Un cajón de sastre al azar

Un cajón de sastre al azar
Imagen de Anita Smith en Pixabay
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domingo, noviembre 21, 2010

Maria (Jorge Isaacs)




Sinopsis:


Basada en experiencias autobiográficas, tiene un tono elegíaco, y narra la historia de los amores trágicos de María y su primo Efraín, en el valle del Cauca. Como el propio autor, Efraín debe abandonar el Cauca para seguir estudios en Bogotá. Deja en el Cauca a su prima María, de la que está enamorado, y con la que vive un romance a su regreso, seis años después. Efraín y María están juntos durante tres meses, al cabo de los cuales el joven debe viajar a Londres para completar su educación. Sin embargo, Maria esta enferma de tuberculosis, causa por la cual, su madre murio muy joven, siendo ella muy pequeña. Eso, mas las emociones que le inspira la partida de Efrain, la suman en un estado del que quizas, no salga con vida. Llaman a Efrain para que vuelva a America, mientras Maria agonia por su ausencia, ¿sera capaz de llegar a tiempo y salvarla?

Informacion:

María es una novela romántica escrita por el autor vallecaucano Jorge Isaacs en el año de 1867, que tiene lugar en la hacienda «El Paraíso», ubicada en el municipio El Cerrito en el Valle del Cauca, en la que Isaacs realmente vivió. Aunque esta novela es clasificada como romántica, llegan a resaltar pocos momentos de humorismo; se pueden observar en las bromas que hace el padre de Efraín a María, o las bromas de María Y Efraín, siempre llenas de respeto.

María por su tema y estructura conserva todas las características de la novela sentimental que en Francia había llegado a su apogeo con Atala de Chateaubriand y Pablo y Virginia de Saint Pierre. La novela presenta muchos aspectos asimilados de sus modelos franceses; pero su gran originalidad consiste en que pone por primera vez, como idilio romántico el ambiente real de la naturaleza americana.

El eje central de la novela es la relación de los desdichados amores de dos adolescentes: Efraín, hijo de un hacendado de la región del Cauca, y su prima María. Este idilio va a tener como marco el bucólico ambiente natural de esa región colombiana.

Fuente: Wikipedia

Vease: Monumento a Jorge Isaacs (Cali, Colombia)


Mas informacion:

María de Jorge Isaacs:

El escritor colombiano Jorge Isaacs (1837-1895) es el autor de la novela de mayor éxito que se haya publicado nunca en la América hispana después de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.

En efecto, la historia de los amores entre María y Efraín, que Isaacs dio a la imprenta en 1867 bajo el título de María, había alcanzado las cincuenta ediciones antes de que finalizara el siglo XIX, y, desde entonces, sus lectores no han dejado de crecer, subyugados por la sobria prosa del novelista colombiano, por el conmovedor tono de su relato, por los valores encarnados por sus jóvenes héroes sentimentales, unidos en un afecto idílico sin otros tintes que los de un romanticismo natural, casi salvaje, al que ponen marco los grandiosos paisajes de los trópicos americanos y las reivindicaciones de un primitivismo noble e inocente.
Buscador incansable del paraíso, Isaacs quiso proyectar en su obra un espacio donde cupiera la belleza, la sensualidad y la pasión, pero en el que no podían estar ausentes, sin embargo, el dolor y la muerte, la nostalgia y el sufrimiento emocional, como en toda experiencia de vida auténtica.

Fuente: Lecturalia


Comentario personal:

Para los amantes del Romanticismo, es una novela completamente recomendable. Narra una historia de amor sencillo, puro, sin malicias, ni celos, ni egoismos, es el amor en forma primitiva, como en el Eden (supongo yo), en el principio en que todo era perfecto.

Si son sentimentales (como yo) los hara llorar.

Saludos!




sábado, noviembre 13, 2010

Novela rosa

Novela romantica, la cual, narra la historia de amor entre dos personas, y como a pesar de todo, triunfan sobre las adversidades y viven felices para siempre.



Nota: Formula de la mayoria de los cuentos clasicos infantiles (sobre todo, los adaptados a Disney).

Cito:

"Tan solo en los Estados Unidos la lectura de novelas romanticas se ha convertido en la aficion de unos 20000000 de personas. (...) Algunas novelas romanticas hasta han ascendido al nivel de la buena literatura. (...) Para los escritores de hoy lo lucrativo ha sido producir enormes cantidades de una nueva variedad de novelas romanticas. (...) Excepto por diferencias leves, las novelas romanticas de hoy siguen una formula bastante facil de predecir: heroes y heroinas superan obstaculos impresionantes que amenazan su floreciente idilio.

Es tipico que el heroe sea un hombre fuerte, hasta arrogante, que rebosa de confianza en si mismo. Pero (...) la heroina es delicada y vulnerable, a menudo 10 o 15 años mas joven que el heroe. Y aunque muchas veces el la trata con desprecio, ella todavia se siente atraida irresistiblemente a el.

Por lo general hay un pretendiente rival. Aunque bondadoso y considerado, no entusiasma a la heroina ni despierta su interes. De modo que ella usa sus encantos seductores para transformar a su estoico heroe en un alma tierna que ahora le declara francamente su amor duradero. Aclaradas y perdonadas todas las sospechas y dudas anteriores, alegremente se casan y viven felices para siempe...

Fuente: Los jovenes preguntan... Respuestas practicas (Editado y distribuido gratuitamente, o con donacion voluntaria por los Testigos de Jehova)

Caracteristicas:

1.ª La historia debe centrarse en la relación y el amor romantico que surge entre dos seres humanos. La asociación de escritoras de novelas rosas de Estados Unidos de Norteámerica consideran que, actualmente, no debe centrarse sólo en el amor romántico heterosexual, sino que, según definen, la trama principal se refiere a dos personas que se enamoran y se esfuerzan en que su relación funcione. El conflicto en el libro se centra en la historia de amor. El clímax en el libro resuelve la historia de amor. Pueden existir otras subtramas, pero la historia de amor debe seguir siendo el tema principal.

2.ª El final de la historia debe ser positivo, dejando al lector que crea que el amor entre los protagonistas y su relación perdurará por el resto de sus vidas. Según la asociación estadounidense antes mencionada, debe haber un "final emocionalmente satisfactorio y optimista". Las novelas rosas finalizan de tal manera que el lector se siente bien. Se basan en la idea de una justicia emocional innata, la noción maniquea de que la gente buena acaba siendo recompensada y la malvada es castigada. En una novela rosa, los amantes que se arriesgan a luchar por su amor y su relación acaban siendo recompensados con justicia emocional y amor incondicional.

Perfil de la lectora promedio.


Es un género leído prácticamente por mujeres; sólo un 5% de hombres leen este tipo de ficción. El perfil de la lectora de novela rosa es el de una mujer urbana que trabaja o estudia, y posee un nivel social medio-alto, aunque cultural medio-bajo. Las edades oscilan entre los 15 y los 50 años. A lo largo de los años, las aficionadas a este género se han vuelto más exigentes respecto al contenido, pidiendo historias más consistentes, bien documentadas y coherentes a la época y valores de que trate la trama, con diálogos ágiles, personajes tridimensionales e historias inéditas. Lo que define claramente gustos y tendencias especializadas, como puede verse en diversas páginas web dedicadas al género. Se considera un público en alza que llega a consumir hasta cuatro o cinco títulos al mes.
Sin embargo, en los últimos tiempos, conforme el nivel cultural de la sociedad se ha mantenido, y sin embargo ha aumentado el acceso a la cultura de las masas, esta exigencia por la calidad de los contenidos ha casi desaparecido.

Grado de sensualidad


Existen diversos grados de sensualidad en este género, desde las novelas enteramente blancas, sin elementos perturbadores, para satisfacer el gusto de lectoras conservadoras o religiosos, hasta historias picantes e incluso eróticas, llamadas romance erótico, caracterizadas por tener un contenido sexual fuerte.

Fuente: Wikipedia

Opinion personal:

Soy fanatica de la literatura, adoro la "BUENA literatura" y estoy acostumbrada a leer clasicos inmortales (William Shakespeare), del genero gotico (Edgard Allan Poe), y novelas de muy variados tipos, con buenas tramas (no trillados), personajes profundos, en fin, buena literatura, aunque, de vez en cuando, me gusta leer algo solo para "pasar el rato".

A mi punto de vista, esta clase de literatura es algo solo para pasar el rato, por supuesto, hay muchas personas que lo consideran un genero favorito y ademas, muy vicioso; sin embargo, "la mucha miel empalaga" y considero que no es la clase de libro que te hacen crecer como persona, en sentido de mente, inteligencia, cultura, etc. No aportan nada nuevo o interesante, mas que entretenerse.

Es todo!

P.S. Y para los que les guste este tipo de genero, he aqui un blog dedicado por completo a esta clase de literatura, disfruten!

sábado, noviembre 06, 2010

Calle de doble sentido



Sinopsis:

En cada ruptura hay dos caras.

Estos son Jordan y Courtney, completamente enamorados. Es cierto, eran una pareja de instituto poco corriente. Pero encajaban; funcionaba. Incluso van a ir a la misma universidad, y van a cruzar el país juntos para llegar a Orientación. Entonces Jordan deja a Courtney... Por una chica que conoció en Internet.

Es demasiado tarde para un cambio de planes, así que siguen adelante con el viaje por carretera. Courtney tiene el corazón roto, pero da por hecho que podrá soportarlo durante unos días. La, la, la... - Esta es Courtney fingiendo que no le importa.
Pero en un giro inesperado de la historia, a Jordan le importa. Y mucho.
Resulta que tiene un par de secretillos que le está ocultando a Courtney. Y estos tienen todo que ver con el por qué rompieron, por qué no pueden volver a estar juntos, y cómo, a pesar de todo, esta pareja está destinada a estar junta.

Comentario personal:

No es la tipica novela de adolescentes enamorados, creo que va mas alla de eso, te muestra claramente como piensan, sienten y actuan tanto los hombres como las mujeres en sus relaciones, es muy natural y te sientes muy identificada con ambos protagonistas. Sin embargo, algunas partes son bastante predecibles y el final (la ultima media pagina), creo que le falto, aunque, como acabo la historia me gusta en general, es decir, que hicieron ambos protagonistas.

Un saludo!




martes, octubre 19, 2010

Fallen (Oscuros), escrito por Lauren Kate



Luce de 16 años de edad, es un nueva estudiante de Sword & Cross, la escuela se ubica en Savannah, Georgia.

El novio de Luce murió en circunstancias sospechosas, y ahora lleva la culpa por su muerte, mientras recorre los pasillos de Sword & Cross, donde cada estudiante parece tener una desagradable historia.

Es sólo que cuando ve a Daniel, un compañero de estudios magnífico, Luce siente que hay una razón para estar aquí, aunque ella no sabe lo que es. Y la actitud fría de Daniel hacia ella? Es realmente una forma de protección...

Daniel es un ángel caído, condenado a enamorarse de la misma chica cada 17 años. . . y verla morir. Y Luce es una compañera inmortal, que tiende a reencarnarse una y otra vez como una niña mortal que no tiene ni idea de quién es realmente.

Comentario personal:

Es altamente recomendable, si te gustan los amores imposibles, la confusion propia de la adolescencia, chicos perfectos, un ambiente sombrio y depresivo (que solo aumenta el argumento romantico de la novela), angeles caidos, guerras celestiales y reencarnaciones esta historia es para ti.

Me ha encantado completamente, y debo decir que despues de leerla me he vuelto fan.

Sitio recomendado para fans de la saga:
Saga Oscuros

Un saludo!




Premio nobel de literatura 2010

Se que estoy un poco atrasada, y de hecho, me di cuenta en el momento en que lo anunciaron (es decir, el mismo dia); sin embargo, he estado un tanto ocupada. Como sea, a continuacion un pequeño homenaje a Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010. Felicidades!



Mario Vargas Llosa:

Jorge Mario Pedro Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 28 de marzo de 1936), más conocido como Mario Vargas Llosa, es un escritor en lengua española, considerado uno de los más importantes novelistas y ensayistas contemporáneos. Peruano de nacimiento, cuenta también con la nacionalidad española, que obtuvo en 1993. Su obra ha cosechado numerosos premios, entre los que destacan el Nobel de Literatura en 2010, «por su cartografía de las estructuras del poder y sus imágenes mordaces de la resistencia del individuo, su rebelión y su derrota»; el Premio Cervantes (1994) y el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1986), entre otros. Vargas Llosa alcanzó la fama en la década de 1960 con novelas, tales como La ciudad y los perros (1962), La casa verde (1965) y Conversación en La Catedral (1969). Continúa escribiendo prolíficamente en una serie de géneros literarios, incluyendo la crítica literaria y el periodismo. Entre sus novelas se cuentan comedias, novelas policiacas, novelas históricas y políticas. Varias de ellas, como Pantaleón y las visitadoras (1973) y La fiesta del chivo (2000), han sido adaptadas y llevadas al cine. Muchas de las obras de Vargas Llosa están influidas por la percepción del escritor sobre la sociedad peruana y por sus propias experiencias como peruano; sin embargo, de forma creciente ha tratado temas de otras partes del mundo. Ha residido en Europa (entre España, Gran Bretaña, Suiza y Francia) la mayor parte del tiempo desde 1958, cuando inició su carrera literaria, de modo que en su obra se percibe también una fuerte influencia europea. Al igual que otros autores latinoamericanos, Vargas Llosa ha participado en política a lo largo de su carrera. Fue candidato a la presidencia del Perú en 1990 por la coalición política de centroderecha Frente Democrático (Fredemo).

Fuente: Wikipedia

Informacion sobre el premio Nobel: clic aqui

La ciudad y los perros



Un libro básico para el estudio de la literatura hispanoamericana de la segunda mitad de este siglo.

Con esta novela Vargas Llosa alcanzó el reconocimiento internacional. En ella demuestra una madurez literaria extraordinaria que en delante irá en aumento hasta alcanzar un estilo depuradísimo y un sitio de primera fila entre los escritores contemporáneos. Desde su publicación, La ciudad y los perros ha sido traducida a más de treinta idiomas.

La ciudad y los perros no solamente es una diatriba contra la brutalidad ejercida en un grupo de jóvenes alumnos del Colegio Militar Leoncio Prado, también es un ataque frontal al concepto erróneo de la virilidad, de sus funciones y de las consecuencias de una educación castrense malentendida.

Aunada a la brutalidad propia de la vida militar, a lo largo de las páginas de esta extraordinaria novela, la vehemencia y la pasión de la juventud se desbocan hasta llegar a una furia, una rabia y un fanatismo que anulan toda su sensibilidad.

El libro más violento de Mario Vargas Llosa.

Premios:

Premio de la Crítica de Narrativa Castellana 1964
Premio Biblioteca Breve de Novela 1962

Descargar gratis La ciudad y los perros

Disfrutenlo! Un saludo!

sábado, septiembre 25, 2010

Biblioteca digital mundial



La Biblioteca Digital Mundial, BDM, es una biblioteca digital internacional creada por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y la UNESCO. La Biblioteca Digital Mundial fue inaugurada el 21 de abril de 2009 en la sede de la UNESCO de París, Francia.

La Biblioteca Digital Mundial tiene como objetivo promover el entendimiento internacional e intercultural, aumentar el volumen y la variedad de los contenidos culturales en Internet, proporcionar recursos para los educadores, académicos y al público en general, y conseguir, con la participación de instituciones de numerosos países, reducir la brecha digital tanto entre países como entre la población de cada país.

Su objetivo es ampliar los contenidos en idiomas distintos al inglés así como de origen no occidental y permitir el acceso gratuito y multilingüe a fondos provenientes de culturas de todo el mundo. El material disponible incluye manuscritos, mapas, libros raros, partituras musicales, grabaciones, películas, fotografías, documentos de arquitectura, así como otros materiales culturales.

En su apertura la biblioteca disponía de 1.170 documentos, y su página web era accesible en árabe, chino, español, inglés, francés, portugués y ruso.

Este es el enlace oficial: Biblioteca digital mundial

Definitivamente, la brecha entre culturas, pueblos y conocimientos del mundo se esta cerrando gracias a Internet o, ¿no lo creen asi?

33 razones para leer...


"Con lo mucho que me gusta leer en las escaleras..." (Sacha Mary Rotpirks)

¿Quién dijo que leer no servía para nada? ¿Quién dijo que leer era aburrido? ¿Sabía lo que decía? Seguramente no, ¿por qué? Simplemente se responde diciendo: ”No tenía el libro correcto en las manos”.

A continuación les presento 33 razones que los apasionados de los libros tenemos, para sumergirnos una y otra vez en tan maravillosa actividad.

Lista realizada por Victoria Fernández, Directora de la revista CLIJ.



1-Para vivir más

2-Para detener el tiempo

3-Para saber que estamos vivos

4-Para saber que no estamos solos

5-Para saber



6-Para aprender

7-Para aprender a pensar

8-Para descubrir el mundo

9-Para conocer otros mundos

10-Para conocer a los otros



11-Para conocernos a nosotros mismos

12-Para copartir un legado común

13-Para crear un mundo propio

14-Para reír

15-Para llorar



16-Para consolarnos

17-Para desterrar la melancolía

18-Para ser lo que somos

19-Para ser lo que no somos

20-Para dudar



21-Para negar

22-Para afirmar

23-Para huir del ruido

24-Para combatir la fealdad

25-Para refugiarnos



26-Para evadirnos

27-Para imaginar

28-Para explorar

29-Para jugar

30-Para pasarlo bien

31-Para soñar

32-Para crecer


33-¿Cuál es tu motivo?
Para escapar del mundo y entrar al mio (Sacha Mary Rotpirks Hannigan)




Y ustedes, ¿porque leen?

Fuente: Librosintinta

martes, septiembre 14, 2010

Circulo del libro...


Este es un proyecto que vi en un tema de FA, espero que les guste y se unan a este proyecto.

Resulta que hace algunos años se comenzó un "juego", que se basaba en dejar un libro en una esquina o lugar público con una carta dentro.
La carta explicaba dos cosas:
Una: Que el que encontrase el libro era propietario de él y que podría hacer con el libro, lo que quisiese.
Dos: Que, de querer sumarse al Círculo debía leer el libro. Y luego, dejar otro en su lugar en alguna esquina o lugar público. (O también se podía dejar el mismo)
Pero, nunca se debía olvidar la carta.

Los 10 escritores mejor pagados...

He aquí un articulo que me llegó por correo electronico, muchas gracias y... ¡Disfrútenlo!

Los 10 Escritores Mejor Pagados


Si tuvieras la oportunidad de tener bestseller y ser millonario o ganar un Premio Nobel, convertirte en una figura destacada de la literatura, pero... ser pobre, ¿que escogerías?
Imagen representativa...

James Patterson lidera la lista de los escritores mejor pagados

Los 10 Escritores Mejor Pagados

La industria literaria puede estar experimentando tiempos difíciles y caídas en las ventas, pero un nuevo estudio ha mostrado que muchos de los principales autores registraron elevados ingresos el año pasado. El exitoso autor de ficción y suspense James Patterson lidera la lista de los escritores mejor pagados publicada por Forbes.com, con ingresos de 70 millones de dólares (54,5 millones de euros), informa la agencia Reuters. Esta cantidad incluye un último acuerdo para escribir 17 libros para finales de 2012 por unos 100 millones de dólares. La clasificación de Forbes se basa en las ganancias de libros, derechos de películas, televisión y otros ingresos desde el 1 de junio de 2009 hasta la misma fecha de 2010.
Patterson, de 63 años, ha escrito más de 50 superventas y vendió más de 170 millones de volúmenes a nivel mundial, creando una franquicia que se expande a Hollywood, la televisión, revistas de historietas y juegos.

La autora de novelas de vampiros Stephanie Meyer, cuya serie Crepúsculo ha llegado con mucho éxito al cine, ganó 40 millones de dólares pese a no sacar un nuevo libro en el período de tiempo que abarca el estudio de Forbes.com. Su nueva novela de 192 páginas, el primer libro en dos años, salió a la venta en junio.

Stephen King, eterno éxito con sus libros de suspense, se ubica en tercer lugar con 34 millones de dólares, incluyendo 8 millones de dólares de las ventas de obras disponibles ya publicadas, según el estudio de Forbes. Su última novela, Under the Dome, se lanzó en noviembre y vendió unos 600.000 ejemplares, según Nielsen BookScan.

En cuarto lugar ha quedado la escritora de novela romántica Danielle Steel, que ganó 32 millones de dólares.

Más atrás aparece el escritor británico Ken Follett, cuya aclamada novela de 1989 Los pilares de la Tierra ha sido adaptada a miniseries de televisión en Estados Unidos. Sus ingresos fueron de unos 20 millones de dólares.

El autor estadounidense Dean Koontz es sexto con 18 millones de dólares, mientras que la autora de romance y aventura Janet Evanovich, famosa por la serie Stephanie Plum, tuvo ingresos por 16 millones de dólares.

Los otros autores que aparecen entre los 10 con mayores ingresos fueron el escritor de suspense John Grisham, el novelista Nicholas Sparks y la prolífica autora británica J.K. Rowling. La creadora de Harry Potter ganó 10 millones de dólares, una pequeña suma para la multimillonaria autora, que no lanzó ninguna obra el año pasado.

Fuente: http://www.elconfidencial.com/sociedad/james-patterson-lidera-lista-escritores-mejor-20100822-68787.html

domingo, septiembre 12, 2010

Sor Natalia (Villiers de L'Isle-Adam)

Este es un cuento que junto con el grupo de lectura al que pertenezco, debemos comentar este sabado, me ha gustado y espero que ustedes tambien lo disfruten.
¡Saludos!

Sor Natalia (Villiers de L'Isle-Adam)



Antiguamente, en Andalucía, en el ángulo de un camino montañoso, se
levantaba un monasterio de la Orden Tercera franciscana; aquel claustro,
aunque a la vista de otros conventos que velaban unos por los otros,
estaba sobre todo protegido por la devoción que imponía entonces el
aspecto de una gran cruz colocada ante la entrada, en la que una campana
tañía dos veces al día. Una capilla profunda, cuya puerta no se cerraba
jamás, se abría sobre tres peldaños, y el camino bordeaba por un lateral
la tapia del monasterio. A su alrededor, llanuras feraces, árboles
aromáticos, hierbas en las cunetas, aislamiento y camino polvoriento.

Un enervante crepúsculo de otoño, en el fondo de la capilla se
encontraba arrodillada, y con hábito de novicia, una joven cuyos rasgos
eran de una belleza suave y conmovedora. Estaba ante una hornacina
situada en un pilar de cuya bóveda colgaba una solitaria lámpara dorada
que iluminaba una Virgen con los ojos bajos y las manos abiertas,
dispensando gracias radiantes, una Virgen celestial en actitud de /Ecce
ancilla/.

Desde el camino, y por las vidrieras opuestas, se oían subir las notas
frescas y sonoras de un cantor de serenata acompañado de una bandurria
cordobesa. Las lánguidas frases, ardientes de pasión, de audacia y de
juventud, llegaban hasta la iglesia, hasta sor Natalia, la novicia
arrodillada que, con la frente apoyada sobre los brazos cruzados a los
pies de la Señora, murmuraba con voz desolada:

-Señora, bien lo ves: estoy llorando y te suplico que no me prives de tu
compasión, pues no es sino desfallecida y angustiada -y con tu santa
imagen en el fondo de todos mis pensamientos- como me voy a exiliar de
aquí. ¡Oh, Reina de la pureza! ¿Tendrás piedad de la que, por un amor
mortal, deserta del pórtico de la salvación? ¿Estás oyendo? Esa voz, en
su ferviente fidelidad, me está implorando. Si no voy, ¡él va a morir!
¿Cómo condenar los desvaríos que ha soportado tanto tiempo sin esperanza
y sin queja? ¿Cómo persistir en no consolar al que tanto ama? Tú,
Señora, que sabes cuánto te amo, y cómo me reconforta venir aquí cada
tarde a suplicarte, perdódanme. Aquí está mi velo, aquí la llave de mi
celda; a tus pies los deposito. Pero, ¡no puedo más, me ahogo... esa
voz... me atrae... adiós, adiós!

De pie, vacilante, sin atreverse a levantar los ojos, sor Natalia dejó
la santa llave y el velo a los pies de la azul Señora de dulce rostro de
luz, de ojos bajados y a la vez dirigidos hacia ¡qué cielos y qué
estrellas! Luego, apoyándose en los pilares, llegó hasta la puerta y
después de un instante la abrió: descendió los peldaños y se encontró en
el camino que se prolongaba hasta la lejanía, bajo la claridad de una
gran luna que iluminaba el campo.

-¡Juan! -llamó.

Al escuchar esta llamada apareció un joven, de perfil dominador y mirada
ardiente de alegría, que saltó del caballo y envolvió con su capa a la
que, por fin, había venido hacia él.

-¡Natalia! -dijo.

Y, sujetándola acurrucada entre sus brazos sobre el caballo, partieron
veloces hacia la casa solariega cuyas torres se perfilaban a lo lejos
bajo las sombras lunares.

* * *

Transcurrieron seis meses de fiestas, de amor, de encantadores viajes
por Italia, a Florencia, a Roma, a Venecia: él feliz y ella con
frecuencia pensativa, pues las caricias de su ardiente raptor, aunque
amorosas y embriagadoras, no eran las que la inocencia de su corazón le
había hecho esperar. De repente, de regreso a Cádiz, una mañana soleada,
sin que una sola palabra la hubiera advertido, se despertó sola, sin
anillo nupcial, sin la alegría de un hijo siquiera; su amante, cansado
de ella, había desaparecido. Con un profundo suspiro, la joven dejó caer
el sombrío billete que le anunciaba la soledad, pero no se quejó pues
estaba resuelta a no sobrevivir. En pocas horas, tras haber distribuido
entre los pobres el oro que le quedaba, en el momento preciso de
librarse de la vida, un pensamiento, un cándido pensamiento se adueñó de
ella: quería volver a ver, sólo una vez más, una sola, a la Señora de
antaño para darle el supremo adiós. Por lo que, vestida de penitente y
mendigando algo de pan por el camino, se dirigió al monasterio, hacia la
capilla más bien, pues ya no podía volver a entrar junto a las vírgenes
fieles. Tras unos cuantos días de camino y cuando oscurecían los tonos
azulados de un hermoso atardecer resplandeciente de astros, llegó
temblorosa y extenuada ante al santo lugar.

Recordaba que, a esa hora, sus antiguas compañeras se hallaban retiradas
en oración en sus celdas, y que, bajo los altos pilares, la iglesia
debía hallarse tan desierta como la noche del rapto. Empujó pues la
puerta y miró: ¡no había nadie!, sólo allá lejos y bajo la lámpara
siempre encendida, la Señora. Entró y, de rodillas, avanzó sobre las
blancas losas, hacia su celestial amiga e, inclinada y sollozando, dijo
al llegar a los pies de Aquella que perdona:

-¡Oh! ¡Señora! ¡No merezco clemencia! Cuando la tentadora voz me
suplicaba, no sabía, no sabía cuánto abandono, cuánto oprobio reserva el
amor mortal ¡Qué vergüenza! Voy a morir pues, desterrada de cualquier
asilo de los míos, sobre todo de aquí... ¿Cuál de tus hijas, ¡oh Madre
mía!, no me recibiría con un gesto de espanto si me viera en esta
capilla? ¡He perdido la esperanza queriendo consolar a otro..!

* * *

Entonces, cuando las silenciosas lágrimas de Natalia caían sobre los
pies de la Divina Elegida, la joven dirigió una mirada suprema, repleta
de adiós, hacia la Señora, y se sobresaltó con súbito éxtasis, pues vio
que los sagrados ojos la miraban, que los labios de la estatua se abrían
y que la celestial Señora le decía dulcemente:

-Hija mía, ¿no lo recuerdas? Antes de dejarnos me confiaste tu velo y la
llave de tu celda. Te he reemplazado pues aquí, realizando bajo ese velo
todas las tareas que exigen tus votos, ninguna de tus compañeras se ha
percatado de tu ausencia, toma pues lo que me confiaste, regresa a tu
celda, y... no te marches nunca más.

FIN

sábado, septiembre 11, 2010

El libro impreso mas antiguo del mundo


Nota: La imagen es solo ilustrativa...

Para una gran mayoría de la gente el libro impreso más antiguo del mundo es la Biblia de Gutenberg. Esto es lo que siempre nos han contado y lo que nos han enseñado en Occidente. Sin embargo, centenares de años antes de que Gutenberg sacara a la luz su primer libro ya existían en Oriente los primeros libros impresos.

A día de hoy el libro impreso más antiguo del mundo es un texto budista del Sutra del Diamante que fue elaborado en China en el año 868 de nuestra era. Fue descubierto a principios del siglo XX por el orientalista Sir Marc Aurel Stein (1862-1943) en una cueva del noroeste de China junto a otros textos antiguos que probablemente formaban parte de una biblioteca que fue allí escondida hacia el año 1000. En realidad el Sutra del Diamante es el único de los textos que presenta una fecha de edición por lo que es el único del que con certeza podemos asegurar su edad.

El Sutra del Diamante es un libro realizado en un papel gris impreso con caracteres chinos que tiene una longitud de cinco metros y que está enrollado en un cilindro de madera. Los sutras son textos budistas que tienen alguna enseñanza religiosa y que frecuentemente narran alguna enseñanza de Buda. El texto que nos compete fue realizado por un hombre llamado Wong Jei el "décimo tercer día del cuarto mes del noveno año de Xiantong" (11 de mayo de 868 de nuestro calendario), tal y como queda recogido al final del texto que está dedicado a sus padres. El rollo está impreso a partir de siete bloques de madera. La técnica de esta primera "imprenta" consistía en pintar los caracteres sobre papel y superponer un bloque de madera donde quedaba impresa una imagen especular de lo escrito en el papel. A raíz de aquí se rebajaba a mano la madera para que los caracteres especulares quedaran en relieve y a partir del bloque de madera rebajado poder
imprimir las copias deseadas.

La historia del descubrimiento de este primer libro impreso es la mar de interesante. Debemos situarnos en un lugar perdido, en medio del desierto del Gobi, y a cuatro jornadas de camello de la ciudad china de Dunhuang, intersección de los caminos norte y sur de la Ruta de la Seda. El lugar en cuestión es llamado como las Grutas de los Diez Mil Budas (aunque también es conocido por el nombre de las Grutas de Mogao o las Grutas de Dunhuang). En realidad es un gran complejo de santuarios excavados en roca y cuyo origen se remonta a mediados del siglo IV, cuando según cuenta la leyenda al monje Lo-tsun se le aparecieron miles de Budas simultáneamente y le pidieron albergar allí un santuario. Desde aquel día se iniciaron a decorar estas grutas que con el paso de los años albergarían incluso pinturas y esculturas.

En 1907 el arqueólogo y orientalista Marc Aurel Stein se enteró de que había un monje llamado Wang Yuanlu que ejercía de guardián de las grutas y que había encontrado una biblioteca en una cueva perdida. Contactó con él y logró que le llevara hasta ella. Stein quedó perplejo cuando vio una pila de tres metros de altura con 40.000 manuscritos enrollados en perfecto estado de conservación. Durante meses Stein se dedicó a ver cada uno de estos manuscritos. Seleccionó unos cientos y logró convencer al monje para poder sacarlos de allí rumbo a Inglaterra a cambio de una donación al santuario. 24 cajas llenas de manuscritos y 5 más con pinturas sobre seda llegaron así a la Biblioteca Británica. Actualmente, el Sutra del Diamante se expone allí y no muy lejos de la Biblia de Gutenberg.

La imprenta moderna de Gutenberg, basada en los tipos móviles, llegaría a mediados del siglo XV. Pero ni siquiera los tipos móviles podemos considerarlos como un invento de Gutenberg. Ya que a mediados del siglo XI, un chino llamado Bì Shēng ya los había inventado, siendo estos realizados con arcilla endurecida al fuego.

Fuente: Blog de Richard de Bury

Mis secretos de escritor (Mario Vargas Llosa)



Este es un documento que me envió mi suscripción al grupo Ciudad Seva Cultural, lo he leído y he decidido compartirlo con ustedes...

¡Muchas gracias a la fuente!

Mis secretos de Escritor

Muchas personas me preguntan, y se preguntan ellas mismas, si leer y escribir literatura tiene algún significado en la vida, cuando así, a primera vista, podría parecer un conocimiento teórico, o una simple forma de pasar el tiempo. Pero, en realidad, el ejercicio de la literatura enriquece extraordinariamente la visión del mundo, sobre todo en los lectores de buena literatura, pero también en los escritores. Uno como escritor aprende muchas cosas desarrollando una historia, aprende muchísimo en el campo de la psicología humana.

Ahora, ¿qué pasa cuando uno escribe? Cuando uno escribe, escribe una historia. Y cualquiera que ha escrito una historia sabe que los personajes tienen que actuar de acuerdo con ciertas reglas, que la libertad del escritor para crear esas reglas de conducta es bastante limitada; no puede forzar de una manera arbitraria lo que es la experiencia del lector, porque el lector juzga la literatura en función de su propia experiencia de la vida. Si una historia arrolla arbitrariamente lo que son esos supuestos de la vida –que el lector conoce a través de su propia experiencia –, la reacción es no creer y ese es el gran enemigo de los escritos: la incredulidad de un lector.

Para vencer la incredulidad, para persuadir al lector de que es cierto aquello que se le cuenta, el escritor inventa técnicas literarias, se vale de toda clase de estrategias, de estratagemas, de tretas para ser aceptado, a veces en contra de su experiencia primera de la vida. Ese es un proceso en el que uno va enriqueciendo muchísimo su conocimiento de la psicología humana y la psicología no está disociada, por supuesto, de los otros órdenes de la existencia.

Por otra parte, si hay algunos otros géneros en los cuales la intuición prevalece o puede prevalecer, puede hacerlo de una manera determinante. Hay un género, que es el de la novela, en donde la experiencia y el conocimiento son fundamentales. No hay novelistas precoces, a diferencia de lo que ocurre con la poesía. Hay poetas precoces, es verdad. Rimbaud es un poeta que a los 14 años ya había escrito su obra maestra.

Pero no hay nada comparable en la novela. La novela resulta siempre de una experiencia sedimentada y profunda de la vida, una experiencia que se adquiere viviendo y que se adquiere, sobre todo, leyendo. La mejor manera de adquirir una formación para un escritor es leyendo buena literatura y leyendo inteligentemente, no sólo dejándose hechizar, hipnotizar, subyugar por la magia de un estilo, con la eficacia de una técnica, sino también tratando de averiguar qué hay detrás de esa magia, qué hay detrás de ese hechizo que una buena novela ejerce sobre nosotros.

De allí descubre una complejísima estructura formal, verbal, de orden, de construcción de la historia, y todo eso es un conocimiento que no está disociado de la vida, porque las técnicas, las formas artísticas, resultan siempre de una cierta manera de vivir, de entender el mundo, de tal manera que todo eso es conocimiento. Es un conocimiento que no se puede identificar, necesariamente, con el conocimiento académico, ni siquiera con el conocimiento racional, pero es conocimiento; es por eso que los grandes novelistas y las grandes novelas enriquecen extraordinariamente nuestra comprensión de lo que es el mundo, de lo que es la historia, de lo que es la vida. Yo iría incluso un poquito más lejos: diría que la literatura nos da un conocimiento y una dimensión de la vida que ninguna otra disciplina nos puede dar.

La novela, y la literatura en general, nos dan una descripción de aquello que forma parte también de la vida, sin formar parte de la experiencia objetiva. Nos da una información muy precisa sobre aquello que no existe en realidad, pero que quisiéramos que existiera y que como ésta es una necesidad tan poderosa lo inventamos, lo creamos, convertimos esas ilusiones en ficciones y esas ficciones –que no forman parte de la realidad histórica– sí forman parte de la vida, porque complementan, de alguna manera, nuestra existencia. Esa es una realidad humana que sólo la literatura, a través de esas ficciones que crea, nos revela. Es un tema que, desde luego, habría que desarrollar muy largamente, pero creo que se puede resumir de esta manera: la vida no sólo está hecha de verdades, la vida está hecha también de mentiras y unas mentiras que nos contamos nosotros a nosotros mismos, porque no podemos vivir sólo de verdades. Necesitamos también vivir de ilusiones, de ensoñaciones, de mitos, de unas irrealidades que la literatura vuelve realidad.

Trabajar en varios libros a la vez

Ahora bien, hay veces que a uno le preguntan si es posible que un escritor trabaje en varios libros a la vez.
En mi caso, debo confesar que nunca he podido escribir dos libros a la vez, nunca he podido. Cuando estoy escribiendo una novela estoy escribiendo una novela, cuando estoy escribiendo un ensayo, pues escribo un ensayo. De lunes a sábado trabajo en lo que es el proyecto en el que estoy embarcado, los domingos los dedico al periódico.

Los artículos para el periódico los escribo siempre los días domingo y lo hago porque a mí no me gusta la idea del escritor encerrado en un cuarto de corcho, como Proust. Necesito por lo menos un pie al otro lado del escritorio, en la calle, un pie en la historia haciéndose, la vida viviendo y eso para mí es el periodismo.
Por eso escribo esa columna, es una manera de no despegar de la verdad y estar en un mundo de pura imaginación. Pero la literatura es lo que más me gusta.

La literatura es una pasión para mí fundamental, pero no me gustaría vivir sólo en literatura, como viven algunos escritores y algunos grandes escritores. Yo necesito tener siempre un contacto permanente con esa realidad cambiante, riquísima, terrible, que es la realidad en la que estamos inmersos. Ésa es la realidad que alimenta mi literatura. No es el caso de todos los escritores; hay escritores que viven mucho más en su propia fantasía y llegan incluso a desconectarse de la vida, de su entorno. Para mí, esa es una actitud que no me seduce en absoluto. Puedo perfectamente trabajar en una novela de lunes a sábado y, el domingo, cambiar el registro y escribir sobre un tema de actualidad.

Y aquí llego a un punto crucial para un escritor. ¿Puede la literatura cambiar el mundo? Hago una digresión primero.
Para mí, el periodismo es participar en el debate cívico. Tampoco quiero establecer unas reglas generales, hay extraordinarios escritores que tienen un desprecio infinito por los temas de actualidad, los aburre y los desprecian y eso no les ha impedido escribir obras extraordinariamente importantes. En mi caso, la actualidad es muy importante y necesito constantemente sentirme formando parte de esa actualidad y, sobre todo, sentirme participando en ese debate cívico. Ello tiene que ver con mi formación.

Los poderes de la Literatura

Cuando era estudiante, adolescente, había una idea de la literatura que se había divulgado por el mundo a través de los existencialistas franceses, principalmente Sartre y Camus. Eran intelectuales que nos decían que la literatura no solamente era un arte, sino también un instrumento de acción social, de acción política y que a través de la literatura un escritor podía cambiar la historia. Esta es una frase que nunca he olvidado de Sartre: "Las palabras son actos".

La palabra es acto, y si nosotros queremos ser escritores al mismo tiempo, podemos movilizar el mundo en el que estamos inmersos en determinada dirección, dar determinadas batallas en defensa de determinados principios. Esas son las ideas sobre los poderes de la literatura y las responsabilidades del escritor que ya no están de moda. Hoy día, escritores jóvenes en el mundo miran con mucho escepticismo esa idea, incluso la miran de una manera muy despectiva y muy irónica. Dicen: "Qué vanidosos, creen que con un poema pueden cambiar la historia, ¡qué ilusos!"
Creo que un escritor debe ser menos ambicioso, pero hay que aceptar que la literatura es una forma de entretenimiento, desde luego superior, que puede ser extraordinariamente elaborada, que puede enriquecer extraordinariamente la imaginación y la sensibilidad. Ahora hay un tipo de literatura que es la "literatura light" que está tan de moda, que es una literatura que está hecha sólo para entretener. Para mí, esa es una concepción inaceptable. No fui formado dentro de esa idea. Creo que había una cierta ingenuidad con la idea de que con alguna novela o con algún poema uno podía provocar cambios revolucionarios en la sociedad. Esa idea ya no la creo, pero no creo tampoco que la literatura sea un mero entretenimiento, una mera ilusión que vivimos, y que luego se eclipsa sin dejar ninguna huella. No lo creo, porque mi propia experiencia me dice que no ha sido así, que sin los buenos libros que yo he leído mi vida hubiera sido mucho más pobre, más mediocre, más vulgar de lo que ha sido.

Creo haber comprobado que la literatura sí enriquece extraordinariamente la existencia de las personas, aunque no pueda demostrarse y aunque esa influencia sea escurridiza, invisible, pero deja una huella. Entonces, como creo que la palabra escrita y la literatura sí tienen una influencia –de acuerdo con lo que se llamaba cuando yo era joven el compromiso del escritor–, es que escribo artículos periodísticos.

El futuro de la Literatura

Ahora bien, aquí encajamos con otro debate muy actual y es: cuál va a ser el futuro de la literatura. Es algo sobre lo que existe una cierta incertidumbre, en un mundo de revolución audiovisual. Con la aparición de nuevas tecnologías, ¿qué va a ocurrir con la literatura? ¿La cultura del libro se va a mantener? Hay grandes pensadores, grandes críticos que son muy escépticos sobre el futuro de la literatura, entre ellos George Steiner, quien es uno de los grandes críticos literarios, justamente una de las eminencias que ha producido la cultura del libro. Él cree que la literatura está en un proceso de declinación después de durar poco o mucho, pero que en el futuro el mundo de la literatura va a desaparecer o va a convertirse en un mundo muy minoritario y marginal, porque la cultura va a tener un sesgo fundamentalmente audiovisual.Dice que habrá algo que se llame literatura, la literatura de los ordenadores, de las computadoras, pero que no tendrá esencialmente nada que ver con lo que esencialmente entendemos por literatura.

Bueno, no soy adivino, de tal manera que no sé lo que va a ocurrir,pero creo que esa preocupación está justificada; de hecho, las estadísticas nos dicen que se lee más que antes. Creo que también es cierto que esa estadística es un tanto engañosa, porque quienes leen hoy día dan una cabida mucho más pequeña a la literatura o a los libros en sus vidas, que la que daban los lectores de antaño, aunque esos lectores de antaño fueran minoritarios.

Lo que sí me atrevo a decir es que si la literatura desaparece –o se convierte en una actividad más bien marginal–, en el futuro habrá un gran empobrecimiento de la cultura y de la vida en general, aunque esa vida en sus logros económicos refleje un extraordinario progreso. Creo que la literatura cumple una función que no es reemplazable con los medios audiovisuales, y es el dominio del lenguaje. No hay nada que la reemplace como manera de tomar posesión de una lengua, hablar bien, saber expresarse con coherencia y eficacia. Esto no es sólo dominar una técnica de expresión, significa saber pensar mejor. Quien domina una lengua piensa mejor, es capaz de comunicar con muchos más matices, precisión y exactitud sus experiencias y su conocimiento del mundo.

Por otra parte, la literatura es uno de los pocos denominadores comunes que nos queda en el mundo, donde la especialización avanza de una manera arrolladora. El conocimiento se ha fragmentado, ha ido especializándose y esa es una tendencia que no va a disminuir, sino que va a ampliarse cada vez más, justamente con el enriquecimiento extraordinario de las tecnologías, las ciencias.

Por eso, la literatura es uno de los pocos denominadores comunes que existen. Allí, en la literatura, el ingeniero, el arquitecto, el físico, el químico, el albañil encuentran un terreno común, donde descubren que por debajo de todas esas diferencias hay una unidad profunda, una unidad que tiene que ver con nuestra condición, con nuestros sentimientos, con nuestros sueños, con nuestras pasiones. Nos recuerda que formamos parte de una fraternidad o una comunidad.

Con su desaparición, uno de esos denominadores comunes que mantiene todavía la especie solidaria desaparecería.
Creo que hay muchas otras razones para defender la literatura como algo esencial a la vida humana, pero quiero citar una sola: la literatura es una fuente de rebeldía frente a lo existente, y si desapareciera crearía condiciones para que el mundo fuera infinitamente más conformista, incluso para que la comunidad humana fuera manipulada o esclavizada. Para mí, y en ese sentido, la literatura es uno de los grandes valedores de la libertad humana, porque es una fuente de rebeldía, de actitudes críticas frente a lo existente. La literatura con su sola existencia nos está demostrando que el mundo en el que vivimos no nos basta, que esta realidad tal como es, no es suficiente para colmar nuestras expectativas, nuestros sueños.

Queremos algo más porque como seres humanos estamos hechos de esta curiosa dualidad: una existencia que tiene determinadas posibilidades y una imaginación capaz de ir mucho más allá de esos fines y hacerlos presentir y desear una vida más rica, más profunda, más intensa, más diversa que la que tenemos.

La literatura ha nacido, justamente, de esta dualidad que forma la condición humana: como no podemos tener todas las vidas que quisiéramos tener, porque estamos confinados por la existencia en una sola vida, hemos inventado una manera de tener esas otras vidas que nosotros tenemos y vivirlas de la ilusión. Esa es la literatura. Cuando nosotros regresamos a esa vida pequeña, confinada, limitada que es la vida de la realidad, luego de vivir de esa manera arbitraria que nos hace vivir la literatura, ocurre que miramos nuestro entorno y somos mucho más sensibles y lúcidos respecto a sus imperfecciones, respecto a sus limitaciones para colmarnos.

Comparado con el mundo donde viven El Quijote y Sancho, ¡qué mediocre, qué pobre es este mundo que nos rodea! Bueno, esa comprobación sin necesidad que nos planteemos política o biológicamente nos hace sentir un malestar respecto al mundo en que vivimos. Ese malestar es una rebeldía, es una manera de decir "no", el mundo en el que vivimos es un mundo que está mal hecho, y está mal hecho porque a mí me obliga a ir a buscar en el mundo de la ficción aquello que este mundo no me puede dar.

Creo que si la literatura desaparece o se convierte en una actividad clandestina o de catacumbas esa fuente de desasosiego, de crítica, de rebeldía frente a lo existente quedaría sesgada; y sería mucho más fácil para los poderes esclavizar a los seres humanos, manipularlos, hacerlos actuar y comportarse como si el mundo en el que viven fuera un mundo bien hecho y capaz de satisfacer todos sus anhelos y sueños. Es decir, la libertad quedaría recortada y amenazada. Por eso, hay que defender la literatura y no sólo como esa fuente extraordinaria de placer que es, sino, antes que nada y sobre todo, porque nos da placer, nos hace pasar unos momentos absolutamente maravillosos, compartiendo esas existencias formidables de los personajes de la ficción.

Pero, además, y sobre todo, porque nos enriquece y, de alguna manera, nos hace grandes y nos hace movilizadores del cambio. Para que el mundo cambie tiene que haber un descontento, conciencia clara de que el mundo tal como es no es suficiente, no es bastante para lo que nosotros queremos y aspiramos. De esta actitud nace el progreso, y para que esta actitud se mantenga y sea viva, la literatura es indispensable. Por eso, la literatura de ninguna manera debe ser una especialidad.

La literatura es un denominador común, se hace para todos y si se aparta del común, entonces pierde su razón de ser y se convierte en una caricatura de lo que ha sido siempre.

Los escritores y la Literatura “nacional”

Hay otro punto al que me quiero referir y es al hecho de que en muchos países a veces se debate, en forma que para mí no tiene sentido, sobre si hay que hacer obligatoria la lectura de los autores nacionales. Y voy a decir esto:
Yo siempre he leído por placer. Cuando era estudiante universitario tenía que leer muchas veces por obligación, pero ya no lo hago. Leo exclusivamente por placer y jamás creo haber leído por consideración de tipo nacionalista, por ejemplo. No porque soy peruano tengo que leer a los escritores peruanos. Eso me parece una aberración terrible.

En primer lugar, el nacionalismo me parece ya una aberración, pero el nacionalismo aplicado a la cultura me parece la peor de las aberraciones, lo que más puede distorsionar el criterio de las personas. Leo por placer, leo aquello que me seduce, que me interesa. Cuando sé que hay un libro que es interesante o que, de alguna manera, toca mi interés, procuro leerlo. Me pasa algo y lo digo ahora con mucha nostalgia: he descubierto algo que generalmente los jóvenes no descubren, felizmente para ellos. Y es que no se pueden leer todos los libros.

Cuando yo tenía quince años creía que podía leer todos los libros; maravillosa inocencia. Y después pasan los años y uno descubre que no puede leer todos los libros, y lo descubre cuando los libros van creciendo y uno empieza a seleccionar los indispensables; y luego descubre que los libros indispensables van creciendo y que las horas que uno tiene para leer van disminuyendo; y que entonces debe ser muy estricto y muy riguroso con sus lecturas, si no quiere perder el tiempo.

Dicho esto, puedo decir también que no solo leo literatura, sino que dedico mucho tiempo a leer cosas relacionadas con mi trabajo. Por ejemplo, para escribir el libro sobre Flora Tristán y Paul Gauguin, leí muchísimos libros sobre utopías del siglo XIX, sobre lo que era la vida política, cultural, ideológica, artística en Francia en el siglo XIX. Porque si no, es difícil entender lo que eran Flora Tristán y Paul Gauguin. Son lecturas, además, que me resultan muy apasionantes porque me van dando materiales para mi propio trabajo, pero claro, eso me limita el tiempo. Tengo que leer por el puro placer, como el lector puro.

Y claro que leo a los autores peruanos que son interesantes; a Bryce lo he leído, he leído mucho a Julio Ramón Ribeyro. Julio Ramón Ribeyro era un poquito mayor que yo, pero más o menos se podría decir que formábamos parte de la misma generación y entonces a los de su misma generación uno siempre los lee, los sigue de cerca porque aprende mucho de ellos y es una manera de leerse a sí mismo.

Yo me atrevería a aconsejar a los jóvenes; no se debe dar consejos a los jóvenes,
entre otras cosas porque no hacen caso a los consejos de los viejos y hacen bien, naturalmente hacen bien, pero de todas maneras me atrevería a darles un consejo: no hay que leer literatura poniendo esa perspectiva de por medio, el Perú, lo peruano, lo ecuatoriano y el Ecuador porque ese es un criterio que desnaturaliza profundamente la obra literaria. Hay un crítico muy divertido, desgraciadamente ya no está entre nosotros, José Durán, que tenía una fórmula que era mortal para criticar a los escritores peruanos que no le gustaban. Decía: "Para ser escritor peruano, está bien".

Ningún escritor debe aceptar ese tipo de argumentaciones, no se trata de ser un buen escritor peruano, o colombiano, o mexicano, se trata de ser un buen escritor, un buen poeta, un buen novelista y hay que fijarse los topes más altos a la hora de escribir. Se trata de ser un buen escritor, y a la hora de escribir volcarse entero y fijarse esos topes que nos llevan a una autocrítica tremenda, a una autocrítica feroz. No hacer concesiones, mucho menos en función de nuestro entorno, porque quien escribe haciendo ese tipo de concesiones irremediablemente va a escribir mal; hay que fijarse topes muy altos, volcarse entero en el trabajo como si quien nos fuera a leer, fueran a ser los lectores más cultos, exigentes y rigurosos del mundo.

Yo tuve la fortuna de trabajar cinco años, cuando era estudiante universitario de San Marcos, con Raúl Porras Barrenechea, un historiador al que yo le debo muchísimas cosas. Un hombre realmente extraordinario; y unas de las cosas que le debo a Raúl Porras Barrenechea es esa actitud frente a su propio trabajo. Él preparaba sus clases en San Marcos como si los estudiantes que iban a escucharlas fueran los estudiantes más cultos, más intransigentes en materia de historia del mundo.

Entonces este señor –que llevaba varios años enseñando y sabía tanto de la historia del Perú, sobre todo del Descubrimiento y la Conquista–, seguía en su vejez preparando sus clases como el profesor que va dar su primera clase, lleno de temor; verificaba sus fichas, comprobaba la certeza de sus datos y era porque tenía una altísima visión de lo que era su propio oficio y su propia vocación. Su tope no era ser tan bueno o mejor que Luis Alberto Sánchez, o que Valcárcel, o que Basadre. Su tope era ser un gran historiador.

Esa es la actitud que creo debe tener el joven o la muchacha que escribe, que compone. El joven que descubre la pintura, la música, debe fijarse las metas más amplias y exigirse, y criticarse y autocriticarse y no hacer concesiones consigo mismo. Esa actitud es fundamental para acertar a la hora de escribir.

¿Cuál es el proceso creativo de sus libros?

Veamos ahora cómo es que empiezo y cómo creo mis personajes. Digamos que el proceso que está detrás de cada libro que he escrito –me refiero sobre todo a los libros de creación, no a los ensayos–, siempre ha tenido un punto de partida bastante misterioso, porque nunca ha sido algo deliberado.

Nunca he elegido con toda frialdad, de una manera puramente racional, escribir una novela, una obra de teatro, o un cuento sobre determinado tema. He escrito las historias que he escrito porque algo me ha pasado, algo que, por alguna razón, para mí oscura, ha dejado en mi memoria imágenes que a los pocos días, a las pocas semanas y a veces bastante tiempo después, se convierten en un fermento para la fantasía.

Generalmente cuando digo "bueno, esta es una historia sobre la que yo debería escribir", he estado ya trabajando sin darme cuenta en esa historia, siempre a partir de experiencias vividas, una persona que conocí, algo que oí, a veces algo que leí; algo que deja imágenes que se convierten, poco a poco, en un gran estímulo para fantasear alrededor de ellas, para ir creando alrededor, como el embrión de una historia.

Cuando me decido a tomar notas, empiezo a trabajar haciendo algunas trayectorias anecdóticas, haciendo fichas sobre posibles personajes, y es que en realidad, sin darme cuenta, ya he estado trabajando. Todas las historias que he escrito han tenido es comienzo. No quiero decir con esto que todo lo que he escrito es autobiográfico, no. Ese es siempre el punto de partida y luego, lógicamente, a esas imágenes que sí tienen una raíz autobiográfica, se añaden muchas otras que son obra de la invención.

Una cosa que es fascinante para mí es que esas imágenes que desencadenan ese proceso creativo atraen otras. Me ha pasado, por ejemplo, que hace muchísimos años, viendo un libro de historia del anarquismo español, leí que un grupo anarquista de Barcelona – cuando el anarquismo tuvo mucho auge, en el siglo XIX–, había quedado fascinado con las teorías de Franz Joseph Gall; había inventado la frenología, una seudo ciencia bastante popular en el siglo XIX, según la cual en los huesos de la cabeza estaba representada el alma, la psiquis de la personalidad.

Se concluía que, auscultando los huesos de la cabeza, podían determinar perfectamente la psicología, la personalidad y en cierta forma el destino, la historia de las personas. Este grupo de anarquistas catalanes pensó que la frenología era la fundamentación científica de materialismo. Entonces ellos asumieron la frenología como parte de su ideología y se convirtieron en anarquistas frenólogos.

Esta historia me fascinó e inmediatamente me sugirió la idea de un personaje, un anarquista frenólogo. Ahora, si yo escribía en esa época novelas contemporáneas situadas en el Perú ¿cómo metía en una historia peruana contemporánea a un anarquista frenólogo? Era absolutamente írrito al mundo que era mi mundo literario. Entonces me quedé con la preocupación de que a este personaje yo no tenía, simplemente, dónde ponerlo.

Bastante tiempo después leí un libro maravilloso de un escritor brasileño que trata de explicarse las razones de una guerra civil que causó estragos en el noreste brasileño en el interior de Bahía, a fines del siglo XIX. A mí ese libro me fascinó tanto que me sugirió la idea de una novela de estirpe histórica situada en esa época y cuando empecé a escribirla, de pronto la vieja idea que ya creía enterrada y olvidada del anarquista frenólogo, resucitó.

¿Por qué resucitó? Yo tenía allí, como almacenado en la memoria sin saber dónde meterlo, hasta que empecé a escribir "La guerra del fin del mundo". Esto me pasa constantemente con las novelas que escribo: me embarco en un proyecto a partir de una experiencia que resulta enormemente estimulante para la imaginación y en este proceso de pronto van reapareciendo viejos estímulos, viejos proyectos enterrados en el fondo de la memoria, porque en este proceso –que es muy fascinante y que no es un proceso que yo acabe de entender en términos racionales– tengo la impresión de convertirme en una especie de caníbal, de persona que utiliza todo, se vale de todo lo que tiene allí en su imaginación o a su alrededor para ir amoblando, enriqueciendo esa historia en la que estoy trabajando.

Lo único que tengo más o menos claro es la historia que quiero contar y nada más. Yo sé que una historia no es solamente una historia. Una historia transpira luego todo tipo de ideas, de valores o desvalores. Pienso que si uno quiere transmitir un mensaje cultural, o de tipo ideológico, de tipo político, religioso, lo mejor es que escriba un ensayo y no que se valga de una ficción como vehículo para determinadas convicciones. Generalmente, las obras literarias que pretenden servirse de la ficción como un instrumento para la propagación de determinadas verdades son muy malas obras literarias, porque no hay en ellas esa libertad que un lector exige siempre de los personajes de una historia. Si un personaje no es libre, si un personaje aparece como el muñeco de un titiritero al que el autor va utilizando o manipulando para que predique, para que haga apostolado a favor de determinada causa, pues se siente que ese personaje no es libre, que ese personaje es un mero testaferro; y si ese personaje no es libre, pues no me inspira ninguna credibilidad su manera de actuar.

Es fundamental que los personajes de una historia sean libres o le parezcan libres a un lector. Creo que el autor debe tratar a los personajes con el máximo respeto y luego de crearlos aceptar que esas criaturas son ya soberanas e independientes, que no se puede forzarlas a actuar de una manera írrita a su propia personalidad, a su propia constitución cultural, anímica o biológica. Esa espontaneidad es uno de los ingredientes fundamentales para que una historia y unos personajes tengan poder de persuasión, que es lo que hace que ciertas obras literarias les parezcan la encarnación misma de la vida y otras parezcan, más bien, palabra muerta.

Por Mario Vargas Llosa

martes, agosto 17, 2010

Club de lectura: Agosto.

De los dos clubs de lectura en los que estoy, quiero compartirles los libros que estoy leyendo (o, como ya tengo más actividades agendadas en mi horario, los que intento leer):

- Las intermitencias de la muerte (Jose Saramago):



En un país cuyo nombre no será mencionado se produce algo nunca visto desde el principio del mundo: la muerte decide suspender su trabajo letal, la gente deja de morir. La euforia colectiva se desata, pero muy pronto dará paso a la desesperación y al caos. Sobran los motivos. Si es cierto que las personas ya no mueren, eso no significa que el tiempo haya parado. El destino de los humanos será una vejez eterna. Se buscarán maneras de forzar a la muerte a matar aunque no lo quiera, se corromperán las conciencias en los "acuerdos de caballeros" explícitos o tácitos entre el poder político, las mafias y las familias; los ancianos serán detestados por haberse convertido en estorbos irremovibles. Hasta el día en que la muerte decide volver... Arrancando una vez más de una proposición contraria a la evidencia de los hechos corrientes, José Saramago desarrolla una narrativa de gran fecundidad literaria, social y filosófica que sitúa en el centro la perplejidad del hombre ante la impostergable finitud de la existencia. Parábola de la corta distancia que separa lo efímero y lo eterno, "Las intermitencias de la muerte" bien podría terminar tal como empieza: "Al día siguiente no murió nadie".

- Delirio (Laura Restrepo):



«Todos los secretos están guardados en un mismo cajón, el cajón de los secretos, y si develas uno, corres el riesgo de que pase lo mismo con los demás.»

Un hombre regresa a casa después de un corto viaje de negocios y encuentra que su esposa ha enloquecido completamente. No tiene idea de qué le pudo haber ocurrido durante los tres días de su ausencia, y con el fin de ayudarla a salir de la crisis empieza a investigar, sólo para descubrir lo poco que sabe sobre las profundas perturbaciones escondidas en el pasado de la mujer que ama.

Narrada con talento y emoción, la historia principal de esta novela se fragmenta en otras que se anudan a través de personajes llenos de matices. La autora muestra en esta obra una energía narrativa fuera de lo común, en donde el suspense se mantiene hasta un final esperanzador que cierra una hermosa novela, bien construida, mejor contada y brillantemente desarrollada.

sábado, agosto 14, 2010

El Príncipe feliz (Oscar Wilde)

De niña, recuerdo que tenía una enciclopedia de cuentos infantiles, los cuales, me iniciaron en el hermoso mundo de la lectura, recuerdo que, en ese mismo tomo, encontre este cuento, sin embargo, no sabía que era de Oscar Wilde, disfrútenlo:

El príncipe feliz
[Cuento. Texto completo]
Oscar Wilde



En la parte más alta de la ciudad, sobre una columnita, se alzaba la estatua del Príncipe Feliz.

Estaba toda revestida de madreselva de oro fino. Tenía, a guisa de ojos, dos centelleantes zafiros y un gran rubí rojo ardía en el puño de su espada.

Por todo lo cual era muy admirada.

-Es tan hermoso como una veleta -observó uno de los miembros del Concejo que deseaba granjearse una reputación de conocedor en el arte-. Ahora, que no es tan útil -añadió, temiendo que le tomaran por un hombre poco práctico.

Y realmente no lo era.

-¿Por qué no eres como el Príncipe Feliz? -preguntaba una madre cariñosa a su hijito, que pedía la luna-. El Príncipe Feliz no hubiera pensado nunca en pedir nada a voz en grito.

-Me hace dichoso ver que hay en el mundo alguien que es completamente feliz -murmuraba un hombre fracasado, contemplando la estatua maravillosa.

-Verdaderamente parece un ángel -decían los niños hospicianos al salir de la catedral, vestidos con sus soberbias capas escarlatas y sus bonitas chaquetas blancas.

-¿En qué lo conocéis -replicaba el profesor de matemáticas- si no habéis visto uno nunca?

-¡Oh! Los hemos visto en sueños -respondieron los niños.

Y el profesor de matemáticas fruncía las cejas, adoptando un severo aspecto, porque no podía aprobar que unos niños se permitiesen soñar.

Una noche voló una golondrinita sin descanso hacia la ciudad.

Seis semanas antes habían partido sus amigas para Egipto; pero ella se quedó atrás.

Estaba enamorada del más hermoso de los juncos. Lo encontró al comienzo de la primavera, cuando volaba sobre el río persiguiendo a una gran mariposa amarilla, y su talle esbelto la atrajo de tal modo, que se detuvo para hablarle.

-¿Quieres que te ame? -dijo la Golondrina, que no se andaba nunca con rodeos.

Y el Junco le hizo un profundo saludo.

Entonces la Golondrina revoloteó a su alrededor rozando el agua con sus alas y trazando estelas de plata.

Era su manera de hacer la corte. Y así transcurrió todo el verano.

-Es un enamoramiento ridículo -gorjeaban las otras golondrinas-. Ese Junco es un pobretón y tiene realmente demasiada familia.

Y en efecto, el río estaba todo cubierto de juncos.

Cuando llegó el otoño, todas las golondrinas emprendieron el vuelo.

Una vez que se fueron sus amigas, sintióse muy sola y empezó a cansarse de su amante.

-No sabe hablar -decía ella-. Y además temo que sea inconstante porque coquetea sin cesar con la brisa.

Y realmente, cuantas veces soplaba la brisa, el Junco multiplicaba sus más graciosas reverencias.

-Veo que es muy casero -murmuraba la Golondrina-. A mí me gustan los viajes. Por lo tanto, al que me ame, le debe gustar viajar conmigo.

-¿Quieres seguirme? -preguntó por último la Golondrina al Junco.

Pero el Junco movió la cabeza. Estaba demasiado atado a su hogar.

-¡Te has burlado de mí! -le gritó la Golondrina-. Me marcho a las Pirámides. ¡Adiós!

Y la Golondrina se fue.

Voló durante todo el día y al caer la noche llegó a la ciudad.

-¿Dónde buscaré un abrigo? -se dijo-. Supongo que la ciudad habrá hecho preparativos para recibirme.

Entonces divisó la estatua sobre la columnita.

-Voy a cobijarme allí -gritó- El sitio es bonito. Hay mucho aire fresco.

Y se dejó caer precisamente entre los pies del Príncipe Feliz.

-Tengo una habitación dorada -se dijo quedamente, después de mirar en torno suyo.

Y se dispuso a dormir.

Pero al ir a colocar su cabeza bajo el ala, he aquí que le cayó encima una pesada gota de agua.

-¡Qué curioso! -exclamó-. No hay una sola nube en el cielo, las estrellas están claras y brillantes, ¡y sin embargo llueve! El clima del norte de Europa es verdaderamente extraño. Al Junco le gustaba la lluvia; pero en él era puro egoísmo.

Entonces cayó una nueva gota.

-¿Para qué sirve una estatua si no resguarda de la lluvia? -dijo la Golondrina-. Voy a buscar un buen copete de chimenea.

Y se dispuso a volar más lejos. Pero antes de que abriese las alas, cayó una tercera gota.

La Golondrina miró hacia arriba y vio... ¡Ah, lo que vio!

Los ojos del Príncipe Feliz estaban arrasados de lágrimas, que corrían sobre sus mejillas de oro.

Su faz era tan bella a la luz de la luna, que la Golondrinita sintióse llena de piedad.

-¿Quién sois? -dijo.

-Soy el Príncipe Feliz.

-Entonces, ¿por qué lloriqueáis de ese modo? -preguntó la Golondrina-. Me habéis empapado casi.

-Cuando estaba yo vivo y tenía un corazón de hombre -repitió la estatua-, no sabía lo que eran las lágrimas porque vivía en el Palacio de la Despreocupación, en el que no se permite la entrada al dolor. Durante el día jugaba con mis compañeros en el jardín y por la noche bailaba en el gran salón. Alrededor del jardín se alzaba una muralla altísima, pero nunca me preocupó lo que había detrás de ella, pues todo cuanto me rodeaba era hermosísimo. Mis cortesanos me llamaban el Príncipe Feliz y, realmente, era yo feliz, si es que el placer es la felicidad. Así viví y así morí y ahora que estoy muerto me han elevado tanto, que puedo ver todas las fealdades y todas las miserias de mi ciudad, y aunque mi corazón sea de plomo, no me queda más recurso que llorar.

«¡Cómo! ¿No es de oro de buena ley?», pensó la Golondrina para sus adentros, pues estaba demasiado bien educada para hacer ninguna observación en voz alta sobre las personas.

-Allí abajo -continuó la estatua con su voz baja y musical-, allí abajo, en una callejuela, hay una pobre vivienda. Una de sus ventanas está abierta y por ella puedo ver a una mujer sentada ante una mesa. Su rostro está enflaquecido y ajado. Tiene las manos hinchadas y enrojecidas, llenas de pinchazos de la aguja, porque es costurera. Borda pasionarias sobre un vestido de raso que debe lucir, en el próximo baile de corte, la más bella de las damas de honor de la Reina. Sobre un lecho, en el rincón del cuarto, yace su hijito enfermo. Tiene fiebre y pide naranjas. Su madre no puede darle más que agua del río. Por eso llora. Golondrina, Golondrinita, ¿no quieres llevarle el rubí del puño de mi espada? Mis pies están sujetos al pedestal, y no me puedo mover.

-Me esperan en Egipto -respondió la Golondrina-. Mis amigas revolotean de aquí para allá sobre el Nilo y charlan con los grandes lotos. Pronto irán a dormir al sepulcro del Gran Rey. El mismo Rey está allí en su caja de madera, envuelto en una tela amarilla y embalsamado con sustancias aromáticas. Tiene una cadena de jade verde pálido alrededor del cuello y sus manos son como unas hojas secas.

-Golondrina, Golondrina, Golondrinita - dijo el Príncipe-, ¿no te quedarás conmigo una noche y serás mi mensajera? ¡Tiene tanta sed el niño y tanta tristeza la madre!

-No creo que me agraden los niños -contestó la Golondrina-. El invierno último, cuando vivía yo a orillas del río, dos muchachos mal educados, los hijos del molinero, no paraban un momento en tirarme piedras. Claro es que no me alcanzaban. Nosotras las golondrinas volamos demasiado bien para eso y además yo pertenezco a una familia célebre por su agilidad; mas, a pesar de todo, era una falta de respeto.

Pero la mirada del Príncipe Feliz era tan triste que la Golondrinita se quedó apenada.

-Mucho frío hace aquí -le dijo-; pero me quedaré una noche con vos y seré vuestra mensajera.

-Gracias, Golondrinita -respondió el Príncipe.

Entonces la Golondrinita arrancó el gran rubí de la espada del Príncipe y, llevándolo en el pico, voló sobre los tejados de la ciudad.

Pasó sobre la torre de la catedral, donde había unos ángeles esculpidos en mármol blanco.

Pasó sobre el palacio real y oyó la música de baile.

Una bella muchacha apareció en el balcón con su novio.

-¡Qué hermosas son las estrellas -la dijo- y qué poderosa es la fuerza del amor!

-Querría que mi vestido estuviese acabado para el baile oficial -respondió ella-. He mandado bordar en él unas pasionarias ¡pero son tan perezosas las costureras!

Pasó sobre el río y vio los fanales colgados en los mástiles de los barcos. Pasó sobre el gueto y vio a los judíos viejos negociando entre ellos y pesando monedas en balanzas de cobre.

Al fin llegó a la pobre vivienda y echó un vistazo dentro. El niño se agitaba febrilmente en su camita y su madre habíase quedado dormida de cansancio.

La Golondrina saltó a la habitación y puso el gran rubí en la mesa, sobre el dedal de la costurera. Luego revoloteó suavemente alrededor del lecho, abanicando con sus alas la cara del niño.

-¡Qué fresco más dulce siento! -murmuró el niño-. Debo estar mejor.

Y cayó en un delicioso sueño.

Entonces la Golondrina se dirigió a todo vuelo hacia el Príncipe Feliz y le contó lo que había hecho.

-Es curioso -observa ella-, pero ahora casi siento calor, y sin embargo, hace mucho frío.

Y la Golondrinita empezó a reflexionar y entonces se durmió. Cuantas veces reflexionaba se dormía.

Al despuntar el alba voló hacia el río y tomó un baño.

-¡Notable fenómeno! -exclamó el profesor de ornitología que pasaba por el puente-. ¡Una golondrina en invierno!

Y escribió sobre aquel tema una larga carta a un periódico local.

Todo el mundo la citó. ¡Estaba plagada de palabras que no se podían comprender!...

-Esta noche parto para Egipto -se decía la Golondrina.

Y sólo de pensarlo se ponía muy alegre.

Visitó todos los monumentos públicos y descansó un gran rato sobre la punta del campanario de la iglesia.

Por todas parte adonde iba piaban los gorriones, diciéndose unos a otros:

-¡Qué extranjera más distinguida!

Y esto la llenaba de gozo. Al salir la luna volvió a todo vuelo hacia el Príncipe Feliz.

-¿Tenéis algún encargo para Egipto? -le gritó-. Voy a emprender la marcha.

-Golondrina, Golondrina, Golondrinita -dijo el Príncipe-, ¿no te quedarás otra noche conmigo?

-Me esperan en Egipto -respondió la Golondrina-. Mañana mis amigas volarán hacia la segunda catarata. Allí el hipopótamo se acuesta entre los juncos y el dios Memnón se alza sobre un gran trono de granito. Acecha a las estrellas durante la noche y cuando brilla Venus, lanza un grito de alegría y luego calla. A mediodía, los rojizos leones bajan a beber a la orilla del río. Sus ojos son verdes aguamarinas y sus rugidos más atronadores que los rugidos de la catarata.

-Golondrina, Golondrina, Golondrinita -dijo el Príncipe-, allá abajo, al otro lado de la ciudad, veo a un joven en una buhardilla. Está inclinado sobre una mesa cubierta de papeles y en un vaso a su lado hay un ramo de violetas marchitas. Su pelo es negro y rizoso y sus labios rojos como granos de granada. Tiene unos grandes ojos soñadores. Se esfuerza en terminar una obra para el director del teatro, pero siente demasiado frío para escribir más. No hay fuego ninguno en el aposento y el hambre le ha rendido.

-Me quedaré otra noche con vos -dijo la Golondrina, que tenía realmente buen corazón-. ¿Debo llevarle otro rubí?

-¡Ay! No tengo más rubíes -dijo el Príncipe-. Mis ojos es lo único que me queda. Son unos zafiros extraordinarios traídos de la India hace un millar de años. Arranca uno de ellos y llévaselo. Lo venderá a un joyero, se comprará alimento y combustible y concluirá su obra.

-Amado Príncipe -dijo la Golondrina-, no puedo hacer eso.

Y se puso a llorar.

-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -dijo el Príncipe-. Haz lo que te pido.

Entonces la Golondrina arrancó el ojo del Príncipe y voló hacia la buhardilla del estudiante. Era fácil penetrar en ella porque había un agujero en el techo. La Golondrina entró por él como una flecha y se encontró en la habitación.

El joven tenía la cabeza hundida en las manos. No oyó el aleteo del pájaro y cuando levantó la cabeza, vio el hermoso zafiro colocado sobre las violetas marchitas.

-Empiezo a ser estimado -exclamó-. Esto proviene de algún rico admirador. Ahora ya puedo terminar la obra.

Y parecía completamente feliz.

Al día siguiente la Golondrina voló hacia el puerto.

Descansó sobre el mástil de un gran navío y contempló a los marineros que sacaban enormes cajas de la cala tirando de unos cabos.

-¡Ah, iza! -gritaban a cada caja que llegaba al puente.

-¡Me voy a Egipto! -les gritó la Golondrina.

Pero nadie le hizo caso, y al salir la luna, volvió hacia el Príncipe Feliz.

-He venido para deciros adiós -le dijo.

-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -exclamó el Príncipe-. ¿No te quedarás conmigo una noche más?

-Es invierno -replicó la Golondrina- y pronto estará aquí la nieve glacial. En Egipto calienta el sol sobre las palmeras verdes. Los cocodrilos, acostados en el barro, miran perezosamente a los árboles, a orillas del río. Mis compañeras construyen nidos en el templo de Baalbeck. Las palomas rosadas y blancas las siguen con los ojos y se arrullan. Amado Príncipe, tengo que dejaros, pero no os olvidaré nunca y la primavera próxima os traeré de allá dos bellas piedras preciosas con que sustituir las que disteis. El rubí será más rojo que una rosa roja y el zafiro será tan azul como el océano.

-Allá abajo, en la plazoleta -contestó el Príncipe Feliz-, tiene su puesto una niña vendedora de cerillas. Se le han caído las cerillas al arroyo, estropeándose todas. Su padre le pegará si no lleva algún dinero a casa, y está llorando. No tiene ni medias ni zapatos y lleva la cabecita al descubierto. Arráncame el otro ojo, dáselo y su padre no le pegará.

-Pasaré otra noche con vos -dijo la Golondrina-, pero no puedo arrancaros el ojo porque entonces os quedaríais ciego del todo.

-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -dijo el Príncipe-. Haz lo que te mando.

Entonces la Golondrina volvió de nuevo hacia el Príncipe y emprendió el vuelo llevándoselo.

Se posó sobre el hombro de la vendedorcita de cerillas y deslizó la joya en la palma de su mano.

-¡Qué bonito pedazo de cristal! -exclamó la niña, y corrió a su casa muy alegre.

Entonces la Golondrina volvió de nuevo hacia el Príncipe.

- Ahora estáis ciego. Por eso me quedaré con vos para siempre.

-No, Golondrinita -dijo el pobre Príncipe-. Tienes que ir a Egipto.

-Me quedaré con vos para siempre -dijo la Golondrina.

Y se durmió entre los pies del Príncipe. Al día siguiente se colocó sobre el hombro del Príncipe y le refirió lo que habla visto en países extraños.

Le habló de los ibis rojos que se sitúan en largas filas a orillas del Nilo y pescan a picotazos peces de oro; de la esfinge, que es tan vieja como el mundo, vive en el desierto y lo sabe todo; de los mercaderes que caminan lentamente junto a sus camellos, pasando las cuentas de unos rosarios de ámbar en sus manos; del rey de las montañas de la Luna, que es negro como el ébano y que adora un gran bloque de cristal; de la gran serpiente verde que duerme en una palmera y a la cual están encargados de alimentar con pastelitos de miel veinte sacerdotes; y de los pigmeos que navegan por un gran lago sobre anchas hojas aplastadas y están siempre en guerra con las mariposas.

-Querida Golondrinita -dijo el Príncipe-, me cuentas cosas maravillosas, pero más maravilloso aún es lo que soportan los hombres y las mujeres. No hay misterio más grande que la miseria. Vuela por mi ciudad, Golondrinita, y dime lo que veas.

Entonces la Golondrinita voló por la gran ciudad y vio a los ricos que se festejaban en sus magníficos palacios, mientras los mendigos estaban sentados a sus puertas.

Voló por los barrios sombríos y vio las pálidas caras de los niños que se morían de hambre, mirando con apatía las calles negras.

Bajo los arcos de un puente estaban acostados dos niñitos abrazados uno a otro para calentarse.

-¡Qué hambre tenemos! -decían.

-¡No se puede estar tumbado aquí! -les gritó un guardia.

Y se alejaron bajo la lluvia.

Entonces la Golondrina reanudó su vuelo y fue a contar al Príncipe lo que había visto.

-Estoy cubierto de oro fino -dijo el Príncipe-; despréndelo hoja por hoja y dáselo a mis pobres. Los hombres creen siempre que el oro puede hacerlos felices.

Hoja por hoja arrancó la Golondrina el oro fino hasta que el Príncipe Feliz se quedó sin brillo ni belleza.

Hoja por hoja lo distribuyó entre los pobres, y las caritas de los niños se tornaron nuevamente sonrosadas y rieron y jugaron por la calle.

-¡Ya tenemos pan! -gritaban.

Entonces llegó la nieve y después de la nieve el hielo.

Las calles parecían empedradas de plata por lo que brillaban y relucían.

Largos carámbanos, semejantes a puñales de cristal, pendían de los tejados de las casas. Todo el mundo se cubría de pieles y los niños llevaban gorritos rojos y patinaban sobre el hielo.

La pobre Golondrina tenía frío, cada vez más frío, pero no quería abandonar al Príncipe: le amaba demasiado para hacerlo.

Picoteaba las migas a la puerta del panadero cuando éste no la veía, e intentaba calentarse batiendo las alas.

Pero, al fin, sintió que iba a morir. No tuvo fuerzas más que para volar una vez más sobre el hombro del Príncipe.

-¡Adiós, amado Príncipe! -murmuró-. Permitid que os bese la mano.

-Me da mucha alegría que partas por fin para Egipto, Golondrina -dijo el Príncipe-. Has permanecido aquí demasiado tiempo. Pero tienes que besarme en los labios porque te amo.

-No es a Egipto adonde voy a ir -dijo la Golondrina-. Voy a ir a la morada de la Muerte. La Muerte es hermana del Sueño, ¿verdad?

Y besando al Príncipe Feliz en los labios, cayó muerta a sus pies.

En el mismo instante sonó un extraño crujido en el interior de la estatua, como si se hubiera roto algo.

El hecho es que la coraza de plomo se habla partido en dos. Realmente hacia un frío terrible.

A la mañana siguiente, muy temprano, el alcalde se paseaba por la plazoleta con dos concejales de la ciudad.

Al pasar junto al pedestal, levantó sus ojos hacia la estatua.

-¡Dios mío! -exclamó-. ¡Qué andrajoso parece el Príncipe Feliz!

-¡Sí, está verdaderamente andrajoso! -dijeron los concejales de la ciudad, que eran siempre de la opinión del alcalde.

Y levantaron ellos mismos la cabeza para mirar la estatua.

-El rubí de su espada se ha caído y ya no tiene ojos, ni es dorado -dijo el alcalde- En resumidas cuentas, que está lo mismo que un pordiosero.

-¡Lo mismo que un pordiosero! -repitieron a coro los concejales.

-Y tiene a sus pies un pájaro muerto -prosiguió el alcalde-. Realmente habrá que promulgar un bando prohibiendo a los pájaros que mueran aquí.

Y el secretario del Ayuntamiento tomó nota para aquella idea.

Entonces fue derribada la estatua del Príncipe Feliz.

-¡Al no ser ya bello, de nada sirve! -dijo el profesor de estética de la Universidad.

Entonces fundieron la estatua en un horno y el alcalde reunió al Concejo en sesión para decidir lo que debía hacerse con el metal.

-Podríamos -propuso- hacer otra estatua. La mía, por ejemplo.

-O la mía -dijo cada uno de los concejales.

Y acabaron disputando.

-¡Qué cosa más rara! -dijo el oficial primero de la fundición-. Este corazón de plomo no quiere fundirse en el horno; habrá que tirarlo como desecho.

Los fundidores lo arrojaron al montón de basura en que yacía la golondrina muerta.

-Tráeme las dos cosas más preciosas de la ciudad -dijo Dios a uno de sus ángeles.

Y el ángel se llevó el corazón de plomo y el pájaro muerto.

-Has elegido bien -dijo Dios-. En mi jardín del Paraíso este pajarillo cantará eternamente, y en mi ciudad de oro el Príncipe Feliz repetirá mis alabanzas.

FIN.

Espero que les haya gustado, me llegó gracias a una suscripción por mail, un beso, ¡Bye!

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