estaba ahí afuera. Le señale hacia la llanura y le volví a preguntar.

—No me refiero a eso—le dije riendo—me refiero a esa llanura. ¿Qué te parece a ti?

—Pues a mi ver, es un lugar bastante lindo. Pareciera que está en bastante calma.

—Exacto—le dije, satisfecho de ver que ella concordaba conmigo.

Es extraño encontrar a alguien que mire las cosas como yo las suelo ver, pero en casos especiales, como Kathy, es realmente interesante saber que se puede conversar de algo con ella en una misma sintonía.

—¿Y qué sucede con la llanura?

—Con ella nada—le respondí, mirándola a los ojos—es mas conmigo. Quiero estar así de en paz.

—¿Hay algo que te la está quitando?—inquiere con preocupación.

—Algo así. Sabes, hace unos días el señor Donovan me llamó para ponerme al tanto del instituto, y me comento respecto a las solicitudes para la universidad y pues…

—Y tu inquietud es que no sabes que hacer todavía. ¿O Me equivoco?

Asentí torpemente con mi cabeza y suspiré. En ese momento no sabía si gritarle “Decide por mí” o algo así. La verdad de la situación es que me gustan muchas pero muchas cosas para hacer, el problema es que desconozco si solo es un pasatiempo y es por eso que me gusta o porque seriamente es lo que me agrada. ¡Diablos! ¿¡Es que acaso la adolescencia no puede venir con un manual lleno de indicaciones!?

—No tienes que forzarte a hacerlo Sasha—me dijo con una voz bastante paciente—Las decisiones no son mas que la seguridad de un sentimiento materializado en acciones.

—¿A sí?—le digo bastante sorprendido por tal definición de la realidad.

—Así es. Tiene que haber algo que te haga realmente feliz—me dijo con una sonrisa—Solo necesitas autoexaminarte,y, pues, solo así sabrás que te hace sentir mas a gusto. Aunque debes tener cuidado, no hay nada más que peligroso que examinarse así mismo.

—¿Por qué lo dices?—inquirí con curiosidad.

—Porque a veces encuentras cosas que no te gustan. En fin, es peligroso pero necesario. A veces puede ser doloroso lo que te encuentras, otras tantas es felicidad pura. Solo mírame a mí.

—¿Te hiciste un auto examen para saber que vocación escoger?

—No, tontito, lo hice para saber como quiero ser y pues en el camino me encontré con lo peor de mi, en donde estaban implicados terceras personas, pero al final termine por desechar eso y pues ahora soy lo que soy, alguien feliz.

—Sigo sin entender—le dije suspirando.

—En resumen, piensa por una vez para ti mismo y deja de lado los problemas de los demás. Necesitas dejar algo de ti para ti, si no, no quedará nada luego con lo que puedas identificarte.

Fueron esas palabras tan sencillas provenientes de Kathy lo que me hizo pensar detenidamente las cosas. “Examinarme a mi mismo” Curiosamente lo primero que pensé fue “Autoexamen para la evaluación de cáncer de testículos” Luego solo me eché a reír al pensarlo y luego lo dejé pasar. Aunque debo decir que hasta ahora, he tenido miedo de examinar mi propia conciencia, porque tal vez, como Kathy dice, me puedo encontrar con cosas que hace tiempos creí haber enterrado.

Ahora que recuerdo la palabra conocer, se me viene a la mente que de Kathy conozco bien poco y lo poco que se de ella no es muy sustancioso, digo, pues solo son pequeños detalles que cualquiera notaria.

Veamos, a Kathy le gusta el color blanco, le gusta salir a caminar, le encanta el chocolate con crema batida, odia las arañas, es linda, tiene un pequeño lunar en su nalga izquierda con forma de media luna—y mejor no pregunten como lo sé—es tierna, huele bien y….Saben, creo que me estoy desviando del tema, mejor regresemos al punto inicial y demos por sentado de que Kathy es una chica…una linda chica.

—André, cariño—masculla ella con tono incitador—creo que aquí estamos pasando por alto algo.

—¡Ahg! ¡Bien!—exclama él sin mucho animo—Esperaba que lo hubieses olvidado, lo acepto, esta vez tu ganas, pero solo porque tu argumento sobre las drogas me pareció sacado de un diccionario. ¿Vale?

—Si, si, como desees—le dice ella con aires de victoria.

—¿Qué quieres ahora?—refunfuña André.

—No sé por qué siento que me estoy perdiendo de algo—les digo confundido por su curiosa platica.

—No te pierdes de mucho—advierte André—simplemente hemos llegado al acuerdo con Kathy de que cada vez que alguno gane una conversación entonces el ganador tendrá derecho a un premio.

—¿A un premio?—exclamo con curiosidad—¿Y qué es lo que normalmente suelen pedir?

—Depende de la magnitud de la conversación—responde ella—La última vez André fue quien ganó y su premio fue un enorme consolador.

André suelta una risotada que dura un buen rato, contagiándome y contagiando a Kathy. Debo decir que me da curiosidad saber de donde carajos sacaron ese consolador.

—¿En serio?—pregunto para asegurarme que he escuchado bien.

—Bien, no, solo bromeaba—contesta ella entre risas—Lo que André pidió fue un Snicker…aunque por el tamaño del chocolate deduje que parecía consolador.

—Tú y tus ocurrencias—le dice André riendo—Bien, mejor dime que quieres antes de que me arrepienta.

—Veamos…—dice ella dubitativa. Coge el álbum de las manos de André y se pone a revisarlo, encontrándose nuevamente con la fotografía en donde estamos él y yo recostados sobre la frazada—Quiero que me cuentes… ¿Qué pasó el día que tomaron esta foto?

La imagen tiene por titulo “Meteor Shower” Y, a pesar de ser una simple fotografía en la que André y yo salimos sonrientes, esconde tras de si, una historia de las que pocas veces podrías escuchar en tu vida.

André vuelve a coger el álbum y se queda pensativo. ¿Qué tanto recordará? Supongo que todo, pues, carga consigo con una de las mayores pruebas que la conciencia y el corazón humano puede tener. Una marca indeleble que lleva para el resto de su vida y que de ninguna manera le será posible quitársela de encima, pero, conociéndolo a él y la situación en la que se encuentra, sé que añora quedarse con esa marca que le recordara que el ser humano es capaz de lo incapaz.

El amor por si mismo y por los demás es, seguramente, lo único que impide que este mundo no se desmorone a pedazos.

***

El viento seguía soplando frío esa noche y no había nubes. Las estrellas eran hermosas y yo, con mi inminente felicidad por el regalo que él me había dado, no sabía como agradecérselo. Jamás creí en mi vida que alguien me regalaría las estrellas. Siempre pensé que no era más que una técnica que los escritores usaban para darle realce y romance a las historias de amor, a las historias en las que se veían implicados los sentimientos de afecto y nostalgia, a aquellas historias que siempre solían terminar de una manera trágicamente feliz…pero sucedió, ese día sucedió

—Sabes—me dijo mientras nos acostábamos en la frazada mirando hacia un cielo lleno de titilantes estrellas—Tenía mis serias dudas respecto a esto.

—¿Las tenias?—le digo mirando hacia el cielo las cinco estrellas…hermosas estrellas.

—Bueno, que tal si no te gustaba tu regalo.

—Tienes que estar loco—le digo haciendo una mueca de desaprobación—¿Cómo no va a gustarme?

—Soy yo quien ama las estrellas. Quiero ser astrónomo y lo sabes.

—Somos primos ¿Te has dado cuenta? Y hemos crecido prácticamente juntos, es lógico que las estrellas me gusten a mí. Tu eres como un reflejo mío solo que mas viejo…y gay—le digo entre pequeñas risas.

—Ok, lo de viejo no era necesario que me lo recordaras—me dice riendo—Pero posiblemente tengas razón.

—Claro que la tengo.

—Presumido—me refunfuña.

—Es mi cumpleaños, así que déjame presumir por una vez.

El me mira por unos segundos y me da un golpe amistoso en el hombro. Bajo mi mirada y me encuentro con sus ojos. Una mirada un tanto apagada. Algo sucede. Él sonríe.

—Estas creciendo—advierte—y creo que estas cambiando.

—Yo me siento igual—le digo volviendo mi mirada al cielo—o eso creo.

—No Sasha, estás cambiando.

—¿Crees que eso sea bueno?

—Lo es—me dice sentándose—ahora se te ve más feliz que antes. Posiblemente mudarte te ha ayudado bastante.

Sus palabras me hicieron pensar por un momento al respecto. No sé en que punto, desconozco los motivos y las circunstancias del por qué, pero creo que André tiene razón. Antes de mudarme a Longmot supongo que solo intentaba ser feliz y no lo lograba, pero luego aparecieron Cori y Karla y creo que mis intentos encontraron ese empujón que necesitaban para convertirse en realidad. Me da miedo pensar en qué hubiese sucedido si no los hubiera encontrado a ellos, qué sería de mi, qué sería de ellos…

—Cori y Karla son quienes deben llevarse el crédito de eso—le comento con una sonrisa—Si no fuese por ellos, entonces creo que tal vez seguiría igual.

—Son buenos chicos—me dice encogiéndose de hombros—Solo mírate, han logrado bastante en ti y, por como Karla me cuenta cuando hablo con ella, has logrado bastante en ellos.

—¿Logrado?

—Bueno, si. Piénsalo, ellos se esfuerzan por ti, pero ese esfuerzo necesita de una recompensa Sasha, y si ellos lo hacen es porque tú también te esfuerzas por ellos. Se recompensan recíprocamente.

—Vaya, que…interesante—le digo algo sorprendido—nunca lo había visto de esa manera.

—Afecto por afecto, es así de simple. El ser humano conserva el trueque desde que existieron las civilizaciones. Lo único curioso es que hay excepciones, y hay quienes dan afecto sin pedir…nada a cambio.

Fue ahí, fue en ese instante que algo se dañó. Ese tono de voz tan apagado con que André dijo las últimas palabras supuso el comienzo al miedo palpable en sus ojos. Pensé que antes solo había sido mi imaginación pero esa actitud me dio serias cosas en que pensar. Algo le inquietaba.

—¿Sucede algo?—le pregunto un poco preocupado por su repentino cambio de animo.

—Eso mismo quiero saber yo—me dice volteando a verme.

Me observa durante unos segundos y luego desvía su mirada. Se recuesta en la frazada pero aun mira hacia su otro costado. Lo primero que pensé fue que tenía que ver con su reciente pelea con su padre respecto a su carrera universitaria. No pasaba por alto que André estudiaba astronomía sin el consentimiento de su progenitor, pero considerando que André ama lo que hace y lo hace porque así lo desea entonces él estaba en todo su derecho de hacer lo que él quisiera. Al final de cuentas, era él quien estudiaba y no su padre.

—Es por lo de la universidad ¿Cierto?—le pregunto algo preocupado.

—En parte—murmura—pero es una mínima parte de todo.

—Oye, si es por lo del dinero para pagar tus estudios mi padre ya te dijo que él te apoyaba en el asunto. Sabes que él está en contra de la extraña idea de tu papá.

—No es solo eso Sasha. Estoy bien, mi papá está molesto pero sigue ayudándome con ello.

—¿Y entonces?

André se quedó en silencio por unos momentos, un silencio que me pareció casi eterno, tan pesado, tan abrumador que solo se me ocurrió que pasaba algo grave. Aun, hasta este día, no sé si podía clasificar lo que sucedió como grave, pues fue decisión de André.

—¿Cuántos años tengo, Sasha?—me pregunta mirando esta vez hacia el cielo.

—Tienes 20—respondo algo extrañado.

—¿Soy un adulto?

—Según el estado, si—le digo encogiéndome de hombros—pero, bueno, la concepción de la adultez varía de persona en persona. Para mi, los adultos suelen ser unos aburridos y demasiado cuadrados, mas sin embargo tú no lo eres, así que puedo concluir que toda persona que está lejos de esas dos características simplemente ha madurado sin perder de vista el objetivo de sus años…hacerlos más humanos.

El me mira a los ojos y me sonríe. Es una pequeña y casi imperceptible sonrisa, pero tras de ella puedo notar que se esconde algo más.

—Ya veo…me dice volviendo su mirada hacia las estrellas—entonces, si según la ley soy adulto…puedo hacer cosas de adulto.

—Supongo—comento perplejo—Pero, vamos ¿Por qué tanta pregunta al respecto?

—Tengo mis razones—advierte. André mira su reloj y dos segundos después señala el cielo, y, en la inmensa negrura, puedo ver un haz de luz moverse—Y esto, Alexander…es tú segundo regalo de cumpleaños—me dice con una enorme sonrisa—Feliz dieciseisavo cumpleaños querido Sasha

Meteoros. Pequeños haces de luz formados por meteoros que entran a la atmosfera sorprendieron esa noche a mis sentidos. Uno, dos, tres…diez. Cientos de ellos en minutos comenzaron a dibujarse en la inmensa negrura. ¡Una lluvia de estrellas! Una hermosa lluvia de estrellas en mi cumpleaños. ¡Ni siquiera sabia que habría una! Era sorprendente. Era hermoso. Era…era la mejor noche de mi vida. ¡No podía creer que André lo hubiese planeado de esa manera! Tantas molestias, tantos cálculos e ideas solo para hacerme pasar un estupendo cumpleaños….era sorprendente.

—¡Estrellas fugaces André!—le exclamo sorprendido, mirando con mucha atención tantos haces de luz como me era posible captar. No quería perderme ninguno.

—A veces la naturaleza puede ayudar en este tipo de ocasiones—me dice sonriendo—Y pues, bueno, tratándose de ti, no se podía negar a cooperar. Bien, dejemos constancia de este momento—me dice sacando su móvil. Se coloca mas junto a mi y “Clic” se escucha sonar la cámara del celular de André.

Una imagen perfecta. Dos chicos; André y Yo, con una enorme sonrisa tumbados en una frazada mirando un espectáculo de estrellas surcar el cielo.

—¡Eres único!—le digo maravillado por el espectáculo de meteoros—Esto es...hermoso.

—Lo sé…—musita—lo sé.

Él me dedica una enorme sonrisa. Una sonrisa, que venia incluida con algo más. Lagrimas. André estaba llorando. Esas lagrimas tan notables que bajaban por sus mejillas y que dibujaban un recorrido perfecto hasta caer a sus manos fueron y seguirán siendo de las pocas lagrimas que en mi vida veré ser derramadas por razones mayores a la fuerza de voluntad.

—¿Qué sucede, André?

—Tengo miedo Sasha.

—¿Miedo? ¿De qué?

—De perder a la persona que más amo en este mundo.

Algunas veces sucede, que, nuestra propia conciencia nos atormenta con los peores pensamientos, pero todo es fruto del miedo que sin piedad nos envuelve aprovechándose de las situaciones más crueles de la vida para hacernos caer. Ese día, fue, sin duda, el día en que descubrí la capacidad humana de sacrificarse por otros.

Hacía unos meses, André me había comentado que había un chico, un chico que había conocido en la secundaria con el que se llevaba bien y que ambos estaban estudiando lo mismo en la universidad que estaba un poco mal de salud. André jamás me había dicho de qué estaba enfermo y yo pasé por alto preguntárselo. Pero esa noche de cielo estrellado, comprendí las razones del miedo de André.

Insuficiencia Renal Crónica. ¿Han escuchado hablar de ella alguna vez? Nuestro cuerpo es una maquina que funciona de la manera mas extraña, pero funciona, conteniendo en si algo llamado alma. Pero algunas otras veces, se daña y algunos de esos daños pueden ser irreparables.

Unos meses después de que André y Lucas—que es así como se llama el amigo de André—salieran de la secundaria, André le comentó a su amigo de su condición en cuanto a sus gustos. Curiosamente Lucas no se alejó de él, fue más bien distinto, se vieron más unidos que antes. Luego de André se lo comentara a su mejor amigo, Lucas también se vio en la necesidad de comentarle a André unas cuantas cosas al respecto y era que pues por fuerzas del destino él también era gay. A mí, en lo personal, nunca se me hubiese cruzado por la mente pensar que Lucas era gay. Es que, por un demonio, ambos se miran tan normales. En fin, lo que sucedió luego fue bastante interesante, se enamoraron. Ambos se enamoraron el uno del otro. Según me cuenta André, él ya se había enamorado desde hacia un tiempo de Lucas, cosa por lo cual descubrió que era gay, pero que por miedo a que Lucas lo rechazara y se alejara de él no se lo había dicho si no hasta que Lucas le comentó su situación similar.

—¿Te refieres a Lucas?—le pregunto algo sorprendido.

André asiente. Guarda silencio por un largo rato y se decide a hablar.

—Un tiempo antes de entrar a la universidad—me comenta André secando con las mangas de su suéter sus lagrimas—Lucas enfermó y le diagnosticaron insuficiencia renal, que con el tiempo y sin responder al tratamiento se volvió insuficiencia renal crónica.

—Eso… ¿Es grave?

—Si no recibe un trasplante de riñón pronto, entonces…va a morir.

—Por…Dios…—le dije pasmado por tal noticia.—Pero…tiene que haber algún donante, ¡alguien!

—Lo hay—me dice el tratando de sonreírme forzadamente.

—¡Perfecto!—exclamo un poco mas calmado—¡Lucas podrá recuperarse!

—¿Y que si no funciona?—exclama el preocupado—Es eso lo que me da miedo. ¿Y si Lucas no mejora? ¿Y si…?

—¡Se positivo por un demonio!—le grite algo enfadado por su actitud—¡Dios! ¡Es que no puedes ir por la vida pensando en las mil y un desgracias! Lucas mejorará, ya verás.

—¿Tú crees?—me pregunta tratando de calmarse.

—Si, todo saldrá bien. Lucas te tiene a ti, estoy seguro que eso le dará fortaleza y mejorará aun mas pronto luego de la intervención.

André me sonríe, pero esta vez se mira un poco diferente. Supongo que solo necesitaba que alguien le dijese que todo iba a estar bien y me alegro de haber podido estar en el momento indicado para haberlo hecho. Escuchar y ser escuchados, hablar y recibir una respuesta a nuestras palabras…funciona así de simple, pero debemos tener el cuidado en el proceso.

—¿Y quien es donará el riñón?—Le pregunté con ciertos aires de felicidad de saber que habría alguien que podría ayudar a Lucas.

—Creo que Lucas…llevara consigo una parte de mi, Sasha.

Esa noche nos quedamos mirando el cielo hasta el amanecer, mirando las estrellas caer en una lluvia de las mas hermosas de todas. Esa noche, también comprendí que no hay cosas imposibles en este mundo, que los límites jamás existieron y que las posibilidades son infinitas. André, por su parte, me demostró que ama la vida…y ama lo rodea a su vida.

Dos días después de mi cumpleaños, André fue sometido a cirugía junto con Lucas, y fue André, quien le donó un riñón.

Comprendo a mis tíos, los padres de André, el haberse molestado, el haberse enfadado tanto con él, con Lucas, con todo el mundo por lo que su hijo había hecho, por haberlo hecho sin su consentimiento, sin haber pensado en ellos y hacerlos a un lado para tomar su decisión, pero la verdad de las cosas es que no puedo juzgar a André por sus acciones, porque esa decisión que tomó era algo que solo le correspondía a él y a nadie más, al final de cuentas, era su amor por alguien a quien amaba lo única razón que necesitaba para hacer lo que hizo.

André lleva consigo una cicatriz en su espalda…pero sé que esa cicatriz le recuerda la razón de su felicidad.

Lucas aun vive.

***

—¿Vas a contarme no?—inquiere Kathy—sacándome de mis ensimismados pensamientos y haciendo reaccionar a André, que seguramente se ha puesto a recordar al igual que yo

Él le sonríe a Kathy y se sonroja. Kathy simplemente lo observa con curiosidad por su reacción y me mira a mí pidiéndome una explicación. Solo me encojo de hombros esperando que André sea quien hable.

—El día de esta fotografía—musita André con una sonrisa entre sus labios—tuve miedo de perder a la persona que más amo en este mundo…nunca debí haber tenido miedo.

—Era lo mas normal—le dice Kathy—es la persona a la que mas amas.

—Lo sé—le dice André sin despegar su mirada de la fotografía—el hecho es que nunca debí de sentir miedo, porque el mundo esta lleno de un sinfín de posibilidades.

Domingo 26 de Septiembre de 2010

Es curioso como a veces podemos sorprendernos a nosotros mismos con las acciones más mínimas, y como otras tantas con grandes acciones superamos a nuestro propio ser.

La vida es una de las pocas cosas complejas en este mundo que no funciona de manera predecible, es por eso que debemos aprender a preocuparnos del momento y no del futuro, y será de esa manera, en la que podamos tener una paz de proporciones incalculables, porque lo que a futuro pueda suceder, esta en un futuro, y ahí se quedará hasta el día en el que suceda y se convierta en presente.

Vivimos en el presente, y hay que preocuparnos por el presente, es por eso que hay que dejarle al tiempo las preocupaciones del futuro.

Hoy recordé…que somos capaces de lograr lo imposible.
Sasha.

Ending:











Autor: Luis F. López Silva

Todos los derechos reservados ©

domingo, septiembre 02, 2012

Capítulo 22: Lluvia de estrellas (Instantánea 1: “Telescope”)


Wheel of Fortune

Ya han pasado alrededor de un mes desde que salí del hospital. Ha sido realmente reconfortante haber llegado a mi casa en una sola pieza. Si reflexiono detenidamente todo lo sucedido entonces cabria la posibilidad de que dentro de la locura de Liam no hubiese habido cabida a un regreso. En fin, gracias al cielo que ya estoy acá. André se está quedando conmigo, al menos así ya no me sentiré tan solo en mi casa. Mis padres partieron ayer a sus trabajos en el extranjero así que se puede decir que estamos prácticamente solos. Bueno, no tan solos, Tránsito está aquí. Vino la semana pasada, y, ¡Sorpresa!, Kathy también ha venido con ella. Es un poco extraño tener a tanta gente aquí, pero me agrada, ya casi no se percibe ese vacío tan sofocante que suele hacer presencia a mi alrededor.
—¡Chicos, bajen a desayunar!—grita Tránsito desde la cocina.
Es domingo y son alrededor de las ocho de la mañana. No tengo deseos de levantarme, pero mi estomago cruje y el hambre, pudiente mas que mi flojera, me hace salir de la cama. Me pongo un centro sin mangas color blanco que me queda bastante pegado al cuerpo, paso a lavarme la cara al baño y me dispongo a bajar. En el pasillo me encuentro con Kathy, que aun adormitada me saluda.
—Hola Sasha, buenos días.
—Buenos días—le contesto sonriendo.
Ella me mira por unos segundos y me sonríe. ¿Qué estará pensando?
—Te quedan bastante bien las camisas sin manga—me dice con una sonrisa que logro reconocer, esa misma sonrisa que hacen las chicas cuando miran a Cori—se puede notar que has estado ejercitándote.
—Gracias—le digo un poco avergonzado, esto de que alguien me haga cumplidos no pasa todos los días—Estoy haciendo un poco de ejercicio.
—Continua así, que te estas poniendo como esos chicos bastante sexis de las revistas.
—¿Tú crees?
—Tienes un lindo rostro, Sasha, y con ese cuerpo que estas ganando te pondrás...comestible.
Las palabras de Kathy hacen que me sonroje un poco. ¡Que cosas! Este semestre me está yendo bastante bien con las chicas. Ya ha habido bastantes ocasiones en las que me han dicho que soy lindo. Como por ejemplo la vez que fui al supermercado con Karla, fue el mismo día que le perfore el labio a Cori para su piercing, ese día una de las chicas, amiga de Karla que trabajaba en el Walmart le comento que si ella no me cuidaba, entonces me robaría. Cuando Karla me lo comentó me alegré pero a la vez me incomodé un poco, seguramente la chica pensó que Karla y yo éramos novios o algo por el estilo.
—Buenos días gente—saluda André saliendo de su habitación.
—Buenos días—le contestamos ambos al unísono.
—Kathy...—musita él.
—¿Si?
—Deja de ver la erección mañanera de Sasha que te puedes quedar ciega.
Kathy tose, escapándose a ahogar con su propia saliva y yo me doy la media vuelta, avergonzado, ocultando mi puntiagudo sexo, con mi rostro tan rojo como un tomate. Estaba tan atontado aun por acabar de levantarme que olvidaba que andaba con mi pene en modo "Te sacaré un ojo"
—Lo...lo... lo siento—dice Kathy atolondradamente— No era mi intención, yo solo...
—Está bien, no te preocupes—le digo mirándola tímidamente a sus ojos, tratando de calmarla—no es que sea algo grave.
Ella se sonroja y agacha su rostro, apenada.
—En serio, lo siento. ¡Eres un troll, André!—le reclama Kathy.
—Yo solamente comentaba el asunto.
—Si, claro, ¿Y tu como sabias que era lo que miraba?—le inquiere ella.
—Sencillo, yo también tengo una erección.
—Diablos, es cierto—le dice Kathy comprobando la inminente erección de André.
Suelto una risotada ante tal aseveración cosa que ayuda a que mi instrumento retorne a su estado de "bello durmiente"
—¿Y eso que tiene que ver?—le pregunto, aun entre risas.
—Que mi pene funciona como una antena parabólica que detecta las miradas indiscretas.
Logra sacarme otra carcajada a la cual, esta vez, se une Kathy que incluso tiene que apoyarse en la pared por tanto reír.
—Tienes que estar bromeando—le dice ella con la voz entre cortada.
—¡Pues claro que lo hago!—exclama André riendo—Lo noté porque cuando saludé tenias tus ojos pegados a la cosa puntuda que se marcaba en el pants del chico.
—¿Quieren dejar de hablar de mi y de mi pene por un segundo y bajar a desayunar?—les digo con la cara toda roja.
—Es una buena idea—menciona Kathy—Considerando que soy la única mujer entre dos penes erectos. Mejor bajemos por mi bien.
André ríe y decidimos finalmente bajar. En cuanto a André, supongo que Kathy debe de perderle el miedo a él, al final de cuentas, él, con una erección, no recurriría a una mujer para poder subsanarla, la posibilidad más aceptable sería que busque a un chico considerando su condición gay. Como digo, él no parece gay, y creo que buscaré el momento oportuno para contárselo a Cori. Se puede llegar a sentir algo incomodo si se lo suelto de un solo golpe, y viendo que André no da espacio con su conducta o aspecto para pensar que es gay, entonces pasará un buen tiempo hasta que Cori se dé cuenta.
Tránsito nos tiene preparado una buena cantidad de comida. Como mi madre dijo, esta mujer nos pondrá como un globo. Aun no comprendo por qué Kathy no ha engordado, mantiene una buena figura. Ok, lo acepto, me atrae, es linda, tiene un buen modo, es amable y parte de la erección de esta mañana fue por haberla visto con su camisa escotada y su pequeño short que deja a la vista unas hermosas piernas. En fin, las hormonas de adolescente son bastante impredecibles y cuando menos te lo esperas hacen muchas cosas inesperadas bajo tu incontrolado cuerpo de joven que en lo único que suele pensar es en besos, sexo, vaginas, penes—en el caso de Kathy…o André—preservativos, etc.
—Buenos días, Tránsito—saludamos André y yo al unísono.
La erección en ambos ya ha pasado. Así está mucho mejor, no se me ocurre que puede decirnos Tránsito al ver nuestros puntiagudos sexos.
—Buenos días—nos saluda ella.
—Buenos días mamá—le saluda Kathy, acercándose a darle un beso en la mejilla.
—Buenos días, cariño—le contesta dándole un beso en la frente.
En la mesa hay waffles, tostadas francesas, leche, jugo de naranja, huevos revueltos, mantequilla, están sus famosas pupusas—que son bastante deliciosas, en especial las que son de masa de arroz—también hay cereal, chocolate y fruta. ¡Carajo! Gracias a Dios que estoy haciendo ejercicio, así no me pondré como un cerdito. Oing, oing, oing.
—¡Las pupusas son mías!—Exclama André a punto de agarrarlas todas en su plato.
—¡En tus sueños!—le exclamo corriendo a la mesa, tomándolo por detrás, levantándolo y haciéndolo a un lado.
André pesa poco. A pesar de tener 21 años, se mira bastante joven. Pareciera que tiene 18, y, seguramente, teniendo en cuenta el hecho que posee un cuerpo similar al de Cori, bastante trabajado, de hombros anchos y de facciones bastante retocadas, es por eso que mantiene ese aspecto tan fresco. El chico es apuesto, de tez ligeramente blanca, ojos zarcos, cabello corto y castaño, ligeramente ondulado pero con estilo.
André se pone a pelear amistosamente conmigo, ambos, en un intento desesperado por llegar a la mesa para tomar las pupusas, pero en nuestro intento de tomarlas uno u otro, Kathy se adelanta y las coge ella.
—¡Victoria!—Exclama Kathy.
Tránsito se hecha a reír y nosotros en nuestro juego le seguimos la corriente. Últimamente las mañanas están resultando bastante animadas, desde que André, Tránsito y Kathy están acá, los desayunos, almuerzos y cenas se tornan graciosos y bastante cálidas. Esa sensación de familiaridad se percibe en cada rincón de la casa y ese vacío tan solitario se rellena poco a poco.
Desayunamos hablando trivialidades, comentando cosas que han sucedido en la semana y hablando sobre nosotros. André nos cuenta como le estuvo yendo en el curso pasado de la universidad. Si mal no recuerdo, está estudiando astronomía. Por su parte, Kathy, que antes de venirse acá pidió su traslado a Longmont Sunset, me comenta lo que pasó el día viernes en clase. Por suerte, es compañera nuestra en el salón, y como por cuestiones de mi incapacidad no había podido asistir a clases aún, ella me traía sus apuntes y la tarea. Cori y Karla también vienen siempre a contarme que tal va todo y me ayudan con lo que no logro entender de las clases. Al menos, el lunes podré integrarme nuevamente al instituto, ya me hace falta ir en bicicleta y pasear por el tramo de bosque que queda en el camino.
—No olviden que tenemos que ordenar el ático chicos—nos recuerda Tránsito mientras recoge la mesa.
—Que flojera—mascullo con desaire—¿Tenemos que hacerlo hoy?
—Mañana es lunes—me dice Kathy con el mismo tono de haraganería que el mio—Mañana regresarás al instituto, y el único que quedará acá toda la semana es André y mi madre. Si no lo hacemos hoy, se nos hará difícil en lo que va de la semana.
—Mierda, es cierto—refunfuña André—me quedaré solo. ¿Qué voy a hacer acá si no hay nadie?
—¡Oye!—le reclama Tránsito—¿Y yo que soy? ¿Un fantasma?
—Usted no vera películas porno conmigo—le dice André tratando de contener su risa—¿A menos de que quiera?—advierte con una sonrisa socarrona.
—Bien, tú ganas esta vez—Tránsito deja escapar una carcajada contagiándonos—Deberías de buscar algo productivo que hacer como leer o algo.
—Creo que mejor me la pasaré paseando por allí, tal vez vaya a visitar a la madre de Karla.
—¿Conoces dónde vive?—pregunto con curiosidad—Si quieres puedes irte conmigo mañana y te paso dejando por su casa. De todas maneras, Cori y Karla me quedan de camino.
—No te preocupes, cuando vine Karla me llevó a su casa a conocer, creo no perderme.
—Si tú lo dices.
—Lo único que no sé, es donde vive tú amigo. Como se llama…¿Cori?
—Si, bueno, no queda muy retirado de donde Karla.
—Un día lo violaré—me dice él con una sonrisa picara.
—¡Alejado diez metros de él!—le advierto con tono gracioso—Ni se te ocurra.
—¡Baah! Al final de cuentas, Karla me comento que no tenía novia.
Bueno, si, André tiene razón. Cori no tiene novia, pero curiosamente existe un chico del que se enamoró y más curioso aun es que ese chico se haya enamorado también de él y más pero más curioso es que a ninguno de los dos les gustan los chicos. Si André supiese que Cori y yo….bueno, salimos—si es que se puede decir así, porque aun no sé que demonios somos y que por el bien de mi conciencia prefiero dejarlo a la simple frase “dos seres que se aman”.—entonces él posiblemente pudiese mal interpretarlo y pensar que soy gay o que Cori es gay o que se yo. De todas maneras pienso comentárselo un día de estos, solo estoy buscando la forma en la que él pueda entenderlo de la manera en que yo lo hago. Creo que será capaz, no le dará muchas vueltas al asunto, al final de cuentas, André es consciente de muchas cosas que normalmente las personas pasan por alto.
Paso por mi habitación a ponerme mis converse, pues andaba descalzo por mi casa. En el ático hay arañas y una que otra cucaracha de seguro, así que no quiero pisar ninguna con mis pies desnudos porque posiblemente vomite. Mejor prevenir que lamentar. Me lavo los dientes y me dispongo a subir.
El ático no es tan pequeño que se diga. Si ordenásemos bien el lugar quedaría suficiente espacio como para poder montar una habitación. Creo que me mudaré aquí arriba…luego de que ordene claro. Hay cajas por doquier, polvo, telarañas, papeles, el árbol plástico de navidad, libros y mas y mas polvo. Una pequeña ventana circular que da hacia la calle deja entrar un poco de luz al lugar dándole un aspecto bastante descuidado. Bueno, no subo a menudo aquí, así que lo de aspecto descuidado no será solo por el efecto de la tenue luz. A los lados hay otras ventanas, tapadas por una pesada cortina color vino y tras de mi, una gran pila de más cajas llenas de quien sabe qué cosas.
—Pero mira que hay bastante trabajo—comenta André corriendo una de las cortinas, dejando entrar más luz. Así se mira mucho mejor, aunque sea solo desorden—Nos llevará un buen rato.
—Mejor comenzamos o terminaremos hasta mañana—sugiere Kathy—esto de ordenar me da mas flojera que escuchar la clase de historia.
Y ha sido así como nos hemos puesto a ordenar. Movemos cajas de un lado a otro, levantando polvo por doquier y encontrando una que otra araña a la que Kathy les huye en alma y cuerpo. No las matamos, simplemente las sacamos al patio y luego ellas se van. Estoy a favor del cuidado de los animales, las únicas que merecen una muerte inminente sin dudarlo—según mi criterio—son las cucarachas. ¡Malditas! Cuando vuelan son un peligro. ¿Nunca los ha perseguido una cucaracha que vuela? Es horrible, no sabes en donde se pararan o si te picaran así que por eso no pienso dos veces en pisarlas y matarlas. Cargo en mi conciencia con la muerte de cientos de ellas.
Traemos la aspiradora, mopas, un balde con agua y trapos con que limpiar. Quitamos las telarañas del techo, apilamos varios periódicos—cosa que debo llevar a la oficina de reciclaje de papel—herramientas y varios adornos festivos. ¡Ah! ¡Miren! Aquí esta la caja con películas porno de mi padre, la de las asiáticas. Pensé que esta cosa se había perdido. André me dirige una mirada y me sonríe con cierta complicidad lo cual se puede interpretar como dos cosas: uno, en su silenciosa sonrisa que ha encontrado un tesoro, y dos, que se le ha cruzado por la cabeza que las veremos un día de estos. Buena idea. Bien, respecto a lo último, justifico que me parece una buena idea por la simple razón de que soy un chico. ¿Qué esperaban? Tengo solo diecisiete, tengo la cabeza llena de cosas….y porno. Ok, no tanta porno, pero está ahí, en pequeñas dosis…
En cuanto a André, a pesar de ser películas porno heterosexuales, tendrá él sus razones para querer verlas. Una vez le pregunté por qué tenia casi tantas películas en donde salían un chico y una chica follando como casi la misma cantidad de películas gay, a lo que me respondió con bastante simplicidad: “A ti, que te gustan las chicas, en las películas así, te enfocas en la chica y en su vagina, en cambio yo, me concentro en el chico y su pene” Y fue así como comprendí que una película de ese tipo se puede ver de diferentes maneras. Uno aprende nuevas cosas todo el tiempo…aunque sean pervertidas pero se aprenden.
¡Oh! ¡Mis revistas de literatura! Con que aquí estaban. Pensé que las habían tirado. Tengo tantas de ellas que podría abrir una mini biblioteca. Si viesen la colección que tiene Cori entonces se admirarían. Si yo leo libros, Cori es una bestia que los engulle. Una vez leí que es conveniente enamorarse de alguien que lee, se supone que esas personas suelen ser detallistas y con una manera amplia de ver el mundo…creo que Cori es todo eso. ¡Diablos! ¿Por qué no lo vi antes?
Se nos pasa toda la mañana y aun no terminamos de ordenar, ya casi es hora de almorzar y aun falta mucho. Kathy ha encontrado un viejo álbum de fotografías. Que recuerdos. Siempre me ha gustado tener recuerdos de cada buen momento vivido, todo el tiempo he pensado que lo que te hace feliz merece la pena ser recordado de todas las maneras posibles y es por eso que ese álbum de fotografías esta bien relleno.
Kathy abre el álbum y curiosamente da con la fotografía de un cielo estrellado. Al lado de la fotografía hay un titulo y una pequeña descripción. El titulo tiene por nombre “Telescope”. En la otra página, hay dos chicos, tumbados sobre una frazada, sonriendo a la cámara, con una mirada bastante viva y llena de felicidad. André y Yo. Recuerdo perfectamente esas fotografías y con bastante lucidez rememoro el recuerdo de esa noche.
Fue un quince de diciembre, justamente el día de uno de mis cumpleaños que fui a pasar a Nueva York en el que alguien ha logrado darme el mejor regalo del mundo. Hacía bastante frío pero el cielo estaba totalmente despejado. André vivía—y aun vive—en un apartamento en un enorme edificio que posee una terraza amplia. Recuerdo que esa noche, André me comentó que me mostraría algo que pocos se detenían a ver.
—¿Te vienes a quedar a mi casa ahora?—me dijo ese día por la tarde—tengo algo para ti.
—¿A sí?—pregunte con curiosidad
—Vamos, es tu cumpleaños, ¿A caso crees que lo olvidé?
—Venga, que con que me hayas llamado a la una de la madrugada de ahora para felicitarme me ha alegrado el rato—le digo riendo—¿Me darás mas pastel? Sabes que amo el pastel.
—No.
—Aguafiestas—le refunfuño.
—Será algo mejor, tú solo ven. Trae chocolate caliente y un suéter.
Y cumplí. Ese día, después de terminar de leer un libro que Cori me había prestado para que no me aburriese mientras estaba de viaje, me dirigí corriendo a la tienda a comprar algo de chocolate y así prepararme para irme a quedar en casa de mi primo. Mis padres, como siempre ausentes, incluso para esa ocasión, no me dieron impedimento alguno para quedarme hasta altas horas de la noche despierto, así que no habría problema, al final de cuentas los padres de André también estaban de viaje así que estaríamos solos.
Llegué a eso de las nueve. Llevé conmigo un pequeño recipiente con chocolate caliente que lo mantenía a temperatura agradable y mi suéter con rayas. Me daba bastante curiosidad saber de que se trataba todo y por qué tanto misterio departe de André.
Llegué al apartamento y justo antes de tocar recibí un mensaje de texto. Era él. “La puerta esta sin llave, cuando entres ponle el seguro y ven a la terraza.” Y tal y como André dijo, así sucedió. Entré al lugar y sin detenerme me dirigí a la terraza. Era un edificio bastante alto, de algunos veinte pisos o más y André vivían exactamente en el último. Era una vista hermosa de la ciudad por la noche. Tuve que tomarle una fotografía. Miré hacia el cielo y estaba lleno de estrellas, cosa a lo cual me vi aun mas tentado a fotografiar así que lo hice. Es la misma fotografía que Kathy ha encontrado en el álbum.
—¡Aquí Sasha!—gritó André desde el otro extremo de la terraza.
El viento soplaba frío y el sonido silbante de este al ser cortado por el edificio entraba de lleno en mis oídos. Curiosamente, del otro lado de la terraza, todo estaba oscuro. Fue una sorpresa todo el asunto, era realmente extraño que la mitad de la ciudad estuviese totalmente iluminada y la otra mitad en total oscuridad. Me acerque donde André a ver que pasaba.
—¿Por qué está oscura esa parte?—le digo bastante interesando por saber los motivos.
—El día de hoy pasaron por la tv que harían mantenimiento de la energía eléctrica en este lado de la ciudad—me dice él haciéndome una seña para que me acercara al borde de la terraza.
Noté que a su lado estaba un pequeño telescopio montado sobre un pedestal, mirando justamente hacia el lado de la parte a oscuras de la ciudad. A su otro costado, una enorme frazada, gruesa y bastante acolchada yacía en el suelo, detenida con unas cuantas macetas para que el viento no se la llevara.
—Mira por el telescopio—me dice con una sonrisa.
Puse el recipiente con chocolate a un lado y me dispuse a mirar por el instrumento. Lo primero que vi fue una inmensa oscuridad. No había nada. Giré un poco el telescopio a mi izquierda y ¡ahí! En la inmensa negrura del espacio había cinco puntos brillantes. ¡Estrellas! ¡Tres hermosas estrellas que titilaban cambiantes de color entre rojo y azul! Esos típicos colores de una estrella lejana que parpadea cuando miramos al cielo fue lo que pude notar con más nitidez y en toda su hermosura a través de ese pequeño telescopio.
—¡Es hermoso, André!—le digo emocionado.
—¿Te gustan?—me pregunta el sonriendo.
—¡Por supuesto que sí!—contesto bastante feliz volviendo a colocar mi atención en las estrellas a través del telescopio. Ahí están, brillantes—Tú sabes cuanto me gustan las estrellas.
—Sabes, una de esas estrellas, la de la izquierda, se llama S.
—¿En serio?—le pregunto bastante asombrado.
—Así es, la que le sigue se llama A.
—Vaya, que interesante—le digo ensimismado en observar las estrellas.
—Lo sé. La otra de ellas también se llama S.
—¿Son estrellas gemelas?
—Ni idea—me contesta—pero la siguiente se llama H.
—¿Quién carajos le pone nombres?—le digo riendo sin dejar de mirar por el telescopio.
—Culpa a las circunstancias—me dice el en el mismo tono bromista.
—¿Circunstancias?
—Así es. ¿Tienes alguna idea de cómo se llame la última estrella?
—Ilumíname, Oh, gran André, conocedor de las galaxias lejanas—digo, imitando una voz reverente.
André suelta una risotada y me revuelve el cabello. Me da un abrazo y me murmura al oído “Feliz Cumpleaños”
—Eres parte importante de mi vida, y eres una de las pocas personas que me comprenden—me dice acercándose al telescopio a observar. Da una mirada y luego voltea a verme nuevamente—Además, eres una de las pocas personas, de las muy pocas, que realmente se han detenido alguna vez a escucharme, y, eso, en gran medida, me hace feliz, porque sé que cuento con alguien que no me dejará jamás de lado.
—Gracias André, realmente, gracias. Estoy feliz de saber que me haces parte importante de tu vida.
—No, Sasha, soy yo quien debe agradecerte. Es por eso que he hecho esto, mas sin embargo, sé que aun no es suficiente para agradecerte todo lo que has hecho por mí.
—Me has mostrado un cielo hermoso, con estrellas que titilan de la manera más perfecta. Eso, para mi, es algo que no se puede valorar tan sencillamente, porque dentro de mi felicidad, tiene valor incalculable. Me has mostrado algo que perdurará, un lindo recuerdo que estará ahí para siempre. La belleza de esta vida está ahí, pero muchas veces no la miramos, pero tú te has tomado la molestia de buscar un poco de ella para mí y me la has mostrado. Eso, es, con toda seguridad, algo que me hace sentir alguien afortunado por ser capaz de compartir contigo algo tan personal.
André vuelve a darme un abrazo y puedo escuchar como me murmura “Gracias” repetidamente. Es ese vinculo tan cercano lo que me une a André es una de las pocas cosas que cuido con todas mis fuerzas posibles, porque, al igual que el vinculo que me une con Karla y Cori, es un vinculo que no pretendo permitir que se rompa, así sea me cueste la vida.
André se acerca a la frazada y de debajo de ella saca un papel cuadrado que esconde tras de si.
—¿Aun no te imaginas como se llama la ultima estrella?—me dice sin dejar de sonreír.
Niego con mi cabeza y dirijo una mirada a las lejanas constelaciones celestes, esperando que André me diga el nombre de la última titilante estrella.
—Se llama A—me dice, pasándome el papel que escondía tras de sí.
Es un pequeño pedazo de papel acartonado que tiene escrito dentro un titulo bastante curioso. “GLOBAL STAR REGISTRY” Un poco más abajo especifica mi nombre “Sasha Alexander Leader” seguido de “Es propietario de cinco estrellas” Da la fecha y el nombre de las estrellas. ¡Dios! André me ha regalado las estrellas. ¡Esto es…increíble! Las cinco estrellas conforman mi nombre: S.A.S.H.A
—Feliz cumpleaños Sasha—murmura André sonriente— Creo que de ahora en adelante, S.A.S.H.A, serán mis estrellas favoritas.
Esa noche, fue la noche en la que comprendí, cuan capaz es el ser humano de borrar los limites para demostrarle a alguien cuan importante es, y más aún, cuan capaz es de hacer que la belleza del mundo sea una de las cosas que siempre debemos de buscar, de manera incesante y sin detenernos, para demostrarle a todos que aun existe algo…que vale la pena.
Continuará.
Ending:









Autor: Luis F. López Silva
Todos los derechos reservados ©

martes, agosto 28, 2012

Capítulo 21: Alice.

Green and blue
El ambiente en la habitación es tan quieto y calmado. Blanco, hay blanco por doquier. Las paredes, blancas, el piso, blanco, las cortinas, blancas; solo mi pijama de hospital es de color azul. Karla y Cori se han ido hace unos minutos, los han llamado porque tienen que hacerles unos últimos exámenes y finalmente podrán dejar el hospital. Si mal no recuerdo, dijeron que habían pasado al menos dos semanas desde que estoy acá, pero, en coma la noción del tiempo es realmente nula. A mis sentidos les parece que solo han sido unas cuantas horas desde que sucedió el incidente con Liam, sin embargo ya transcurrió un lapso de tiempo considerable desde que perdí la conciencia y luego desperté en este hospital. Lo primero que pensé fue “es un techo extraño…ajeno y desconocido” No es lo mismo despertarme en mi casa, tranquilo, sin las costillas rotas y sin una sonda en el pene a despertarme en un hospital después de haber estado en coma por dos semanas. Por suerte la enfermera vino hace unos segundos a quitarme la dichosa sonda, ya me sentía incomodo pensando que tenia una manguera que iba desde mi uretra hasta mi vejiga.
Aun pienso detenidamente lo que Cori y Karla me han dicho respecto a su relación con Liam. No me cabe preguntarme a mi mismo el por qué no me lo habían dicho, pues sé que las razones son las mismas que tuve yo para ocultárselos también. Aun así siento que estamos haciendo algo mal, hay muchas cosas que aun no les he contado y hay muchas que ellos deben decirme, en ese aspecto se siente extraño que mi vida—Cori y Karla—tengan una parte que desconozco y mas aun que mi mundo no sepa que existe una parte de mi que aún tengo oculta.
Si no me equivoco, parece que aun no les he contado a ellos nada respecto a Tránsito. Karla lo sabe, porque ella tuvo la oportunidad de conocerla cuando vivíamos en Nueva York, pero Cori es ajeno a ella y más aun a Kathy. Ambos desconocen lo que sucedió alguna vez con Lucy, y Karla por su parte desconoce lo que está sucediendo con Cori y conmigo. No quiero dañar a nadie guardándome mas cosas de las que debo, pero también tengo miedo de que crean que no confió lo suficiente en ellos como para decírselos. Sigo teniendo ese miedo, pero ahora es distinto, ese miedo no es miedo de saber que es lo que ellos pensarán, no, ahora que tengo en claro que pase lo que pase siempre estaremos juntos y superaremos los obstáculos el único miedo que vive en mi es el hecho de poder dañarme una vez más a mi mismo al recordar cosas que he tratado de olvidar. Lastimosamente, el ser humano no vive con el propósito de olvidar, si no de recordar para bien o para mal sus acciones como muestra de que se esta vivo.
Esto me recuerda vagamente a Alice, una chica que bajo esta misma percepción del mundo ahora me hace darme cuenta que posiblemente recordar tenga su lado positivo, aun si lo que recordamos es algo que nos lastima.
Hace unos años, cuando recién nos mudamos a las afueras de la ciudad de Longmont, conocí a una chica. Su nombre era Alice. Tenía el cabello rubio y unos ojos azules parecidos a los míos. Era de tez blanca y pálida, delgada y un poco mas baja que mi. Su padre era amigo de mis padres, trabajaban juntos en un proyecto que llevaban acabo en Alemania. En esa ocasión, Alice acompañaba a su padre y se hospedaban en nuestra casa debido a los viajes que el trabajo de su trabajo siempre requería. Mi papá insistió en que ellos se quedaran con nosotros, fue por eso que tuve la oportunidad de conocerles. Ella siempre fue bastante reservada pero curiosamente hubo una vez, tan solo una vez, que Alice se mostró al mundo tal cual era.
Estábamos en diciembre, a pleno invierno, con la nieve cubriendo cada rincón de Longmont. Alice dormía en la habitación que está junto a la mía y yo, despierto como suelo hacerlo hasta tarde por la costumbre de pensar y reflexionar acerca de muchas cosas, miraba por la ventana los copos de nieve caer. Era todo silencio, sin nada ni nadie que interrumpiera mis vagos pensamientos acerca del mundo. Pero esa noche, en medio del silencio, escuche a alguien desahogar algo que siempre había estado oprimiéndole el pecho.
Ese día temprano, los chicos habían ido temprano a visitarme, se suponía que se quedarían a dormir en mi casa, pero les resulto un poco incomodo con Alice. Decían que no sabrían que decirle cuando la vieran porque ella simplemente se limitaba a dar respuestas cortas como un simple "si" o "no" a cada pregunta. Lo más que hablaba era cuando pedía permiso para algo o cuando hablaba con su padre. Era demasiado reservada.
Odry—como se llamaba su padre—la incitaba a que intentara hablar con alguien, a que interactuara con las personas, a que hiciera amigos, pero ella simplemente no lo hacia.
—Tendrá sus razones—pensaba para mi mismo cada vez que la veía sentada junto a la ventana de la sala, mirando al exterior.
Aquélla ocasión, si mal no recuerdo, los adultos tuvieron que salir a una reunión en la ciudad, así que Alice y yo nos quedamos solos en casa. En un principio ella insistió en ir con su padre, pero él le dijo que no podría, que esa vez no le seria posible que lo acompañara. Ella pasó buena parte de la mañana sentada en el sofá sin hacer absolutamente nada, simplemente estaba ahí, mirando al vacío, mientras yo la observaba desde la cocina, pensativo, preguntándome que era lo que cruzaba por su mente. Esa actitud tan cerrada y hermética me recordaba vagamente a mí. A ese yo que una vez existió y que poco a poco me envolvió en esa burbuja que me impedía ver el mundo con unos ojos capaces de observar más allá de lo que los sentidos permitían. Sin embargo, de ese yo, aun quedan vestigios que difícilmente desaparecerán, no lo sé...
No sé que fue lo que esa vez me impulsó a intentar entablar conversación con Alice, pero en un momento de iniciativa me anime a intentar hablar con ella, cosa de lo que ahora no me arrepiento. Las personas escondemos muchas cosas, pero hay algunas que seguramente siempre deberían de quedarse ahí, guardadas en lo mas recóndito de nuestra conciencia hasta perderse en el olvido y así dar por sentado de que nunca han estado ahí, lastimosamente nuestra conciencia nos impide hacer eso, no se por qué, pero siempre ha sido así, recordándonos lo que mas nos duele sin remordimiento alguno.
—Alice...—musité esa vez, ofreciéndole una taza de chocolate con malvaviscos.—¿Quieres un poco?
Ella me miró a los ojos por un largo rato antes de tomar la taza. Pude notar que su mirada era simple, vacía y sin emoción alguna. Sus ojos azules parecían estar apagados. Pude, al solo encontrarme con su mirada, comprobar que ella y yo no éramos nada diferentes. Era alguien que se sentía aislado del mundo, que sentía que no encajaba en ningún lugar pero que a la vez se sentía obligadamente parte de todo, en donde posiblemente la única escapatoria que ella tenía era el amor de su padre así como lo que yo tengo es a Karla y Cori.
—Gracias—musito ella tomando la taza y regresando su mirada a la nada.
Dio un sorbo.
No podía quedarme simplemente ahí como tonto parado, esperando a que ella dijera algo. Si había tomado la iniciativa de hablarle, entonces iba a hacerlo. No tenía mucho que perder, lo único que tenía era esa sensación de que Alice se sentía sola. Creo que en ese momento lo único que pensé fue "No permitiré que nadie mas sienta lo que yo sentí ni sienta dolor o soledad como yo la sentí" Ese sentimiento a que alguien se pudiese sumir en un mundo lleno de vacío como en el que yo estuve me daba miedo, me entristecía y sentía la necesidad de impedir que alguien pasara llanto y dolor pudiendo ser evitado.
No lo permitiría, no si podía detenerlo.
—Entonces... ¿Viajas mucho con tu padre?—pregunté, intentando sacar un tema de conversación.
—Si—contestó ella secamente sin inmutarse ni animarse a decir más palabra que esa.
—Ya veo—musite.
Le di un sorbo a mi chocolate y suspire. Miré hacia la ventana, intentando descubrir que era lo que Alice observaba tanto, pero no pude dar con nada que llamase mi atención.
—¿Ellos son tus amigos?—preguntó ella. Sorbió un poco de su chocolate y aguardo nuevamente en silencio.
Fue extraño. Me tomo por sorpresa el hecho de que tomara iniciativa en hablar e indagar sobre algo, o más especifico sobre mis amigos. Desde que había llegado jamás había hablado conmigo si no era porque le preguntase algo. Siempre limitándose a contestar lo que le pedían y nada más, pero esa vez fue diferente.
—¿Te refieres a Karla y Cori?
—Desconozco sus nombres. Hablo del chico y la chica que vinieron a visitarte hace poco.
—¡Ah! Ellos. Si, son mis amigos—le digo esbozando una sonrisa, como siempre cada vez que me preguntan quienes son Karla y Cori.
—Parecen ser muy unidos a ti—advierte ella, en la misma calma y con un gesto inmutable. Su mirada no se despegaba de la ventana.
—Lo son.
—No deberías confiar mucho en la gente—me dice, mirándome de reojo.
—¿No debería?
—Las personas siempre te decepcionan.
—Creo que concluyes demasiado rápido para decir eso—le digo tomando un poco mas de chocolate—Las personas también pueden sorprenderte.
Ella puso su chocolate en la mesa, se puso de pie y se acercó a la ventana. Veía detenidamente algo, algo que yo no podía notar y que intentaba darme cuenta de que era, pero parecía que solo ella podía verlo.
—¿Tanto confías en ellos?—inquiere.
—Lo suficiente—le contesto—Lo suficiente como para confiarles mi vida.
—Que me alegra—advierte ella mirándome.
Alice, en su seriedad y en su actitud tan inmutable, sonrió. Por primera vez la pude ver sonreír desde que la había conocido. No es que llevara mucho tiempo conviviendo con ella, apenas un par de semanas, pero fue agradable ver como ella podía demostrar un gesto de felicidad con una sonrisa.
—¿Tu tienes a alguien en quien confiar?—le pregunto con curiosidad.
Ella asiente y vuelve a tomar asiento. Coge nuevamente la taza con chocolate y vuelve a sorber otro trago.
—Creo que si—advierte.
—Es bueno tener a alguien—le digo tratando de no perder el hilo de la conversación—Siempre necesitaras de alguien que le de color a tu vida.
—O de alguien que te la haga gris...—musita con tono apagado.
Otra vez esa imagen tan fría y mustia. Me daba la sensación de que ella reprimía muchas cosas. Podía sentirlo, lo sabia, percibía esa emoción tan asfixiante que alguna vez sentí, esa necesidad de desahogar algo pero que por miedo a dañar la misma sanidad nuestra no la sacamos a flote...y mas aun por miedo a que los demás se alejen de ti porque no estaban preparados para algo que nunca debieron escuchar.
—Se hace gris solo si tu permites que se haga gris—le dije, mientras mordía un malvavisco.
—No Sasha, tu vida puede tornarse incluso negra sin que lo quieras.
Sasha. Así que ha podido llamarme por mi nombre. Era una buena señal. Jamás lo había hecho antes, y en cierta medida, me alegraba un poco que lo hiciera.
—Tendría que haber sido algo realmente malo para que eso sucediera—le comento.
—Todo depende de si en ese momento eso es bueno o malo.
Niego con mi cabeza. Simplemente no podía aceptar eso. Esa idea de Alice tenía un punto débil y era que si así fuese, entonces no existiría el arrepentimiento. Si algo tenía por sentado a mis catorce años era eso, saber cuando debía de retractarme de algo que estaba mal y de cuando debía cambiar eso malo por algo bueno.
—Imposible—le digo seguro de mi mismo—de ser así entonces no existiría el arrepentimiento.
—No existe—dice con tono seco—nunca ha existido.
—Y entonces, ¿que es lo que sienten las personas cuando se retractan de lo que hacen?
—Miedo
—¿Miedo?
—Si, miedo de los demás. Si existiera el arrepentimiento entonces sería antes de cometer el acto. Eso es arrepentimiento.
—Eso es raciocinio—le digo retirando las tazas vacías y llevándolas al lavabo.
Alice me acompaña a la cocina y sigue hablando conmigo. Parece que finalmente ha decidido salir de su ensimismada conciencia.
—Si, posiblemente—me dice no tan convencida de mi afirmación—Pero también es miedo.
—¿Y que diferencia hay entonces entre el miedo que te lleva a no hacerlo y el miedo después de haberlo hecho y tratar de pedir perdón?
—Simple, en un principio solo fue un pensamiento estúpido. Luego, una vez se hace, es estupidez en estado puro—manifiesta secamente—por eso digo que el arrepentimiento no existe, si no mas bien un estado de estupidez que va de leve a enfermizo.
Interesante. Fue realmente interesante la manera en la que Alice pudo reflexionar al respecto. Paso de ser una chica callada a alguien que tenia un mundo de ideas que necesitaba materializar.
—¿Y que hay de los que no se arrepienten?—inquiero con curiosidad.
—Bueno, si ya dije que el arrepentimiento no existe, entonces con mas razón no tendrán de qué arrepentirse. Solo serán estúpidos, y nada más.
—Entonces soy un estúpido en algunas cosas—le digo sin tratar de retractarme—no me arrepiento en lo mas mínimo de haber conocido a Karla o a Cori...ni de haberte conocido.
—Has entendido todo mal—me dice negando con su cabeza—el arrepentimiento, a mi manera de verlo, no existe cuando el hecho es algo malo, es entonces cuando solo es estupidez. Podríamos decir que es un tipo de arrepentimiento estúpido. Sin embargo, si es bueno, entonces estará en tu criterio decidir si te arrepientes de algo o no, todo depende de tu condición apática, que se yo, la gente es tonta, de ahí en adelante, si no eres apático, entonces es simple felicidad y nada más.
—Comprendo...o eso creo. Pero en ese caso, creo que he sido estúpido muchas veces—le digo riendo—hay tantas cosas de la que creo que me arrepiento. Pero si el arrepentimiento no existe, entonces puedo decir que mi nivel de estupidez es medio.
—¿A sí?—inquiere con curiosidad—¿Como que cosas te hacen estúpido?
—Como causarles muchas preocupaciones a mis amigos.
—Pues eso no está mal ni es estúpido, al contario, no es nada de lo que puedas arrepentirte, pues si tus amigos se preocupan es porque te estiman, y si siguen aun contigo a pesar de las preocupaciones entonces puedes dar por sentado de que te aman.
—Ya veo.—le digo sorprendido por tal conclusión—¿Tu tienes algo de lo que te arrepientas? o bueno, mas bien... ¿Algo por lo qué sentirte como estúpida?
—Si, tengo muchas estupideces sobre mi conciencia.
—¿A si? ¿Como qué?
Alice aguarda unos segundos en silencio. La manera en la que ella mira el mundo me sorprende y va un poco mas allá de lo que había podido ver hasta esos momentos, aun así, eso que mira mas allá de lo que los demás pueden ver es algo difuso, sin un enfoque bien definido. Pero, no deja de sorprenderme.
—Como el hecho...de haber perdonado a mi padre por haberme violado—me dice sin mucha convicción.
Fue hasta entonces, hasta ese momento que comprendí porque Alice era tan cerrada a todo y a todos. Aquella aseveración cayó sobre mí como mil toneladas de plomo aplastando mi pecho y oprimiéndolo.
—Tiene que ser una...broma.
—No lo es Sasha.
—Pero Odry...él...
—¿Odry? No me refiero a él. Él no es mi padre biológico. Él es mi padre adoptivo, y si no fuese por él, seguramente yo estaría metida en algún orfanato. A él le debo tanto, mas sin embargo él nunca me ha pedido nada a cambio. La calidez y el amor que nuca tuve de mi verdadero padre la he encontrado en Odry y es por eso que me aferro a él, porque temo volver a sentirme sola.
—Lo siento Alice, no debí preguntar, en serio, lo siento, yo...
Ella niega con su cabeza. Su mirada pegada a la mesa delata esa tristeza inminente que se siente cuando recordamos algo que no queríamos, algo que nos carcome por dentro hasta dañar nuestro exterior.
—No es algo por lo que debas disculparte, además, fui yo quien te lo mencionó.
—Entonces es algo por lo que tú no debes de arrepentirte. Él perdón va mas allá del simple hecho de dejar atrás lo sucedido, si no de buscar la paz interior aun si el daño fue enorme. Te redimes a ti mismo cuando lo haces y le das al mundo más de lo que te pide, siendo así mejor que muchos.
—Es por eso que soy estúpida, Sasha, porque ahora me doy cuenta de cuan grave fue el daño, y de haberlo sabido antes entonces no lo hubiese perdonado.
—¿Te agobia el hecho de haberlo perdonado?
—Repudio cada letra de la frase "te perdono" Repudio el día y la hora en la que se lo dije.
—¿Te arrepientes?
—El arrepentimiento no existe—musita ella.
—¿Crees que fue una estupidez?—le pregunto con un nudo en la garganta de tan solo imaginar lo que Alice pudo haber sentido alguna vez. Es simplemente atroz.
—A mis ocho años desconocía que era una estupidez o no. Y hasta ahora, me lo he preguntado cada día sin saber una respuesta. Es fácil cuando lo vez en alguien más, pero examinar tu conciencia es difícil, es prácticamente suicidio, es mas difícil que probar que aun existen personas buenas en este mundo.
—Entonces tu teoría ahí no tiene cabida, Alice. Piénsalo. Hasta este momento, el arrepentimiento siempre existió, solo que te negaste a verlo. El arrepentimiento existirá ya sea por odio o por bondad.
—Entonces no me arrepiento de haberlo hecho—advierte con una voz tan tensa que pude jurar en ese instante que lloraría.
—Los seres humanos somos extraños—le digo encogiéndome de hombros—Y aun así, somos tan predecibles. ¿Crees en el perdón?
—No lo sé.
—¿No lo sabes o te niegas simplemente a saberlo?
—Creo que solo tengo...miedo.
—Entonces no es tu padre quien necesita ahora el perdón, Alice. ¿Lo odias?
—No—me dice, comenzando a sollozar—no puedo, jamás pude. Por más que lo intenté luego, no pude.
—Si lo piensas, te darás cuenta entonces que lo perdonaste y lo que sientes no es remordimiento de haberlo hecho, si no miedo de ti misma.
—¿Miedo? Así que siempre fue eso.
—¿Sabes por qué?
—No lo sé.
—Porque a la única persona que necesitas perdonar ahora por haberla atormentado por algo que se soluciono hace tiempo...es a ti.
Ese día, fue un día como pocos en el que pude ver a alguien como yo, venirse abajo. A alguien que todo el tiempo estuvo temeroso de un mundo cruel que sería capaz de todo con tal de verte destruido. Alice y yo, en el fondo, no éramos ni somos tan distintos, siempre tuvimos el miedo frente a nosotros, un paso justo delante del nuestro atormentando nuestra conciencia con algo a lo que denominamos culpa, pero que nunca fue mas que un vacío de felicidad que necesitaba ser llenado. Alice hasta el día de hoy, vive con Odry, su padre adoptivo, y desde ese día, al menos conmigo, Alice cambió. De vez en cuando hablo con ella por teléfono, y siempre tenemos charlas bastante reflexivas acerca de muchas cosas. Puedo decir a ciencia cierta que ella es una de las pocas personas que tiene tantas cosas buenas para decirle al mundo y que deberíamos escuchar y puedo asegurar más aun, que su corazón es tan cálido, no como el de una persona, si no, como el de un verdadero ser humano.
Mi padre y mi madre han regresado finalmente. ¡André! ¡André viene con ellos! ¡Dios! ¿¡Pero como es posible!? Así que era de esto de lo que ellos hablaban. André simplemente se para en la puerta y me mira con cara de preocupación. Puedo notar en su gesto que está a punto de llorar. Se acerca despacio hacia donde mi y me mira por unos segundos tratando de contener unas lagrimas que están a punto de asomar de esos ojos ya vidriosos.
—¡Me preocupas demasiado, torpe!—me dice abrazándome ya sin poder retenerse.
—André...pero ¿Que haces aquí?
—Vine a verte ¿Que acaso no es obvio?—me refunfuña mientras examina mi rostro—¿En serio, ya estas bien? ¿Te duele algo?—inquiere preocupado.
—Dile eso a mis costillas—le digo riendo lo mas suave posible para que no me duela—están algo fracturadas.
—Me alegra en serio que ya hayas despertado—me dice esbozando una sonrisa—no pude estar tranquilo una vez me dieron la mala noticia. Se suponía que vendría un día después de que te ingresaron en el hospital, pero la universidad no me lo permitía. En serio Sasha, me tenías preocupado.
—Venga, que estoy bien. No te preocupes tanto.
—¿¡Qué no me preocupe!?—exclama él—Estamos hablando de ti, fuiste tú quien paso un mal rato ¿y aun así me dices que no me preocupe? Es que tengo que ver por mi mismo a ese pedazo de mierda que te hizo esto para estrujarle la cara.
Me limito a sonreírle. Me alegra en serio ver a André. Ya tenia un buen rato de no verle y pues el hecho de que esté acá me anima bastante. Siempre le he estimado mucho, y así como yo podría dar mi vida por él, sé que el sería capaz hasta de lo imposible por mi.
Karla y Cori han aparecido nuevamente. Ya llevan sus ropas normales puestas. Parece que han terminado de examinarlos. Karla al ver a André, corre como demente y se abalanza sobre él. Siempre se han llevado bastante bien y teniendo en cuenta que ya tienen un buen tiempo de que no se miran, su reacción era más que previsible.
—¡André! ¡Finalmente estás aquí!—le dice Karla emocionada, abrazándolo.
Él también parece bastante contento de volver a verla. Parecen dos niños. Es gracioso y tierno a la vez.
—¿Quién es él?—me pregunta Cori sentándose a mi lado.
—André.
—¿André?
—Si. André, una parte importante de mi vida.

Jueves 26 de Agosto de 2010
(10:18 PM)
Son, seguramente, cada uno de nuestros recuerdos, un arma de doble filo capaz de cortar hasta el ultimo hilo de conciencia, hundiéndonos y haciéndonos sentir lo más miserable del mundo. Es seguramente el arrepentimiento un acto de cobardía ante nuestras acciones.
Aún así, son nuestros recuerdos lo único que nos permite volver a sentir esa felicidad que alguna vez vivimos y es el arrepentimiento lo que nos hace reflexionar de cuan cerca de ser buenas personas estamos.
Perdonar no es de fuertes ni de los que miran los hechos pasar de lejos, mucho menos de los que olvidan; perdonar es dar otro paso mas al frente y rescribir una huella, una huella que alguna vez fue mal dibujada en nuestra vida y que luego bajo nuestra sanidad la rescribimos llenos de una paz sin límites.
Sasha
PD: André está aquí.
Ending:









Autor: Luis F. López Silva
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